Por. Félix E. Villarreal V. Foto: cortesía
Para los universitarios panameños y de Latinoamérica, la Reforma Universitaria de 1918, también conocida como la Reforma Universitaria de Córdoba, es un acontecimiento histórico y referencial, que nos obliga a entender las génesis impulsoras de lo que fue aquel movimiento de proyección juvenil decidido a plantear las bases para democratizar la universidad y otorgarle un carácter científico y popular, que inició en marzo con una rebelión estudiantil en la Universidad Nacional de Córdoba de Argentina hasta octubre del año 1918, periodo durante el cual se produjeron violentos enfrentamientos entre reformistas y católicos.
A razón de este acontecimiento la fecha simbólica escogida para recordar este histórico movimiento fue el 15 de junio de 1918, que fue el momento en que los estudiantes irrumpen en aquella Universidad para impedir se consumara la elección del rector que mantendría el elitismo tal como estaba en aquel claustro de educación, por lo que desde ese momento declararon una segunda huelga general.
La Reforma Universitaria de Córdoba tuvo su expresión inicial en el célebre manifiesto estudiantil de 1918, conocido como el “Manifiesto Liminar”,que de hecho es un planteamiento muy bien estructurado que impresiona por la magnitud de sus alcances y por la precisión de sus críticas y actualidad; evidenciando que el estudiantado en América Latina constituye uno de los sectores sociales más activos en el reclamo de sus derechos desde inicios del siglo XX. Este manifiesto tenía entre sus propósitos fundamentales “realizar cambios no solo en las estructuras y contenidos, sino también en los propios objetivos, medios y fines de la Universidad”.
Este impresionante acontecimiento político, organizado a nivel universitario y sobre todo reivindicativo durante los siguientes cinco años, conllevó a que el movimiento de Córdoba y sus planteamientos programáticos se propagaran a las universidades de por lo menos otros seis países de América Latina: entre estas en Perú, Chile, Colombia, Uruguay, México y Cuba, permitiendo con ello el surgimiento y accionar de una generación de intelectuales y dirigentes como: Aníbal Ponce, José Ingenieros, José Carlos Mariátegui, Julio Antonio Mella y Víctor Raúl Haya de la Torre. Logrando influir posteriormente en los demás países del continente, entre estos Panamá.
Vale señalar que al hacer una especie de balance supra dimensional de aquel movimiento, se puede concluir que sus dos logros más importantes y que figuran con datos explícitos son: la Autonomía y el Cogobierno universitario.
Al respecto, José Ramón Saborido Loidi, Ministro de Educación Superior de Cuba, en el marco del Centenario de la Reforma de Córdoba en la Conferencia inaugural del XI Congreso Internacional de Educación Superior Universidad 2018, realizado en La Habana, planteó que: “Del legado de Córdoba debemos retener sobre todo el ideal de Universidad comprometida con la sociedad, su desarrollo y necesidades. Ser fieles a ese legado plantea a las Universidades la necesidad de afrontar el desafío de implicarse profundamente en el desarrollo sostenible e inclusivo que integre lo social, económico, ambiental, cultural, institucional, que contribuya a la reducción de la pobreza y de las enormes desigualdades que caracterizan a nuestra región”.
En el caso de Panamá, en definitiva el Movimiento de la Reforma de Córdoba, aunque influyó en cierta forma en los impulsores del Movimiento de Acción Comunal, llegó con algunos años de atraso (17 años después), pero aún así dejó sus huellas en la Universidad de Panamá que surgía en el Istmo en el año 1935, “bajo la influencia de buena parte del liberalismo progresista que orientó la educación nacional en las primeras décadas de la República y que había insistido en la separación de la Iglesia del Estado y la educación laica”, de acuerdo Adolfo Ahumada, destacado jurista, ex directivo del Canal de Panamá y presidente de la UEU en 1962.
Para el año 1946, luego de diversa acciones de los universitarios se logra la autonomía universitaria, sin embargo ese logro quedó anquilosado, porque vino el periodo presidencial de José Antonio Remón a principios de la década del 50, quien frena aquella conquista cerrando las puertas del conocimiento universitario y con ello sus primero intentos de reforma universitaria en nuestro país.
Sin embargo, pasado el periodo del “Remonato”, resurgen las acciones del seno del movimiento estudiantil desde la UEU, el Movimiento de Reforma Universitaria y otras expresiones universitarias de cara a retomar la lucha por la recuperación de la Autonomía universitaria lograda en 1946. De modo que al cumplirse en octubre del presente 2023 los 88 años de nuestra máxima casa de estudios, esta mantiene vigente y plasmada nuestra la ley y Estatuto universitario, esa Autonomía que costó luchas y sacrificios en el seno y al calor de la combatividad de los estudiantes, profesores y trabajadores administrativos.
De manera tal que haciendo suya en el tiempo lo que fue La Reforma de Córdoba, la Universidad de Panamá como institución de educación superior universitaria, como lo expresa su Estatuto, “tiene carácter popular, está al servicio de la nación panameña, inspirada en los más altos valores humanos y está dedicada a la generación y difusión del conocimiento, a la investigación y a la formación integral, científica, tecnológica, humanística y cultural, dentro del marco de la excelencia académica, con actitud crítica y productiva”.
Además, reconoce a los estudiantes como objeto y sujeto del proceso educativo, y entre sus propósitos: “ser un centro de difusión de la cultura y de discusión de los problemas nacionales; fomenta el respeto a los derechos humanos, el progreso social, el ambiente y el desarrollo sostenible y sobre todo formar el recurso humano con pensamiento crítico y conciencia social, así como generar y transferir el conocimiento en aras del desarrollo del país y el fortalecimiento de la soberanía nacional”.
Y en cuanto Autonomía de nuestra Universidad el Estatuto la desarrolla y describe ampliamente como una institución autónoma y cuenta con personería jurídica, patrimonio propio y derecho de administrarlo. Tiene facultad para organizar sus estudios y para designar y separar su personal en la forma que determinan la Ley y el presente Estatuto. Está consagrada en la Constitución Política y desarrollada en su Ley Orgánica, debe ser ejercida y defendida de conformidad con las disposiciones que la regulan. La autonomía universitaria comprende su auto reglamentación, que es el derecho de la Institución de normar por su cuenta su organización y funcionamiento, mediante la aprobación y modificación de su Estatuto, reglamentos y acuerdos por los órganos de gobierno, según la materia o asunto de su competencia.
Al cumplirse los 105 años de La Reforma Universitaria de Córdoba, no cabe dudas que este movimiento histórico y reivindicativo Argentino influyó en la Universidad de Panamá, que junto a sus tres estamentos que la conforman, y como rectora de la educación superior en toda la geografía nacional, al margen de las críticas o diferencias internas que surgen al calor del debate de las ideas, de los múltiples obstáculos superados en el tiempo, de los recortes presupuestarios y de los múltiples intentos políticos o mediáticos de sus detractores por irrumpir, lacerar o vulnerar su Autonomía…, como institución del saber académico para el pueblo panameño, con más de 300 mil profesionales entregados al país, sigue firme y avanza a pasos agigantados manteniéndose como “la Conciencia crítica de la Nación” y como difusora del pensamiento crítico y del conocimiento científico, investigativo, humanista, cultural, económico y tecnológico en beneficio de las grandes mayorías del país.






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