Joaquín Beleño escribió un breve artículo intitulado Los obreros y los estudiantes, el cual consta en el repositorio digital del Centro de Investigaciones de la Facultad de Humanidades, allí explicó los hechos de la huelga universitaria de 1942:
“En 1942 incendia el panorama de la educación la Huelga Universitaria provocada por la separación de la profesora Georgina Jiménez. En esa época, nadie pensaba cuáles serían las consecuencias de esa huelga; los estudiantes no sabían para qué servían las huelgas y aprendieron mucho más de lo que suponían. En una hoja suelta titulada «Frente al Conflicto Universitario», un grupo de estudiantes repudiaba la manera como se había negociado la separación del Rector, en esa época Jeptha B. Duncan, sentando la tesis que los asuntos universitarios tenían que ser enfocados bajo la idea de renovar todo el sistema universitario”.
Así, una de las pioneras de la sociología, el feminismo y figura clave del Censo de 1940, quedó en medio de la huelga universitaria de 1942,
“la doctora GEORGINA JIMÉNEZ DE LÓPEZ, educada en la Universidad de Columbia, es la primera mujer que profesa Sociología después de los sabios alemanes y en 1949 estructura unos estudios importantes sobre la clase media, auspiciados por la Unión Panamericana, de Washington, además de su libro inédito Panamá en transición (1953).
Jiménez de López fue Bachiller en Ciencias de la Universidad de Nueva York (1932), master of arts, con especialidad en Sociología, de la Universidad de Columbia (1934), y doctora en Filosofía (1953) de la misma institución. Fue profesora de Sociología y Economía en la Universidad de Panamá (1940–1969), jubilándose en 1971. De 1940 a 1945 fungió como asesora en asuntos sociales del Censo de Población de 1940, llegando a ser Jefa de la Oficina del Censo. También fue Decana de la Facultad de Administración Pública y Comercio de la Casa de Méndez Pereira. Dejó escritos sobre reforma universitaria, feminismo y la familia panameña. Tocóle institucionalizar la Sociología en el Istmo a través de la enseñanza y de la investigación” (Figueroa Navarro, 2003, p.7).
Según César Del Vasto (2010), en Universidad de Panamá. Orígenes y evolución, la Universidad dependía directamente del Ministerio de Educación, creado como tal en 1941, por lo cual se encontraba “sometida a los vaivenes de la política tradicional”. Además, correspondía legalmente al Órgano Ejecutivo la designación del rector. En este contexto de fuerte dependencia política se dio “la destitución de la socióloga” Jiménez. De acuerdo con Del Vasto, los estudiantes reaccionaron solicitando al presidente de la República, Ricardo Adolfo de la Guardia y al ministro de Educación, Víctor F. Goytía, una “autonomía efectiva para la Universidad” (p.35). El conflicto alrededor de Jiménez adquirió así una dimensión que superaba su situación personal, puso en evidencia el problema de la dependencia de la Universidad respecto del poder ejecutivo.
La huelga de 1942 puede entenderse como una reacción ante la destitución de Jiménez, pero también como una temprana expresión de la lucha por liberar a la Universidad Nacional de Panamá de la intervención directa del Ejecutivo. La defensa de una profesora terminó convirtiéndose en una reivindicación institucional, la autonomía efectiva de la Universidad.
Un documento importante fue la resolución estudiantil fechada el 30 de septiembre de 1942, de la Asociación de Estudiantes Universitarios de Panamá. El texto permite observar que la destitución de la profesora de Sociología no fue interpretada por los estudiantes como un simple asunto administrativo, sino como una actuación arbitraria de las autoridades y una amenaza contra la libertad académica dentro de la Universidad Nacional.
La resolución señala expresamente que el rector de la Universidad Nacional había ejecutado una medida contra “la dignidad de Profesores y Estudiantes”, que culminó con la solicitud presentada al Ministerio de Educación para la destitución de la profesora de Sociología, doctora Jiménez, motivada por la publicación de su folleto Sobre Reforma Universitaria en Panamá. Donde “manifestaba sus opiniones con respecto a los cambios que debían hacerse en el campus universitario” (Barrantes, p. 68). Este punto es fundamental, según el propio documento estudiantil, existe una relación entre la publicación crítica de Jiménez y la actuación destinada a separarla de la Universidad.
Esta situación personal era una cuestión política, como lo planteó Kate Millet: “lo personal es político”. La profesora había intervenido públicamente en la discusión sobre el rumbo de la Universidad mediante un texto publicado precisamente en ese contexto. Su folleto cuestionaba aspectos de las reformas universitarias de aquellos años.
La resolución consideraba que el folleto defendía “en forma digna, precisa y objetiva los derechos del estudiantado de la Universidad” y expresaba las aspiraciones universitarias. Además, califica de “incontrovertible” el derecho de todo estudiante a velar por el prestigio de la Universidad y por la práctica de los principios democráticos de libertad académica y de asociación. La resolución del 30 de septiembre de 1942 constituye, por tanto, una evidencia de que el caso Jiménez estuvo estrechamente relacionado con la libertad de crítica o cátedra dentro de la Universidad.
