A la Ocasión de Conmemorarse el Día Internacional de la Mujer Trabajadora

Como antecedente histórico a esta fecha de celebración mundial, hay que partir explicando  que hace 110 años en marco de la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague, en 1910, la alemana Clara Zetkin fue quien propuso la necesidad de  crear un día de la Mujer Trabajadora. Y de esta forma resaltar ese día, en honor a todas las obreras que desde mediados del siglo XIX  venían luchado y arriesgado sus vidas por mejores condiciones laborales, por igualdad salarial, derecho a estar sindicalizadas; exigiendo además jornadas laborales justas, capacitación vocacional. Y desde aquel entonces, ya planteaban la eliminación del trabajo infantil y el ejercicio pleno de la ciudadanía, entre otras muchas reivindicaciones y derechos.

En el marco de aquella II Conferencia Internacional, donde también se debatieron los derechos laborales, la educación y la lucha contra la guerra;  la polaca Rosa Luxemburgo, la francesa Inessa Armand y  las rusas Aleksandra Kollontái y Nadezhda Krúpskaya, entre más de un centenar de lideresas provenientes de 17 países; apoyaron esta  moción presentada por Clara Zetkin. Mujer política, decidida y luchadora que con sus acciones inquebrantables desafió las ideas fascistas, racistas y hegemónicas de Adolfo Hitler.

Para aquellos (as) que aún lo desconocen, la historia registra que gracias a esas pioneras socialistas, desde el año 1911 se conmemora cada 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Fecha que 65 años después en 1975, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), reconoció oficialmente para conmemorar en todo el mundo, la importancia de las luchas de las mujeres trabajadoras en el movimiento político, social, sindical, reivindicativo, magisterial, por su participación plena en la defensa de los derechos humanos, económicos, en igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo integral como persona.

A partir de esta realidad histórica, los organismos internacionales que surgieron en el mundo, han tenido  que reconocer la importancia y necesidad de eliminar todas las formas de discriminación y explotación de todo tipo hacia las mujeres. A razón de ello, hay un sinnúmero de  Declaraciones, Convenios y Convenciones Internacionales que han quedado registrados en los marcos legales nacionales de una gran mayoría de países, los cuales son incumplidos en muchos aspectos, por las malas políticas ejecutadas de los gobiernos estatales en contubernio con los sectores empresariales de los países capitalistas.

En ese sentido de ideas, la socióloga, docente y feminista panameña, Briseida Barrantes; como activista en el movimiento social señala que “el patriarcado capitalista y fundamentalista abiertamente amenaza las conquistas alcanzadas por las mujeres y los sectores más progresistas de la sociedad,  promoviendo el miedo a las políticas públicas de prevención de los embarazos en adolescentes, al derecho al  conocimiento científico y la atención apropiada de la salud sexual y reproductiva, como a vedar y confundir a las personas cuando se trata de  las reivindicaciones  vinculados a los derechos y al  respeto de  la diversidad sexual. Para ello  realizan  campañas ideológicas subliminales, conservadoras, fascistas y religiosas buscando  acabar con las conquistas adquiridas  y los derechos  que aún faltan adquirir”. 

En cuanto al lema sobre “Igualdad de derechos, igualdad de oportunidades; progreso para todos”, creado por la ONU, Antonio Guterres Secretario General de ese organismo (2017 – 2021), plantea que: “La igualdad de género y los derechos de las mujeres son fundamentales para el progreso mundial en las esferas de la paz y seguridad, los derechos humanos y el desarrollo sostenible. Solo podremos restablecer la confianza en las instituciones, reconstruir la solidaridad mundial y cosechar los frutos derivados de contar con perspectivas diferentes, si hacemos frente a las injusticias históricas y promovemos los derechos y la dignidad de todos”. 

Sin embargo, lo expresado por Guterres, en la práctica no es considerado por muchas instituciones públicas y privadas en la mayoría de los países, incluyendo el nuestro; ya que continúan las injusticias históricas y los derechos siguen siendo vulnerados. Esto claramente se refleja en lo planteado por la socióloga Barrantes, en el marco de un evento de mujeres sindicalistas panameñas cuando señaló que en pleno siglo XXI, “la lucha aún no termina, porque frente a cada paso de avance que dan las mujeres, el sistema patriarcal capitalista prefiere mantenerlas en un nivel de sometimiento; en un rol de sumisión tradicional, calladas, en silencio, soportando la violencia machista dentro y fuera de los hogares”. 

Lo señalado por la socióloga, tiene en efecto un sentido coincidente con lo expresado en su momento, precisamente por el Secretario General de la ONU, cuando al referirse a este asunto planteó que: “La igualdad de género, es fundamentalmente, una cuestión de poder. Vivimos en un mundo dominado por los hombres, con una cultura dominada por los hombres. Solo cuando entendamos los derechos de las mujeres como un objetivo común, como una ruta hacia el cambio en beneficio de todos, comenzaremos a inclinar la balanza”. Llegado ese momento y a nuestro entender y parafraseando lo enunciado por Guterres, es donde se podrá expresamente “hacer frente a las injusticias históricas promover los derechos y la dignidad de todos”.

Un dato histórico importante a recordar en el marco de conmemorarse el este de marzo de 2020, el  Día Internacional de la Mujer Trabajadora, es que en nuestro país un 6 de mayo de 1945 en medio de un proceso electoral se ejerció por primera vez el voto femenino. Y un año más tarde, la Constitución elevó a la mujer en igualdad de condiciones que el hombre. Esto fue posible, gracias al papel preponderante de la panameña Clara González, (primera mujer en obtener en la Universidad de Panamá, la licenciatura en Derecho), quien fue además la autora e impulsora de la Ley que consagra institucionalmente el derecho al sufragio femenino.

