El terremoto de magnitud 7.5 que sacudió la península de Azuero el 9 de octubre de 2026 continúa siendo objeto de investigación por parte del Instituto de Geociencias (IGC) de la Universidad de Panamá. A través del análisis de imágenes satelitales, el procesamiento de datos geofísicos y las inspecciones en campo, los especialistas avanzan en la identificación de las alteraciones que el movimiento sísmico produjo en el terreno y de las amenazas geológicas que podrían persistir después del evento.

De acuerdo con el avance preliminar del monitoreo divulgado por el IGC, se han identificado 9,553 deslizamientos mediante el análisis de imágenes satelitales, de los cuales 4,822 se localizan en la zona epicentral. Estos resultados permiten dimensionar parte de los efectos del terremoto sobre las laderas y reconocer áreas que requieren seguimiento por su posible inestabilidad.

La investigación también considera los deslizamientos que continúan produciéndose después del sismo, debido a que algunas laderas quedaron inestables. Esta condición puede favorecer nuevos desprendimientos, especialmente cuando las características del terreno y las condiciones ambientales contribuyen a su debilitamiento.

La tecnología satelital permite reconstruir los efectos del terremoto

Uno de los principales aportes de esta investigación es el uso de imágenes satelitales de Copernicus Sentinel-2 para identificar y localizar los deslizamientos asociados al evento sísmico. Esta información permite examinar extensas superficies afectadas y reconocer patrones espaciales que orientan las posteriores verificaciones en el terreno.

El IGC también utiliza imágenes de radar para analizar la deformación de la superficie terrestre. Mediante la comparación de datos obtenidos antes y después del terremoto, los especialistas pueden estimar cuánto se desplazó el suelo y reconocer indicios de la ruptura de la falla.

Según la explicación técnica difundida por el Instituto, el límite entre los colores observados en el mapa de deformación señala el punto donde el movimiento del terreno cambia de sentido, lo que permite identificar la ruptura asociada a la falla.

La integración de estas herramientas contribuye a comprender mejor cómo se manifestó el terremoto en la superficie y proporciona información para el estudio del comportamiento de las estructuras geológicas involucradas.

Sedimentos y cuencas: una amenaza que requiere vigilancia

Los efectos del terremoto no se limitan a los deslizamientos identificados. El IGC mantiene bajo observación los ríos que reciben grandes cantidades de sedimentos procedentes de las laderas, las carreteras afectadas, las zonas con indicios de licuefacción, los sectores con relajación lateral en los cauces y la franja costera de la península.

La acumulación y el transporte de material desprendido pueden modificar las condiciones de los cauces y aumentar la amenaza de inundaciones. Por esta razón, el Instituto, en coordinación con el Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC) y las autoridades locales, prioriza las cuencas que presentan una mayor densidad de deslizamientos.

Esta estrategia permite concentrar las labores de reconocimiento en áreas donde los sedimentos podrían desplazarse hacia los ríos y generar condiciones de riesgo para las comunidades ubicadas aguas abajo.

El seguimiento de estos procesos resulta relevante para la gestión del riesgo de desastres, ya que los efectos de un terremoto pueden continuar manifestándose después del movimiento principal, especialmente en terrenos que han perdido estabilidad.

Una investigación que combina satélites y trabajo de campo

El monitoreo científico se mantiene de manera permanente, las 24 horas del día, en la zona costera de Azuero y otros sectores afectados. Los datos obtenidos mediante satélites y radares son complementados con recorridos de campo para verificar las observaciones y documentar las condiciones reales del terreno.

El Instituto de Geociencias advierte que los resultados son preliminares, debido a que continúan el procesamiento de imágenes satelitales y las labores de reconocimiento en las áreas afectadas. Por tanto, las cifras podrían actualizarse conforme avance el análisis científico.

Los hallazgos ofrecen una base para comprender la extensión de los efectos geológicos del terremoto y orientar la identificación de sectores que requieren atención prioritaria. Asimismo, demuestran la importancia de integrar la investigación geocientífica, el monitoreo instrumental y la coordinación institucional para mejorar el conocimiento de las amenazas naturales y contribuir a la protección de la población.

Fuente: Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá. Avance preliminar del monitoreo del IGC, 28 de octubre de 2026.

Nota: Las cifras corresponden a resultados preliminares divulgados por el Instituto y no deben interpretarse como un inventario definitivo de todos los deslizamientos ocurridos en la región.

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