Félix E. Villarreal V.

Par los universitarios de hoy (profesores, administrativo y estudiantes), muchos en su mayoría jóvenes un tanto ajenos y hasta divorciados de lo ocurrido aquella época (salvo algunas excepciones), es importante conocer objetivamente lo que a nuestro juicio un episodio muy oscuro, represivo y de momentos difíciles vividos en nuestro país y que de hecho repercutieron fuertemente a lo interno de nuestra Universidad de Panamá, cuando se dio el conocido golpe de Estado aquel 11 de octubre de 1968.

Y decimos esto, no solo porque fue un golpe dirigido contra al entonces Presidente de la República Dr. Arnulfo Arias Madrid, quien había sido declarado vencedor en las elecciones nacionales el 17 de mayo de ese año y quien toma posesión el 30 de septiembre del año en curso, es decir que, tan solo tenía 11 días de haber tomado posesión en ese cargo, cuando fue llevada aquella acción militar.

La historia de nuestro país registra que, cuando los mandos medios de la Guardia Nacional de Panamá encabezado por el mayor Boris Martínez, el teniente coronel José Humberto Ramos Bustamante, Rubén Darío Paredes, Omar Torrijos H. y otros militares dirigieron aquel golpe de Estado militar,  la Universidad de Panamá además de ser duramente reprimida, acto seguido fue clausurada por más de seis meses, bajo los argumentos y excusas de que se había una especie de relajamiento en sus principales autoridades, violando con esa acción la entonces Ley N° 48 de 1946, que amparaba la Autonomía Universitaria de esta prestigiosa institución; cuya intención de hecho y de fondo buscaba era cambiar todo eso por un “proceso normativo” que  a partir de ese momento le otorgase y permitiese el control directo a los militares, en la cosa universitaria.

En aquel entonces, frente a la avanzada militar, la Unión de Estudiantes Universitarios (UEU) fue desintegrada y con ello la otrora Federación de Estudiantes de Panamá (FEP), fueron intervenidas, desarticuladas y reducidas a pequeños grupos adoctrinados a los mandatos de los militares; igualmente hubo momentos difíciles y una suerte parecida con los gremios de profesores y de administrativos.

La historia registra que fueron momentos realmente muy difíciles para la Universidad de Panamá, pero ello no fue impedimento para que en medio de esa oscuridad se forjara como el acero, algunos esfuerzos de carácter independiente y coordinados desde el movimiento estudiantil que sería el llamado en lo inmediato a confrontar las “legislación” represivas internas, así como las medidas antipopulares ya impuestas.

A partir de ese momento y (al margen lo argumentado por los militares para dar aquel golpe), los universitarios mediante el accionar reúnen fuerzas y dentro de sus posibilidades reales en cada uno de sus estamentos iniciaron una serie de acciones, movilizaciones y de protestas (enfrentando a su paso los difíciles riesgos del momento), en defensa de la institucionalidad y de la principal Universidad comprometida desde sus inicios con la educación del pueblo panameño.

Estas acciones, dieron como resultado en efecto que la Universidad lograra su reapertura; sin embargo, esto se dio bajo la imposición de una “nueva regulación legal”, conocida entonces como “El Decreto  Gabinete N°144 del 31 de junio de 1969”, expedido por la entonces Junta de Gobierno (Decreto Mordaza), que eliminaba de tajo la Autonomía y el desarrollo democrático de los órganos de gobierno y cogobiernos; permitiendo de esta manera la intromisión desde el poder del Ejecutivo en la escogencia y selección del rector y sus demás autoridades, y de paso dicho decreto creaba la figura de una guardia universitaria.

A finales de junio del año 1969, la Universidad de Panamá reinicia labores y con ella el Arquitecto Edwin Fábrega es designado como rector encargado y para el 14 de julio de ese mismo año, se inician las clases en la casa de Octavio Méndez Pereira con una matrícula muy baja por lo acontecido con poco más de 11 mil estudiantes; donde además habían cambiado “las reglas del juego” en cuanto a la participación de los estudiantes y su representación ante los órganos y niveles de decisión.   

Aunque en junio 16 de 1970, aquel Decreto de Gabinete N° 144 que planteaba “la reorganización institucional” y que, frente a las presiones del momento, el mismo fue acogido y aprobado como “el Estatuto provisional” de la Universidad de Panamá; los universitarios tenían muy claro lo ello significaría en el desenvolvimiento de la vida académica, cultural, política y organizativa. Pero que, aun así, ello no sería un obstáculo para que los profesores, administrativo y por ende los estudiantes resistieran y actuaran (entre avances y retrocesos), a fin de lograr en algún momento recuperar la autonomía universitaria y el derecho histórico que desde 1935 en sus inicios le había asistido a esta prestigiosa institución pública de educación superior.

Es por ello que, a nuestro juicio, podemos señalar que, durante años difíciles para los universitarios, acompañados de arduos debates, confrontaciones y luchas con los militares y sus gobernantes de turnos impuestos…, la Universidad de Panamá, no claudicó en su accionar; y el resultado de esto y como un paso importante y primer triunfo, quedó registrado aquel 8 de junio de 1981, en el que después de arduas negociaciones entre estudiantes, profesores y trabajadores administrativos ya organizados, quienes ante el gobierno del presidente Aristides Royo, logran que se sustituyera aquel Decreto Gabinete N°144 (decreto militar mordaza), por la Ley N°11 Orgánica de la Universidad de Panamá.

Ley que fue aprobada por el Consejo Nacional de Legislación, durante la rectoría a cargo de Diógenes Cedeño Cenci y que además sustentaba la democratización educativa, retomaba el concepto de Autonomía, determinaba mecanismos internos de elección de las autoridades con la participación de docentes, administrativos y de los estudiantes; logrando además poner en marcha un nuevo Plan de Desarrollo Universitario. Esto demostró que, en aquellos momentos, muy difíciles y oscuros la Universidad de Panamá no claudicó en su accionar, y que, por ende, demostró carácter, beligerancia y sobre todo la valentía de los universitarios en la defensa de la institución, su autonomía y de su democracia interna.

Deja un comentario