LA POBREZA MULTIDIMENSIONAL, ALGO MÁS QUE UN CONCEPTO

Por: Félix E. Villarreal V.       Foto: Cortesía

En los últimos años, en nuestro país este término que titula nuestro escrito viene siendo utilizado, por economistas, sociólogos, actores políticos, sociales; por los distintos gobiernos que han estado administrando el país; para referirse a una parte importante de la población panameña, que sigue siendo vulnerable, marginada y vive en condiciones económicas realmente críticas.

Ahora bien, aunque la mayoría de los países del mundo definen o describen la pobreza como la consecuencia principal a razón de la falta de dinero en los individuos. El espectro de la pobreza como tal, va más allá de lo monetario. Puesto que no debe enfocarse en un solo factor como lo es el ingreso que posea el individuo. Ello no es suficiente para entender la verdadera radiografía sobre la pobreza en sí de cada ciudadano.

Por muchas décadas, en América Latina, se ha utilizado el método de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) y el método de la Línea de Pobreza (LP) sirviéndose de los datos de censos nacionales y encuestas, respectivamente, pero poco a poco se fue reconociendo la necesidad de un índice que capturara con mayor detalle el nivel de carencias experimentado por las personas, que viven en condiciones de pobreza y su intensidad, de modo integrado y comparable en el tiempo.

 

En la medida en que avanza el capitalismo neoliberal, las consecuencias económicas y sociales (pobreza), en los ciudadanos son más evidentes y diversas. A esta consecuencia se le conoce como: “Pobreza Multidimensional”. Concepto muy utilizado en la actualidad por el Presidente panameño, y por otros jefes de Estado a nivel de América Latina y en otros continentes.

“La Pobreza Multidimensional es la que toma en consideración de forma integral las múltiples privaciones y carencias que experimentan simultáneamente los individuos en sus hogares, en las distintas dimensiones de su bienestar cotidiano”. Es decir, que una persona pobre puede sufrir múltiples desventajas al mismo tiempo, por el hecho de ser pobre. Ejemplo: puede tener una mala condición de salud o estar desnutrida, reflejar de hecho su imposibilidad de acceder a alimentos nutritivos, puede escasear de agua limpia y apta para su consumo, puede carecer de electricidad o de una vivienda digna; puede tener un bajo nivel de vida, un trabajo precario o no tenerlo, convivir en un ambiente vulnerado o contaminado, tener poca educación o ser completamente analfabeta, entre muchos otros factores.

Esta realidad aunque no se quiera reconocer, hoy en pleno Siglo XXI sigue existiendo en nuestro país y en muchas otras partes del planeta. A razón de ello, las medidas de pobreza multidimensional pueden ser utilizadas para crear una imagen más completa y revelar quiénes son pobres y a su vez la manera en que ese individuo distribuye su estado de pobreza. Estas medidas pueden además desglosar aspectos paramétricos para revelar el nivel de pobreza en diferentes zonas de un país (campo, comarcas e incluso en la ciudad), y entre los diferentes sub grupos de personas existentes (obreros, campesinos, mujeres, indígenas, etc.). A esto se le conoce como “Índice de Pobreza Multidimensional” (IPM)

Este Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), identifica múltiples carencias a nivel de los hogares y las personas en los ámbitos de la salud, la educación, el medio ambiente y el nivel cotidiano de vida. Utiliza datos basados en encuestas de hogares. Este (IPM) o índice multidimensional de pobreza (IMP), en inglés;  fue elaborado y dado a conocer desde 2010, por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en colaboración con la OPHI (Oxford Poverty & Human Development Initiative, o Iniciativa de Pobreza y Desarrollo Humano de Oxford), y se presentó en el vigésimo aniversario del “Informe Anual Mundial sobre el Desarrollo Humano” del PNUD.

Un informe presentado sobre Desarrollo Humano del año 2015 presentó estimaciones para 101 países en desarrollo que sumaron en total unos 5.000 millones de personas, es decir (el 75% de la población mundial). De estos países analizados, aproximadamente 1.500 millones de personas, (el 29% de su población total), vivían hasta ese momento en situación de pobreza multidimensional entre el año 2005 y 2014. Sin embargo, el IPM para el 2019 ofreció un mapa detallado de la pobreza en esos 101 países y 1.119 regiones a nivel sub-nacional correspondiente al (76.5% de la población mundial), que actualmente  viven realmente en altos niveles de pobreza multidimensional cada día. Esto indica que en los últimos años esta situación ha ido acrecentándose.

De acuerdo a la Red de Pobreza Multidimensional MPPN (Multidimensional Poverty Per Netwok) en julio del 2019, el Administrador del PNUD, Achim Steiner señaló que “El Índice global de Pobreza Multidimensional de 2019 ofrece la información detallada que necesitan los responsables políticos para elaborar políticas mejor dirigidas y más efectivas”. Por ende, la necesidad y el compromiso de resolver en cada país, el tema del alto índice de desempleo y la consecución de salarios dignos y justos en beneficio la gran mayoría de la población; se hace necesaria la lucha contra la marginalización y contra la desigualdad aún existente en la distribución  inequitativas de las riquezas en cada uno de los países del tercer mundo.

Para Olmedo Beluche, Sociólogo y profesor de la Universidad de Panamá, “La pobreza, como incapacidad de adquirir los bienes necesarios para una vida digna por falta de ingresos suficientes, siempre será un mal crónico que acompañe al sistema capitalista, porque la explotación del trabajo asalariado en búsqueda de acrecentar la plusvalía, impone la creación de una masa de desempleados para forzar la caída de los salarios”.

