El mundo ha sido testigo por diversos medios y redes sociales informativas, sobre lo que ha ocurrido en Medio Oriente, desde el día 28 de febrero a la fecha en este conflicto de guerra; planeada y provocada por el poderío imperial y militar de Estados Unidos y su aliado Israel contra el pueblo de Irán; cuya embestida y agresión ocasionó múltiples daños y muertes en ese país, sino que además acabó con la vida de su Ayatolá Alí Hoseiní Jameneí líder supremo de esa República Islámicay la de toda su familia que siempre estuvo junto a él.
Esta acción hostil y de agresión por parte de Estados Unidos e Israel, en efecto obligaron a Irán a actuar y responder de la misma forma, a tal magnitud y dimensión que Donald Trump y Benjamin Netanyahu jamás esperaban, ante el envío de drones y misiles hipersónicos que lograron penetrar el escudo antimisiles, destruir las bases militares, buques de guerra, portaviones, aeronaves estadounidenses ubicados en mar y tierra Israelí, al igual que bombardeos y múltiples daños colaterales y de gran magnitud en las principales ciudades de Israel y demás sitios estratégicos de sus países aliados.
En definitiva, estamos ante una guerra que por el momento no se le ve final alguno, pero que ha ocasionado un impacto de grandes dimensiones y repercusiones a nivel mundial, involucrando y comprometiendo directa o indirectamente a gobernantes que hasta el momento han sido débiles o sumisos a los dictámenes del imperialismo Trumpista de EE. UU, y también a aquellos que han planteado su desacuerdo con en esta guerra, llamando al Diálogo y claman por la Paz.
Al cumplirse ya 20 días de iniciado este conflicto en Medio Oriente, los resultados en muertes, heridos y destrucción de ciudades enteras, demás daños colaterales han sido realmente inmensas y devastadoras para ambas partes. Además de las consecuencias mundiales que ya está ocasionando la crisis actual en el Estrecho de Ormuz que en este momento impide el paso de más del 20 % de la flota mundial de Buques petroleros, gas y demás rubros energético; ocasionando un desequilibrio total en el tráfico naval y una gran crisis energética en los países de Asia y en el Continente Americano.
Aunque Panamá debe fungir como un país Neutral y Soberano, producto de algunos desaciertos y compromisos asumidos por quienes gobiernan el país con los Estados Unidos, las consecuencias de esta guerra, como ya lo han señalado algunos especialistas en relaciones internacionales, académicos, intelectuales, políticos y organizaciones sociales del país, “compromete a Panamá y el Canal Interoceánico como un posible objetivo militar de ataque”, debido a la presencia militar estadounidense de naves y efectivos militares existente en estas áreas y en otros puntos del territorio Istmeño. Sino que, además afecta el comercio y la economía del país.
Las consecuencias de esta guerra provocada por el gobierno estadounidense e israelí; ya empieza a sentirse e impactar en Panamá, con el disparado aumento en el costo de la gasolina, diésel, gas y de algunos fertilizantes claves y necesarios para la agro producción. Aumentos que de hecho traerá como consecuencia un efecto dominó en la mayoría de los rubros alimenticios y demás artículos de necesidad y consumo de los panameños del campo y la ciudad.
Sin dudas, frente a estos momentos de crisis mundial, sus efectos lo están pagando “justo por pecadores”; razón por la que urge ser parte de ese llamado mundial de los pueblos al cese del conflicto, a que surja el multilateralismo como vía para garantizar la estabilidad global y la Paz. Esa paz que “no es una aspiración abstracta, sino un derecho fundamental de los pueblos” en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, crisis humanitarias y amenazas a la seguridad global; como atinadamente lo ha expresado la Universidad de Panamá a través de un pronunciamiento del Consejo Académico del 4 de marzo del presente año, donde hace un “Llamado por la Paz y al Desarme Nuclear”.
Texto: Félix E. Villarreal V. / Foto: Generada por ChatGPT






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