El director del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, Néstor Luque, informó sobre el seguimiento científico que se realiza al evento sísmico de magnitud 7.5, reportado el viernes 9 de octubre, y explicó que las réplicas registradas posteriormente forman parte del proceso de reajuste del sistema de fallas Azuero-Soná.

Néstor Luque advierte que Panamá está expuesto a grandes terremotos y destaca la necesidad de ampliar la red de sensores, evaluar las estructuras y fortalecer los sistemas de alerta temprana.

Durante una entrevista en TVN, Luque señaló que, de acuerdo con los registros de la red de estaciones sísmicas distribuidas en el territorio nacional, las réplicas superaban las 350 hasta la mañana de su intervención.

Explicó que, aunque estos movimientos pueden continuar durante días o semanas, se ha observado una tendencia a la disminución de su magnitud y frecuencia.

El especialista indicó que, después del evento principal, se registraron réplicas de magnitudes superiores a 6, entre ellas movimientos de 6.9, 6.3 y 6.1, que posteriormente descendieron a niveles de 5, 4 y 3.

Aclaró que este comportamiento es compatible con el proceso de reajuste de las fallas, aunque su evolución debe continuar bajo observación científica.

Suelos y fallas influyen en los efectos del sismo

Luque explicó que los daños ocasionados por un terremoto no dependen únicamente de la proximidad al epicentro, sino también de factores como el tipo de suelo, la profundidad del evento y las características de las ondas sísmicas.

Detalló que los suelos blandos y los terrenos de relleno pueden amplificar las ondas sísmicas, mientras que la intensidad del movimiento tiende a atenuarse a medida que aumenta la distancia respecto al epicentro.

Por ello, consideró importante profundizar los estudios sobre las condiciones geológicas y las características de los terrenos en distintas regiones del país.

El director precisó que el sistema de fallas Azuero-Soná comprende varias estructuras geológicas y no una sola falla. Los movimientos registrados en el área permiten estudiar el proceso de reajuste posterior al terremoto.

Asimismo, aclaró que otros sismos ocurridos en Chiriquí o cerca de las fronteras con Costa Rica y Colombia no necesariamente están relacionados con este evento.

Panamá debe fortalecer la prevención sísmica

El director del Instituto de Geociencias recordó que Panamá es un país tectónicamente activo y que los antecedentes históricos y los estudios geológicos confirman su exposición a terremotos de gran magnitud.

También señaló que Chiriquí continúa siendo una de las regiones con mayor actividad sísmica, debido a las características tectónicas de esa zona.

Ante este escenario, destacó la importancia de mantener y ampliar las investigaciones sobre las fallas

activas, los tipos de suelo y la amenaza sísmica. Entre los trabajos que desarrolla la Universidad de Panamá, junto con otras instituciones académicas, mencionó los estudios de efecto de sitio, la microzonificación sísmica y el modelamiento probabilístico del riesgo sísmico.

Además, indicó que, con apoyo de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT), se trabaja en el procesamiento de imágenes satelitales mediante técnicas de interferometría radar (InSAR), que permiten analizar posibles deformaciones del terreno. También se gestionan acciones para enviar personal especializado al área afectada, con el propósito de medir la deformación de la falla y los desplazamientos registrados.

Alerta temprana y evaluación de infraestructuras

Luque manifestó que Panamá necesita fortalecer sus capacidades técnicas para avanzar hacia un sistema de alerta temprana de terremotos.

Explicó que este proceso no consiste únicamente en enviar avisos a los teléfonos celulares, sino que requiere ampliar la cantidad de sensores sísmicos, mejorar la capacidad de los servidores y disponer de programas informáticos que permitan procesar los datos con mayor rapidez.

Según el director, estas acciones se encuentran en evaluación y forman parte de las iniciativas impulsadas mediante un comité en el que participan autoridades gubernamentales. También mencionó la necesidad de continuar actualizando el código sísmico nacional y desarrollar herramientas que contribuyan a reducir los riesgos ante futuros eventos.

Otra de las líneas de trabajo consiste en evaluar la capacidad sismorresistente de las infraestructuras, especialmente las instalaciones de salud.

En este esfuerzo, la Universidad de Panamá, a través de sus facultades de Ingeniería y Arquitectura, ha manifestado su disposición de colaborar con la Universidad Tecnológica de Panamá y la Universidad Católica Santa María La Antigua (USMA).

Un llamado a la preparación y la investigación

El especialista subrayó que el reciente terremoto deja importantes lecciones para el país y refuerza la necesidad de invertir en investigación científica, monitoreo sísmico y evaluación de las edificaciones.

Aunque la tendencia observada en las réplicas apunta a una disminución de su magnitud y frecuencia, Luque insistió en la importancia de mantener la calma y continuar el seguimiento de la actividad sísmica.

La experiencia, sostuvo, debe servir para fortalecer la prevención y la preparación nacional, con la participación de las universidades, las autoridades y las instituciones responsables de la seguridad de la población.

Por: Alfredo Meléndez Moulton / Foto: TVN.

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