Ética Periodística y la Libertad de expresión

Por: Cutberto Cruz Aguilar

El derecho a la libertad de expresión, está concebido como uno de los derechos humanos más importantes del mundo ya que es el punto de partida de todos los demás derechos humanos y que está inserto dentro de la declaración de los derechos humanos. Se señala hasta la saciedad que toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión lo cual incurre en la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas oralmente, por escrito o de forma impresa, así lo señala el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

Toda sociedad democrática, de cualquier país debe garantizar la posibilidad de circulación de noticias, ideas y opiniones, igualmente el amplio acceso a la información por parte de la misma sociedad en su conjunto. Se debe entender que la libertad de expresión forma parte de la sociedad y se radica enteramente en la democracia ya que esta es la generadora de la opinión pública, entendiendo que la libertad de expresión tiene una dimensión individual y una dimensión social.

En Panamá, en nuestra constitución política, el artículo 37 reza de la siguiente manera: «Toda persona puede emitir libremente su pensamiento de palabra, por escrito o por cualquier otro medio sin sujeción a censura previa; pero existen las responsabilidades legales cuando por alguno de estos medios se atente contra la reputación o la honra de las personas o contra la seguridad social o el orden público.

Por lo antes anotado, podemos inferir que hay una frontera marcada por la libertad de expresión y el llamado “libertinaje público” que es muy conocido cuando se cierran vías públicas, se destruyen bienes de terceros, se publican y aseveran falsedades, difamando reputaciones, por el mero hecho de la mal llamada libertad de expresión.

Es aquí donde la Ética Periodística entra a jugar su papel de conciencia niveladora, la cual debe evitar caer, periodísticamente hablando, en mancillar honras de personas y tener siempre presente el principio de inocencia hasta que se compruebe lo contrario. El ejercicio del periodismo no queda libre de esta normativa y muy por el contrario, debe imperar la mesura , la honradez y el criterio sano a la hora de justipreciar un hecho.

Lamentablemente, en nuestro país hay periodistas que han olvidado esta premisa y que han distorsionado la loable profesión académica del periodismo real, sirviéndose del poder de algún medio para rebuscarse un par de monedas o ya sea el mismo medio, quien, con sus grandes intereses, ya sea económicos o políticos deambulan por la “crítica nacional” en busca de algún objetivo noticioso para sacarle ventaja de la manera más ruin.

Si bien es cierto la ética es un asunto de tenerla o no cada quien; puede definirse como la rama de la filosofía que estudia la conducta moral debido a que realiza un minucioso análisis de la sociedad y se establece como deberían actuar o comportarse los individuos que la conforman. Quienes ejercen el periodismo y los medios de comunicación social son importantes agentes socializadores y si bien se quiere ,  son agentes de cambio. Influyen en la formación de valores, hábitos, opinión y conductas de los distintos estamentos de la sociedad.

La información en periodismo es un bien social y no un producto bursátil, lo que señala que el periodista comparte la responsabilidad de la información transmitida, no sólo ante quienes controlan los medios (dueños), sino principalmente ante el público. La responsabilidad social del periodista requiere que él o ella actúen, bajo todas las circunstancias, en conformidad con el sentido ético personal y en este caso la muy ponderada Ética Periodística.

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