El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá contabilizó 746 réplicas hasta las 7:40 a. m. de este viernes 16 de octubre de 2026, como parte del monitoreo permanente de la actividad sísmica posterior al terremoto de magnitud 7.5 que sacudió la región de Azuero.

Así lo informó Néstor Luque, director del Instituto de Geociencias, quien explicó que el día anterior, durante el último reporte realizado aproximadamente a las 4:00 p. m., se contabilizaban cerca de 696 réplicas, lo que evidencia la continuidad de la actividad sísmica en el área.

Según el especialista, estos movimientos se distribuyen alrededor del sistema de fallas de Azuero, en las proximidades del evento principal. Indicó que las réplicas corresponden al proceso de reacomodo de los bloques de la corteza terrestre, que buscan alcanzar nuevamente una condición de estabilidad.

Luque estimó que este proceso podría prolongarse entre uno y dos meses, aunque aclaró que otros sismos que ocurran fuera de esta zona y que no estén vinculados con el sistema de fallas no necesariamente guardan relación con el terremoto principal.

Especialistas investigan cambios en la zona costera

Otro de los aspectos abordados por el director del Instituto de Geociencias fue la deformación del relieve costero reportada en sectores cercanos al mar, donde residentes han señalado cambios en la posición de la línea de costa y el aparente alejamiento de las aguas.

Al respecto, Luque confirmó que se ha enviado personal especializado al campo para investigar estos fenómenos. Los equipos incluyen geólogos que trabajan en coordinación con especialistas de cooperación internacional, entre ellos profesionales procedentes de Venezuela y una geóloga que se incorporará desde Colombia.

El director explicó que los terremotos de gran magnitud pueden producir deformaciones del terreno, que se manifiestan mediante levantamientos o hundimientos en determinadas áreas, incluidas las zonas costeras.

“Cuando hay un evento como este, hay deformación del relieve”, señaló, al explicar que la energía liberada por el movimiento del sistema de fallas pudo generar modificaciones en el terreno.

No obstante, precisó que las investigaciones continúan para establecer las dimensiones de estos cambios. Los especialistas realizan mediciones de campo con el propósito de obtener valores numéricos que permitan describir y explicar científicamente las deformaciones observadas.

La Pitalosa, área del evento principal

Durante las declaraciones, Luque identificó a La Pitalosa como el lugar donde se registró el impacto del sismo principal. Sin embargo, explicó que la energía liberada pudo distribuir las deformaciones alrededor de esa zona, por lo que las investigaciones no se limitan únicamente al punto donde ocurrió el evento.

El trabajo de campo permitirá determinar con mayor precisión las características y la extensión de los cambios registrados en el relieve costero, así como aportar información científica sobre sus posibles efectos en las comunidades próximas al litoral.

Mientras continúan las evaluaciones, el Instituto de Geociencias mantiene el seguimiento de la actividad sísmica y de las condiciones del terreno, con el objetivo de documentar la evolución del fenómeno y contar con datos verificables sobre sus consecuencias.

Los resultados de estas investigaciones serán fundamentales para comprender mejor el comportamiento del sistema de fallas de Azuero y las posibles modificaciones geológicas asociadas al terremoto.

Por: Irina Chan Castillo.

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