La parte resolutiva confirma esta interpretación. Los estudiantes acuerdan protestar por la petición realizada contra la doctora Jiménez, solicitar que permanezca al frente de sus funciones y pedir una investigación amplia sobre la situación universitaria. Es decir, el documento no solamente expresa solidaridad personal con la profesora, cuestiona el procedimiento mediante el cual se pretende removerla y exige esclarecer las irregularidades existentes dentro de la institución.
En su folleto Sobre Reforma Universitaria en Panamá, publicado en Panamá en 1942, no constituye una oposición a toda reforma de la Universidad. Al contrario, desde las primeras páginas Jiménez deja claro que reconoce la necesidad de transformar la institución. Su discrepancia está en el sentido, los procedimientos y los fundamentos de las reformas que se estaban implementando. Por eso consideró oportuno examinar aquellas transformaciones “con la debida objetividad y consiguiente desapasionamiento” (Jiménez, 1942, p. 9).
En el propio documento explicó su interés por contribuir al beneficio de la Universidad. Su intervención, por tanto, debe entenderse inicialmente como una discusión académica sobre qué universidad necesitaba Panamá. Sin embargo, la crítica intelectual terminó adquiriendo una dimensión institucional y política, precisamente la publicación de este folleto fue señalada posteriormente como motivo de la solicitud de su destitución. De este modo, una controversia acerca de la reforma terminó convirtiendo a Jiménez parte de una disputa sobre la libertad académica y los límites de la autoridad universitaria.
Una de sus preocupaciones centrales era la falta de originalidad de las reformas. Jiménez consideraba que una transformación universitaria no podía consistir simplemente en trasladar experiencias ajenas al contexto panameño. El problema no era conocer modelos extranjeros, sino convertirlos en recetas. Su argumento sociológico era que toda reforma debía responder a las características concretas de la sociedad donde se aplicaba. De ahí su insistencia en establecer una correspondencia entre Universidad y sociedad. Investigaciones posteriores han caracterizado esta posición como un principio de «paralelismo socioeducativo»: los cambios educativos deben guardar relación con los cambios sociales, económicos y políticos de la colectividad.
Jiménez también formuló una concepción precisa de la misión universitaria. La comunidad panameña, sostiene, necesita una Universidad capaz de preparar profesionales y técnicos, pero esto resulta insuficiente. La institución debe formar también dirigentes capaces de comprender integralmente los problemas nacionales. Su crítica se dirige así contra el predominio de una especialización que termina fragmentando el conocimiento. Para ella, Panamá necesita técnicos, pero necesita igualmente líderes capaces de otorgar una finalidad social a esos conocimientos. Esta preocupación explica también su defensa de las Humanidades frente a una concepción predominantemente técnica de la formación universitaria.
Otro aspecto significativo de su crítica aparece cuando examina el funcionamiento cotidiano de la Universidad. Jiménez reconoce que las reformas habían producido resultados positivos y considera intelectualmente deshonesto negarlo. Su posición, por tanto, está lejos de ser una descalificación absoluta. Sin embargo, observa problemas en la organización académica, en el sistema de créditos, en la regularidad de las clases y en determinadas prácticas que podían perjudicar la estabilidad institucional. Incluso advierte sobre el peligro de convertir la Universidad en una institución sui generis mediante la incorporación poco reflexiva de sistemas educativos ajenos.
Jiménez reconoce que las reformas produjeron entusiasmo y dinamismo, pero considera llegado el momento de superar la improvisación. La Universidad debía corregir las anomalías, fortalecer su autonomía, mejorar el sistema académico y establecer una relación distinta entre profesores y estudiantes. “En fin, los universitarios deben constatar que el mundo académico no es un mundo de pequeñeces y de sórdidas ambiciones […], y en donde no hay otros intereses por encima de los del servicio social, la persecución de la verdad científica, y la adquisición del conocimiento en el más alto nivel” (p. 45).
Solicitó analizar las reformas con serenidad y objetividad, pero su ejercicio de crítica terminó colocándola en el centro de la huelga universitaria de 1942. Su destitución desencadenó una reacción estudiantil que vinculó su caso con la exigencia de autonomía universitaria. Así, Sobre Reforma Universitaria en Panamá debe leerse como una temprana reflexión acerca del tipo de Universidad que necesitaba el país y de su necesaria vinculación con la realidad social, mientras que el conflicto generado alrededor de Jiménez terminó insertándose en una reivindicación más amplia por la autonomía universitaria.
Referencias bibliográficas
Barrantes, B. (1998). Giorgina Jiménez, una feminista en los inicios de la sociología panameña. Revista Lotería, (417), 97–105.
Del Vasto, C. (2010). Universidad de Panamá: Orígenes y evolución. Universidad de Panamá
Figueroa Navarro, A. (2003). La sociología en Panamá en el siglo XX. USMA.
Jiménez, G. (1942). Sobre reforma universitaria en Panamá (2.ª ed.). Universidad Nacional de Panamá.
Texto: Abdiel Rodriguez Reyes / Doctor en Filosofía, catedrático en el Departamento de Filosofía e investigador del SNI-SENACYT





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