INFORME DE LA ESTRATEGIA ALTERNATIVA PARA EL DESARROLLO INTEGRAL E INCLUSIVO REVELA ASPECTOS INTERESANTES DE LA ESFERA SOCIAL EN PANAMÁ

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El informe relacionado a La Estrategia Alternativa para el Desarrollo Integral e Inclusivo desde la Visión de la Universidad de Panamá presenta aspectos interesantes desde la esfera social desde la aparición en Panamá de la pandemia Covid-19.

En el momento, inmediatamente previo a la aparición del COVID–19, la realidad panameña se caracterizaba por claros signos de agotamiento del modelo que hasta el presente ha regido la trayectoria temporal en nuestro país.

Esto significa que todas y cada una de las esferas de la sociedad expresaban condiciones de crisis.

Tal es el caso de la esfera social, que se refiere a importantes aspectos en los cuales se determina la posibilidad de una normal existencia de la población, el escenario panameño mostraba signos de una crisis evidente.

Hacia finales del 2019 los siguientes indicadores sirven para ejemplificar la gravedad de la situación:

a) El 19.0 % de la población panameña se encontraba en pobreza multidimensional. Mientras que entre el 70 % y 93 % era registrada gravemente en las comarcas indígenas (MIDES, INEC, MEF, PNUD, UNICEF).

b) El 54 % de la población pobre del país se concentra en tres lugares: el 25 % en la Comarca Ngäbe Buglé, el 17 % en la provincia de Panamá y el 12 %e n Panamá Oeste (UNICEF, 2017).

c) En las Comarcas, entre el 37 y el 63 % de las viviendas carece de agua potable (UNICEF, 2017).

d) Casi el 20 % de la contribución a la pobreza multidimensional en Panamá se atribuye a la condición de la vivienda y a la carencia de servicios básicos en general (UNICEF, 2017).

e) El 32.8 % de los niños, niñas y adolescentes panameños vivían en condiciones de pobreza multidimensional (UNICEF, 2018).

f) El factor que más influye en la pobreza multidimensional de niños, niñas y adolescentes es la falta de cuido y de actividades infantiles y de recreación (23.8 %), lo que refleja la crisis que experimenta la familia y su calidad de vida en Panamá (UNICEF, 2018).

g) En Panamá, el 10.0 % de la población, cerca de 400,000 personas, están subalimentadas; 19 % de los niños panameños mostraban retraso en el crecimiento, debido a la subalimentación. Además, el 39.9 %de los niños panameños padecían de anemia (FAO, 2017).

h) El 75 % de los niños y niñas, en pobreza multidimensional, no está cubierto por el programa de reducción de la pobreza (UNICEF, 2018).

i) El 23.0 % de las mujeres en edad reproductiva en nuestro país también padecían de anemia (FAO, 2017).

j) Uno (1) de cada tres (3) embarazos corresponde a jóvenes de entre 10 y 19 años. La mortalidad materna en la Comarca Guna Yala es 7 veces superior al promedio nacional (UNICEF, 2018).

k) En relación con el sistema educativo, el 25.0 % de los jóvenes que deberían estar recibiendo educación media no lo estaban haciendo; más aún, el 46.0 % de los jóvenes de nuestro país no lograban completar la educación media (BID, 2019).

l) Según una encuesta de UNICEF (2020), son las madres las que en el 75 % de los hogares acompañan los deberes escolares de sus hijos, lo que redunda en una mayor carga doméstica. Algo parecido ocurre con la atención de la salud, ya que se ha demostrado que las mujeres realizan la mayor cantidad de trabajo doméstico no remunerado, lo que redunda en su calidad de vida y de la familia (EUT).

m) Un niño panameño que nace hoy día solo tiene, en promedio, la posibilidad de desarrollar el 53.0 % de su capacidad productiva (BM, 2019). Es conocido que la crisis del modelo de atención de salud pública ya mostraba claros signos de estar cerca del colapso, llamando la atención sobre la necesidad de un cambio estructural en el mismo (Mesa de Diálogo para la Salud, 2015).