En el caso de Panamá en pleno Siglo XXI, son más que evidentes los múltiples casos y diagnósticos (a simple vista sustentados), en muchas áreas y zonas de nuestra geografía nacional donde se reflejan altos índices de pobreza y desempleo, que traen como consecuencia hambre, desnutrición, carencia de vivienda, de salud y por ende de educación. Sumado a ello el problema del deterioro y contaminación  de nuestro ambiente. Todo esto, es el resumen de una clara falta de interés por parte los gobiernos que desde la Post-Invasión, cada quinquenio de gobernabilidad hasta la fecha, no han sido realmente capaces de resolver este crónico problema.

A manera de referencia; de acuerdo a datos presentados por el MIDES, los resultados del IPM de Panamá para el año 2017 indicaron que el porcentaje de personas en condición de pobreza multidimensional se ubicó en un 19.1%, lo que representó en términos absolutos 777,752 personas. En cuanto a hogares, se encontraron en condición de pobreza multidimensional el 12.2%, lo equivalente a 138,410 hogares. En ese mismo periodo los niveles de pobreza multidimensional en Panamá en Educación se ubicaban en un (23.9%), Trabajo (20.9%), Ambiente, entorno y saneamiento (20.7%) y Vivienda, servicios básicos y acceso a internet (19.8%). En el caso de Salud, contribuye a explicar el 14.7%. Porcentajes que en los dos siguientes años (2018 y 2019) de hecho han aumentado porcentualmente.

Con la administración del “Buen Gobierno”, presidido por Laurentino Cortizo Cohen, en septiembre de 2019, a través de su Gabinete Social se aprobó: el “Plan Estudiar sin Hambre” que busca brindar alimentos a estudiantes que pretende alcanzar a 250 mil niños en los 300 corregimientos más pobres;  y el “Proyecto Colmena”, dirigido a combatir la pobreza y la desigualdad existente en muchas regiones del país.

Según el nuevo gobierno para combatir la Pobreza Multidimensional existente en Panamá, “el Proyecto Colmena se enfocará en los corregimientos con mayor pobreza, a la vez, busca intervenir en áreas vulnerables y de pobreza no extrema con el fin de atender a aquella población urbana que por distintos factores, se encuentra también en riesgo de caer en la pobreza”.

El presidente Cortizo, en aquella ocasión manifestó que el Proyecto Colmena,  busca romper con la “Sexta Frontera” que se ha marcado como objetivo el gobierno para disminuir la desigualdad y la pobreza. Es decir, la Sexta Frontera es un trabajo en equipo que brindará herramientas para vencer la pobreza multidimensional.  El cual se enfoca en 777 mil panameños en distritos vulnerables, que los gobiernos anteriores han dejado atrás. “Llegó el momento de ejecutar”, así lo expresó el presidente, al señalar que “era momento de poner en marcha el plan con el que se pretende erradicar la pobreza”.

El mandatario también señaló en septiembre de 2019, que dicho proyecto se focalizaría  en dos vertientes importantes: La primera es “mejorar los servicios que el Estado ofrece (salud, agua limpia, saneamiento, electrificación rural, infraestructura vial, educación, vivienda, deporte entre otros). Y la segunda, es identificar las actividades generadoras de ingreso que permitirán mejorar la calidad de vida de los ciudadanos”.

Sin embargo, a siete meses transcurridos de “Buen gobierno”, ambos proyectos hasta el momento no han reflejado los resultados esperados por los ciudadanos de este país. Ya que, por un lado, la educación pública continúa reflejando una gran crisis administrativa, curricular y presupuestaria; puesta en evidencia con los índices de fracaso escolar (primaria y secundaria), los serios deterioros en las infraestructuras de los planteles, las existentes escuelas ranchos y lo adeudado aun a muchos docentes del país.

En otro aspecto, el salario mínimo irrisoriamente aumentó a solo tres centavos (0.03) para los miles de trabajadores que aspiraban algo mejor, conociendo de los más de mil setecientos millones de balboas del Canal, que fue el último aporte entregado al Estado. Millones que no se ven en la solución de los principales problemas urgentes a resolver en nuestro país. Como tampoco se ha visto con los más de 18 mil 537 millones entregados a lo largo de 20 años.

El abogado y político Dominicano Francisco Domínguez Brito en una ocasión expresó que: “La educación debe ser la máxima prioridad nacional, pues es la forma más eficaz de combatir la pobreza”. Sin embargo pareciera que para la gran mayoría de los políticos  y candidatos aspirantes  a gobernar un país, esto es solo un mero discurso; ya que una vez logran sentarse en la silla presidencial todo cambia. Incluso en la mayoría de los casos, los recursos que han de ser destinados para financiar y fortalecer la educación pública en todos los niveles, continúa siendo recortado y desviado a “otras prioridades”, como ha ocurrido desde hace muchos años, contra la Universidad de Panamá y demás centros de educación pública del país.

Estos escenarios actuales y reales, de hecho marcan un mayor aumento en los índices de pobreza y desempleo, los precios de canasta básica familiar pone en evidencia el alto costo de la vida en la mayoría de los sectores y actores pertenecientes  esa “Pobreza Multidimensional”.

Panamá lleva más de 30 años viviendo y sufriendo esa compleja realidad de pobreza; pero siempre con la esperanza y a la espera de que algún gobierno que administre el país decida y actué como debe ser para que esto pueda cambiar.

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