No más bolsas plásticas gratis, Sí a la venta de las biodegradables y reutilizables

A partir del 20 de julio del 2019, entró en vigencia la Ley 1 de 19 de enero del 2018, que en su primer Artículo prohíbe de hecho el uso de bolsas plásticas que le entregaban de forma gratis a todos los consumidores en los supermercados y demás establecimientos comerciales del país. Bajo el compromiso de cumplir con la “responsabilidad” de proteger el medio ambiente de la excesiva contaminación de estas bolsas de polietileno en los mares, ríos, playas, etc., que desde hace mucho vienen ocasionando graves daños al medio ambiente.

A pesar que los medios masivos de comunicación, amparándose en su “responsabilidad social”, han hecho todo un despliegue informativo y de campaña con este tema, vale la pena hacer algunas aportaciones sobre el tema, en el marco del respeto, el debate y de las ideas.

En primer lugar, quiero expresar que soy un defensor de la naturaleza y por ende de toda la belleza que aún nos queda en toda la geografía (mar, costas, bosques, montañas y ríos), del país. Sin embargo, creo necesario hacer algunas reflexiones y aportaciones críticas sobre lo establecido en la Ley 1 de 19 de enero 2019 y sobre lo que se está evidenciando en la práctica en cada uno de los comercios, una vez entrada en vigencia este Decreto de la Asamblea Nacional.

Si analizamos brevemente el contenido de la Ley, encontraremos que en su Artículo 3, dice “Esta Ley no será aplicable cuando por cuestiones de asepsia las bolsas de polietileno deban ser utilizadas para contener alimentos o insumos húmedos elaborados o preelaborados y no resulte factible la utilización de un sustituto compatible con la minimización del impacto ambiental”. Artículo que a nuestro entender, deja una ventana abierta y sin restricción o sanción alguna, a las empresas e industrias que continúen produciendo envases, viandas, botellas, bolsas y cualquier cantidad de artículos plásticos, que aunque sean garantes de la (ausencia de gérmenes que puedan provocar una infección), siguen siendo igualmente contaminantes y dañinos al planeta.

Si revisamos bien, parte del Artículo 6 de esta Ley, expresa que “Los comerciantes podrán optar por el cobro o no de las bolsas reutilizables. En caso de que decidan cobrarlas a los consumidores, la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia fiscalizará que sean cobradas a precios de costo…”. Esto en efecto ha permitido que los empresarios y dueños de los establecimientos comerciales del país puedan vender a precios diversos, no solo las denominadas bolsas reutilizables; sino también las nuevas bolsas plásticas “ecológicas” de “maíz”, que además de preguntarnos ¿Qué empresas la fabrican y venden?, no dicen que según su composición; a diferencia de las de polietileno que duran 100 años o más para degradarse, estas “ecológicas” lo hacen en menos años, pero igualmente una vez usadas y tirados, siguen siendo contaminantes y perjudiciales para la fauna marina.

Entendiendo esta realidad, con la entrada en vigencia de esta Ley 1 de 19 de enero de 2019, en la práctica, lo único que se ha logrado es que los consumidores, tengan dos opciones: La primera: Que se vean obligados a llevar consigo desde su hogar bolsas artesanales de telas, reutilizables o biodegradables a los supermercados y demás establecimientos comerciales a la hora de ir a comprar; o La segunda opción es: comprar las bolsas que así requiera, en el supermercado, almacén o establecimiento comercial al que acuda a realizar sus compras.

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Esta última opción contemplada en la Ley, le genera un gran margen de ganancias a las empresas y negocios hoy día. Ya que, antes estos invertían mucho dinero en la confección o compras de en estas bolsas (impresas o no con sus logotipos comerciales), que luego regalaban a los consumidores por las compras realizadas.

Por lo que, al margen de la entrada en vigencia de este Decreto Ley; en la actualidad, considero que todo sigue igual. Ya que como consumidores, continuamos comprando toda clase de productos hechos con Polietileno, Policloruro de Vinilideno (PVCD), Policloruro de Vinilo (PVC), hechos a base de resinas derivadas del Petróleo. Seguimos comprando producto como (el pollo, las carnes, legumbres, vegetales, huevos, galletas, entre otras), que vienen empacados en bandejas o viandas espumosas (foam), hechas de Poliestireno que igualmente es un Polímero derivado del petróleo, con el que igualmente se continúa fabricando (platos, vasos y cubiertos desechables), por mencionar algunos.

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También seguimos comprando cientos de productos embotellados en plásticos como: (gaseosas, bebidas, jugos, lácteos, aceites, desinfectantes, detergentes, champú, gel, lubricantes, aditivos, disolventes, entre muchos otros; hechos a base de Polietileno Tereftalato (PET), que es una combinación de petróleo crudo, gas y aire, científicamente en una relación: un kilo de PET= 64% de petróleo + 23% de derivado líquido de Gas Natural + un 13% de aíre.

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Mientras que las grandes industrias y empresas, radicadas en nuestro país y en el resto del mundo, continúen fabricando y vendiendo cientos de productos como (neumático, baterías, fertilizantes, plomo, metales, etc.), hechos a base de petróleo, gas y otros minerales extraídos de la madre Tierra, o de químico, aditivos o derivados contaminantes. Creo que será realmente difícil contrarrestar el alto nivel de contaminación existente en nuestro país y en el resto del planeta.

Las leyes y normas, son factibles en el sentido de garantizar que los ciudadanos tomemos conciencia sobre la importancia y el cumplimento de estas, en el sentido lógico de conservar el medio ambiente y su biodiversidad. Sin embargo, creo que hay que partir primero por exigir, mandatar, obligar con seriedad y sancionar a las grandes trasnacionales, industrias, mega empresas, corporaciones y demás comercios, que continúan evadiendo sus responsabilidades, pero sí beneficiándose económicamente de todo esto.

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Inculcar y educar en la conciencia de los ciudadanos y consumidores, sobre la importancia de cuidar y conservar nuestro planeta tierra y todos lo que en ella vivimos, es cimentar una cultura de reciprocidad y responsabilidad, donde nadie quede exento, ya que de lo contrario prevalecería lo que comúnmente se conoce como la Ley del embudo”.

Por. Félix E. Villarreal V.

 

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