n) Solo el 60 % de las instalaciones de salud dispone de servicios higiénicos operativos. Un 19 % de las escuelas tiene acceso a agua potable; un 56 %, usa acueductos rurales, y un 26 % utiliza agua de lluvia, ríos o quebradas (UNICEF, 2018).

o) Mientras que la desocupación para los hombres era de 5.8 % de la población económicamente activa; este porcentaje para las mujeres fue de 8.8 %, mostrando una elevada inequidad de género. La inequidad por edad y género se refleja en la tasa de desempleo, pues la de los jóvenes de 20 a 24 años fue de 16.4 %, mientras que para el caso de las mujeres alcanzó al 24.5 % (INEC, agosto 2019).

Dentro de un modelo de estado neoliberal la política social es reduccionista, no se crean los servicios desde una perspectiva universal, de beneficio para todos ni tampoco se conciben los programas y servicios desde un enfoque de Derechos Humanos. Al no haber planificación de los servicios sociales ni siquiera se están considerando los cambios demográficos que están ocurriendo ni las proyecciones de población, de modo que puedan anticiparse los servicios que esta necesita actualmente y en el futuro cercano.

Los subsidios han sido establecidos como si se tratara de dádivas generosas de un gobernante, que las personas más bien deberían agradecer. Por lo tanto, no se corrigen las distorsiones que han dado lugar a estos, sino que se fomenta la dependencia clientelista y paternalista, en vez de crear capacidades para el empoderamiento de las personas y de las comunidades.

La COVID-19 puso en evidencia las carencias de un sistema de salud que ha descuidado la atención primaria y, por lo tanto, el enfoque preventivo, para sustituirlo por la construcción de hospitales y grandes infraestructuras, descuidando la atención directa a la ciudadanía y constituyendo un sistema que abandonó el lema de la salud igual para todos para convertirse en sistemas de salud excluyentes, sobre todo si no se cuenta con los ingresos para pagar los servicios. Si a esto se adiciona el encarecimiento desmedido de los medicamentos (en contraste con países cercanos como Costa Rica), no se puede menos que entender el desmejoramiento de las condiciones de la salud de la población y la profundización de la desigualdad que no solo es de ingreso, sino también de salud, de educación, de acceso a la justicia y otras más.

Un estudio de la CEPAL (2015) ha indicado que mientras los países con mayor gasto público social invierten entre el 17 y el 27 % del PIB, Panamá es uno de lo que menos invierte, alrededor del 7%. Aunque esta cifra ascendió un poco en los últimos años con los subsidios, resulta incomprensible que el país, cuyo crecimiento estuvo entre el 6 y el 8 %, tenga una población con carencias de servicios sanitarios, de electricidad, agua potable, desnutrición y casas con piso de tierra, así como poblaciones segregadas y en áreas de difícil acceso.

ESTRUCTURAS Y DISTORSIONES ECONÓMICAS Y SOCIALES EN PANAMÁ

1. Elevados índices de pobreza multidimensional y aún de pobreza extrema.

2. Desempleo formal alto y también con nivel remunerativo bajo.

3. Sub-empleo e informalidad elevados y con precariedad.

4. Producción y seguridad alimentaria débiles.

5. Estructuras tributarias regresivas, inequitativas y excluyentes.

6. Canasta básica cara sujeta a inflación constante y marcada.

7. Indicadores de acceso a servicios públicos básicos aún con significativo déficit de cobertura.

8. Déficit habitacional elevado en centros urbanos y poblados rurales.

9. Barreras para el acceso al crédito productivo a condiciones favorables.

10. Atraso estructural para constituir polos de desarrollo en la periferia urbana, áreas rurales y las comarcas Indígenas.

Por: Alfredo Meléndez Moulton/ Foto: Archivo

22/10/2020

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