Las huellas que deja un terremoto en la tierra pueden revelar mucho más que la magnitud de un movimiento sísmico: permiten reconstruir cómo se comporta una falla, cuánto se desplaza y qué ocurrió en el pasado geológico. Con ese propósito, especialistas del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá realizaron una gira de campo por las zonas afectadas, tras el terremoto de magnitud 7.5 registrado el pasado 9 de octubre en la península de Azuero.
El director del Instituto de Geociencias, Néstor Luque, explicó que la misión tuvo como objetivo fortalecer la capacidad de monitoreo en el área del sistema de falla Azuero-Soná, mediante la instalación de estaciones sísmicas, la revisión de equipos existentes y la realización de estudios de deformación de la corteza terrestre.
Durante la gira se instalaron estaciones sísmicas en Soná, Quebrada Grande, al sur de la península de Azuero, Mariato, Quebro y Macaracas. Asimismo, se revisaron las estaciones ubicadas en Penonomé y Las Tablas, con el propósito de reforzar la vigilancia instrumental de la actividad sísmica en la región.
Estas labores permiten obtener datos científicos directamente en las zonas afectadas, verificar los cambios registrados en el terreno y complementar la información que proporcionan los instrumentos de monitoreo y las imágenes satelitales.
Medir la deformación de la tierra para comprender el terremoto
Luque señaló que, durante las inspecciones, se identificaron desplazamientos importantes en el sector sur del plano de falla, hacia Tonosí y el área meridional del sistema de fallas, en dirección a Los Santos.
El estudio de estas deformaciones es fundamental para comprender cómo se produjo la ruptura y cuáles fueron sus efectos sobre la superficie terrestre. Las mediciones realizadas después de un terremoto constituyen una oportunidad científica para documentar los cambios ocasionados por el movimiento de una falla y establecer referencias que permitan comparar futuros eventos.
El director explicó que esta información también puede contribuir a las investigaciones geológicas sobre la actividad sísmica histórica de la región. A través de la paleosismología, una disciplina que estudia las evidencias de terremotos antiguos, los especialistas pueden investigar cuántas veces se ha movido una falla, interpretar sus desplazamientos anteriores y estimar las características de esos eventos.
De acuerdo con Luque, al relacionar las evidencias geológicas del pasado con los datos instrumentales obtenidos en el presente, es posible avanzar en la comprensión de la energía liberada durante los terremotos y de los intervalos que podrían separar un evento de otro.
Sin embargo, aclaró que todavía no existen suficientes registros instrumentales para establecer con seguridad un período de recurrencia de los grandes sismos en esta falla.
El director indicó que, al considerar los eventos de 1913 y 2026, se dispone de muy pocos datos para determinar cuánto tiempo transcurre entre un terremoto y el siguiente. Por ello, es necesario ampliar las investigaciones hacia el pasado mediante el análisis geológico de la zona y de las evidencias de antiguos movimientos de la falla.
Esta es una de las razones por las que científicos y especialistas realizan mediciones en el terreno después de un terremoto: los desplazamientos recientes ofrecen información que puede ayudar a reconstruir la historia sísmica de la región y mejorar las estimaciones sobre su comportamiento futuro, aunque no permiten predecir con certeza cuándo ocurrirá otro evento.
Investigaciones para identificar deslizamientos y zonas vulnerables
La gira científica también forma parte de los esfuerzos para documentar las afectaciones ocasionadas por el terremoto sobre el terreno, incluidos los deslizamientos y otros cambios en la superficie.
Luque explicó que un grupo de científicos, entre ellos investigadores del Instituto de Geociencias que realizan estudios doctorales y otros colaboradores, trabaja en el análisis de imágenes satelitales para identificar las áreas afectadas y corroborar en campo los desplazamientos y deslizamientos observados.
Estos estudios permiten precisar dónde se han producido cambios en el terreno y aportar información sobre las zonas que requieren especial atención, particularmente durante la actual temporada lluviosa.
El director advirtió que las áreas donde ya se han registrado deslizamientos pueden experimentar nuevos movimientos debido a la continuidad de las precipitaciones. La saturación del suelo y el ablandamiento de los materiales pueden favorecer la inestabilidad de las laderas y ocasionar nuevos deslizamientos o deslaves.
Ante esta situación, recomendó a la población no acercarse a las zonas donde se han identificado deslizamientos, debido a la posibilidad de que el terreno vuelva a desplazarse.
Ciencia de campo al servicio de la prevención
Las giras del personal de Geociencias representan una parte esencial del trabajo científico posterior a un terremoto. Además de reforzar el monitoreo instrumental, permiten comprobar directamente las alteraciones del terreno, registrar desplazamientos y reunir evidencias que no pueden obtenerse únicamente mediante la observación a distancia.
La combinación de mediciones sísmicas, estudios de deformación, análisis satelitales e investigaciones geológicas ayuda a construir una visión más completa de los efectos del terremoto y de la evolución del sistema de fallas de Azuero-Soná.
Los resultados de estas investigaciones contribuirán a comprender mejor la actividad sísmica de la región y a identificar sectores susceptibles a nuevas afectaciones. Mientras continúan los análisis científicos, la recomendación inmediata es mantener la distancia de las áreas con deslizamientos y prestar atención a las advertencias de las autoridades competentes, especialmente durante los períodos de lluvias persistentes.
Con cada medición y cada evidencia documentada en el terreno, los especialistas amplían el conocimiento sobre un fenómeno natural complejo y generan información científica necesaria para evaluar los riesgos y orientar las medidas de prevención.
Cabe destacar que hasta las 7:45 de hoy, 23 de octubre de 2026, el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá registra un promedio de 1.039 réplicas desde el sismo del pasado 9 de octubre.
Por: Irina Chan Castillo/ Foto: Cortesía de Geociencias.






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