Además de Clara González, vale la pena hacer una mención breve de otras mujeres panameñas, que desde nuestro punto de vista jugaron un papel protagónico y de liderazgo muy destacado en el momento y las circunstancias que les correspondió. Como fue el caso de la abogada, periodista, docente y activista política Thelma King Harrison, considerada como una de las voces políticas femeninas más importantes y polémicas en los años 50 y 60 (siglo XX), en Panamá. Thelma fue reconocida además por apoyar fervientemente la causa de la soberanía panameña sobre la Zona del Canal, que además fue la única diputada mujer electa para la Asamblea Nacional en el periodo de 1960 a 1964. Y quien, desde ese estrado presentó una ley para cambiar el nombre del puente Thatcher Ferry, construido por los estadounidenses, al hoy conocido como Puente de las Américas.

Otra a mencionar brevemente es: Diana Elisa Morán Garay; poetisa panameña, dirigente magisterial y luchadora de primera línea en el movimiento popular, patriótico, revolucionario y antimperialista en los años 60. Su poesía siempre estuvo vinculada a los hechos de carácter social y político, acentuando su rebeldía como defensora de la soberanía panameña a través de sus conocidas obras literarias Soberana presencia de la patria y Gaviotas de cruz abierta”, en las que hacía referencia a la presencia e intervención norteamericana en la Zona del Canal y a lo que fue la masacre de jóvenes estudiantes y de otros panameños que protagonizaron la gloriosa gesta de enero de 1964. Destacada también por ser una mujer comprometida con las luchas en el movimiento popular de la época contra el ascenso militar del 11 de octubre de 1968. Accionar que un año después la llevó a ser detenida y enviada al exilio en México, donde vivió el resto de su vida hasta su muerte el 10 de febrero de 1987.

En este grupo de mujeres podemos mencionar también a Sara Sotillo Guillén, una feminista panameña, educadora y destacada dirigente magisterial; fue una figura importante y fundadora de la primera Asociación Feminista de Panamá y de la Asociación Magisterio Panameño Unido. Desde ese espacio gremial participó activamente en la aprobación de la Ley Orgánica de Educación y la Ley de Escalafón, leyes que brindaron estabilidad laboral y una escala salarial unificada a los educadores panameños, entre otros beneficios.

Otra a recordar es Gumercinda Páez, mujer aficionada al teatro que obtuvo en el año 1945 el título de licenciada en Humanidades en la Universidad de Panamá. Fue profesora, dirigente social, diplomática y constituyente panameña y primera mujer en ser diputada en la Asamblea Nacional de Panamá por la provincia de Panamá y la primera mujer en ocupar la posición de segunda vicepresidenta de la Asamblea Constituyente de Panamá de 1946. Desde allí trabajó en la creación de guarderías infantiles, el reconocimiento de la paternidad y el matrimonio de hecho, la igualdad de derechos de las mujeres en temas de salarios, apoyó la inclusión del fuero de maternidad en el código de trabajo y defendió a grupos antillanos y sus ideas religiosas.

Otra mujer a mencionar brevemente es la modista de profesión y destacada militante política Marta María Matamoros Figueroa, considerada por el movimiento obrero panameño como una aguerrida defensora de los derechos sindicales de las mujeres obreras en Panamá. Dentro de su lucha por mejorar las condiciones laborales de las obreras en Panamá se destaca la incorporación del fuero de maternidad de 14 semanas para trabajadoras y obreras en el primer Código de Trabajo de Panamá. Esta dirigente panameña interesada por el modelo del socialismo; se declaró estudiosa de los escritos de Carlos Marx y Vladimir Lenin. Su formación y concepción política de sus tiempos le permitió  saltar en la historia cuando participó en 1947, en la grandes movilización populares de rechazo a los tratados Filós-Hines que cedía territorios panameños para bases militares estadounidenses y participó igualmente en la marcha histórica conocida como La marcha hambre y la desesperación de Colón.

Sin lugar a dudas, mujeres como estas al igual que muchas otras, hicieron historia en nuestro país. Que con su accionar y liderazgo en sus tiempos, han dejado un importante legado profesional, académico, artístico, político y de lucha en la defensa sus derechos y conquistas como mujeres, así como también otros logros, reivindicaciones y derechos, en beneficio de las grandes mayorías de nuestro país.

En ese sentido, se hace necesario que desde las universidades, sindicatos, institutos, gremios, centros de estudios, espacios públicos, etc., a través de conferencias, debates, foros, concentraciones, movilizaciones y demás actos, la fecha del 8 de marzo cada año a conmemorar; debe recordarnos por un lado las luchas, los riesgos, represiones, persecuciones y demás sacrificio vividos por valiosos mujeres trabajadoras al paso de la historia en nuestro país y en el resto del mundo. Y que en pleno siglo XXI continúan siendo objeto de discriminación en muchos aspectos en el entorno laboral y en el entorno de la sociedad. Pero que sin embargo aun así, continúan avanzando y luchando. Porque, como ellas mismas así lo expresan: “nada les ha sido regalado, tampoco les ha sido fácil para defender y alcanzar los derechos adquiridos”, al igual que  los espacios conquistados en el terreno laboral, académico, científico, político, social, cultural, gremial, sindical, etc.

Por: Félix Villarreal.

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