El levamisol, un fármaco antiparasitario de uso veterinario y humano, es el adulterante más frecuente identificado en la cocaína incautada en Panamá, según reveló una investigación forense desarrollada en el marco de un proyecto de maestría en Toxicología Analítica y Forense de la Universidad de Panamá.
El estudio, elaborado por el licenciado Fermín Guerra, analizó muestras de cocaína remitidas al Laboratorio de Sustancias Controladas del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses (IMELCF) entre enero y mayo de 2023, utilizando la técnica de Cromatografía de Gases acoplada a Espectrometría de Masas, considerada uno de los métodos más precisos en el análisis forense de drogas.
Los resultados indican que el levamisol estuvo presente en el 25 % de las muestras examinadas, seguido por la cafeína como segundo adulterante más común y la lidocaína en menor proporción. Durante el periodo evaluado, no se detectó presencia de ketamina.
De acuerdo con el investigador, la inclusión de levamisol en la cocaína no responde únicamente a prácticas de “relleno”, sino que tiene efectos directos sobre el consumo. “La interacción del levamisol con la cocaína potencia el efecto adictivo. El consumidor siente la necesidad de consumir cada vez más, creyendo que es por la droga en sí, cuando en realidad se trata de la acción combinada de estas sustancias”, explicó Guerra.
La investigación también expone vacíos en la información estadística sobre consumo y mortalidad asociada a drogas ilícitas. Aunque datos de 2020 de organismos como la Oficina de Atención a las Drogas y el Delito (ODAS) y la Dirección de Orientación y Garantía de los Derechos (DORGEN) señalan que en zonas como Calidonia el 28 % de la población entre 20 y 40 años consume cocaína, no existen cifras actualizadas sobre muertes vinculadas directamente con la pureza y adulteración de las sustancias.
Panamá continúa figurando entre los países con mayores niveles de incautación de drogas en la región, siendo la cocaína la segunda sustancia más decomisada en el territorio nacional.
Ante este panorama, el estudio plantea tres ejes prioritarios para fortalecer la respuesta institucional: la implementación efectiva de un Sistema de Alerta Temprana para detectar nuevas sustancias y riesgos emergentes; la transición del análisis cualitativo al análisis cuantitativo, con el fin de determinar niveles de pureza y peligrosidad real; y el fortalecimiento de las capacidades técnicas del laboratorio de toxicología del IMELCF.
Más allá de su valor académico, la investigación se perfila como una herramienta científica clave para las autoridades de salud y seguridad, en un contexto donde la adulteración de drogas representa un riesgo creciente para la salud pública y la gestión del problema de las adicciones en Panamá.
Por: Yamileth Donalicio/ Foto: Karla Marciaga






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