Ironía de una pandemia

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¿Para qué sirve la Filosofía? Es una de las preguntas más comunes. Si la Filosofía no sirve para nada, ergo, sobran los filósofos y filósofas.

Al inicio de la pandemia vimos varios escritos sobre la situación socio-política que vivimos. Algunas publicaciones desde un enfoque filosófico surgieron de inmediato. Desde la mirada particular de Giorgio Agamben sobre el Estado de excepción hasta las discusiones generadas por Slavoj Zizek y Byung-Chul Han. Parece que, en medio de uno de los hechos científicos más importante para la epidemiología también subyace una petición del punto de vista filosófico.

En nuestros medios, este enfoque no es común. En medio de tanta confusión, la Filosofía es una bocanada de aire fresco ante un panorama de oscuridad, de una pandemia con información distorsionada por los pseudo-intelectuales especialistas en todo. Es muy probable que, en nuestros días, este tipo de petición no sea lo usual. La Filosofía, tan famosa en la frialdad de libros polvorientos y cerrados, hoy solo es reconocida, mayormente, por frases como: “Pienso, luego existo”, de Descartes; “Conócete a ti mismo”, de Sócrates; “Yo soy yo y mis circunstancias”, Jose Ortega y Gasset; hasta el “Tómatelo con Filosofía” de los estoicos. Es un error creer que la Filosofía ha quedado atrapada en los libros, frases sin contextos o en la leve y parca enseñanza básica en la educación secundaria. Esto nos hace pensar en su futilidad profesional.  

    Al inicio de la pandemia y todas las implicaciones posteriores, que nos han llevado a un desastre a nivel planetario, la Filosofía  dejó de ser  fútil y llegó a los medios de difusión masiva, impresos y digitales, públicos y privados, afanosamente buscaban el enfoque filosófico de la pandemia. El coronavirus ha traído consigo esta sorprendente ironía. Lo que antes era innecesario por su carácter abstracto ahora se torna útil. Pero qué tiene que ver la Filosofía con este último evento epidemiológico actual. Otras pandemias han ocurrido a lo largo de la de la historia de la humanidad y de la epidemiología. ¿Entonces, por que la solicitud de una mirada filosófica que en nada contribuye a la cura del coronavirus? Tradicionalmente se recurre a la Filosofía cuando las respuestas han agotado su vigencia. Trata siempre sobre las preguntas, las mismas nunca pierden validez, las respuestas son actividades relacionadas más con las ciencias naturales y sociales. Ya Kuhn en La estructura de las revoluciones científicas nos hablo de la ciencia normal. Debido a la pandemia lo cienitíficos han estan en la carrera por encontrar la cura  como respuesta al coronavirus como un fenómeno mundial.

Las religiones que explicaron fenómenos como las plagas en el pasado, hoy están agotadas ya que los religiones utilizaron su poder para lucrar a traves de la mentira y dominación. Irónicamente los dueños de la verdad, las ciencias y las religiones han quedado arrinconados, dejando el camino libre a los mal llamados políticos que han encontrado un terreno fértil en decidir politicas durante esta pandemia a su capricho ya que la ciencia no tiene respuestas. Las verdades científicas, al no tener la cura son inútiles frente al coronavirus y la impotencia de los dioses como proyectos humanos han motivado la petición de la sociedad visibilizando a la Filosofía que en otrora pasaron por desapercibida.

    Los intereses particulares están moviendo a los gobernantes, mientras que la pandemia es una de las Parcas que ha venido a recordar que nuestros huesos hablan de la especie humana sobre cualquier prejuicio como la raza ni respetando estatus socio-económico. Es la muerte que anda suelta sin pedir cédula de identidad, es como jugar a la lotería, no el miércoles ni el domingo sino todos los días. En el norte siguen jugando a la pseudo-política y las estadísticas los declaran ganadores con el primer puesto en contagios, aquí en Panama. En abril discutiamos sobre la imposibilidad de llegar a cinco mil casos y hoy pasamos los cincuenta mil.

Se han desempolvado los libros para darle calor al pensamiento filosófico, que es ajena al tiempo y regresa permanentemente con las mismas preguntas, más vigentes que nunca: ¿quiénes somos? ¿Por qué estamos aquí en un planeta que se ha vuelto tan pequeño por un virus? ¿Para qué vivimos?

En el Eutidemo de Platón retrata a la filosofía como “un saber para ventaja del hombre” hoy diriamos del ser humano. En Kant, hay una metafísica, en la que los seres humanos en algún momento todos se piensan desde preguntas sobre: su origen, su realidad y su destino final. Las respuestas a esto las ofrece las ciencias, pero el momento de hacerse preguntas es lo que define y delimita lo posible y probable. La muerte como un fenómeno humano y natural brinda ese momentum en que nada parece más cierto.

Resaltan las tesis de Nuncio Ordine en La utilidad de la inutilidad que da importancia al pensamiento. Desde aquí la Filosofía se aleja de las ciencias, porque es incomparable con ellas en términos de respuestas. Más bien, el laboratorio de la Filosofía es lo conceptual, que permite la estructuración de las ideas para iluminar a las ciencias en su devenir. La Filosofía es ese gran metiche que siempre se entromete donde nadie la llama para buscar y mostrar el rastro de lo esencial.  Ahora con la muerte asomándose en cada ventana, sin distinguir la calidad del cristal, aparece el barco de nuestro último viaje, del destino, esta situación nos invita a lo filosófico, al volver a las preguntas fundamentales. Las religiones dicen que somos criaturas y creadores del mundo, pues un virus nos ha robado las riendas de nuestro destino.

Obviamente esta pandemia pasará en algún momento a la historia, así como la peste negra y la gripe española. Antes de ser profesor de Filosofía soy un ser humano, por eso, espero que la pandemia pase a los libros de Historia lo antes posible. Entonces, los seres humanos al tener la cura volveremos a vivir nuestras vidas, pero ¿qué nos quedará de esta pandemia? El siglo XX con decenas de guerras, incluyendo dos grandes mundiales que se llevaron, no solo millones de vidas y muchos conflictos durante la guerra fria y la guerra de vietnan. Al final surgen las mismas preguntas: ¿Qué es el ser humano?, ¿Qué hacemos aquí? Algunos dirán trabajar, construir-destruir; otros la dolce vita, el placer; en Aristoteles es contemplar, el fin supremo es la felicidad.

Por: Toribio Pineda Camargo Profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de Panamá

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