La inteligencia artificial (IA) puede convertirse en una poderosa aliada de la investigación científica, pero también representa una amenaza cuando sus resultados se aceptan sin comprobar su veracidad.
Este fue el mensaje central de la Dra. Mayuri C. Galindo A., profesora de la Facultad de Administración de Empresas y Contabilidad (FAECO) de la Universidad de Panamá, durante su exposición titulada “La verdad bajo el algoritmo: la inteligencia artificial y los nuevos retos éticos de la investigación”, presentada en el marco del VII Coloquio Doctoral y el II Simposio de Maestrías de la Asociación Latinoamericana de Facultades y Escuelas de Contaduría y Administración (ALAFEC).
Galindo, gerente de Grupo Galva Internacional y egresada del Doctorado en Ciencias Empresariales de la Universidad de Panamá, compartió con los participantes experiencias que evidencian los riesgos del uso inadecuado de estas tecnologías.
Como ejemplo, relató que, durante la elaboración de un artículo científico, un equipo de investigadores detectó, al verificar la bibliografía, que algunas referencias y revistas citadas no existían.
Esta experiencia la llevó a reflexionar sobre la importancia de comprobar cada fuente antes de incorporar información a un trabajo académico.
Durante su presentación, también expuso casos que ilustran las consecuencias de confiar ciegamente en los resultados generados por la IA, entre ellos un informe elaborado por la firma Deloitte para el Gobierno de Australia, en 2025, que contenía referencias académicas inexistentes, así como un proceso judicial relacionado con la aerolínea Avianca, en el que abogados utilizaron citas de casos judiciales generadas por ChatGPT que no correspondían a decisiones reales.
Estos ejemplos, señaló, demuestran que ni el prestigio de una organización ni la aparente precisión de una respuesta sustituyen la verificación rigurosa de la información.
La académica destacó que la investigación científica debe sustentarse en tres pilares fundamentales: la ética, el rigor metodológico y el uso responsable de la tecnología.
En ese sentido, subrayó la necesidad de garantizar la transparencia, proteger los datos, reducir los sesgos, validar las fuentes y promover la revisión por pares.
Asimismo, recomendó recurrir a herramientas académicas como Google Scholar y los identificadores DOI para comprobar la existencia y autenticidad de las referencias bibliográficas.
Otro de los aspectos que generó reflexión fue el impacto de la inteligencia artificial en el aprendizaje y el pensamiento crítico de los estudiantes.
Galindo advirtió sobre el riesgo de que las nuevas generaciones deleguen en estas herramientas tareas esenciales como escribir, analizar, resumir y argumentar, debilitando así sus capacidades cognitivas.
Por ello, hizo un llamado a los docentes a fortalecer los ejercicios de escritura, la lectura y el análisis crítico en todos los niveles educativos, desde el pregrado hasta los estudios doctorales.
La expositora también reconoció el potencial de la IA para acelerar procesos complejos, procesar grandes volúmenes de información y apoyar descubrimientos científicos, siempre que exista supervisión humana.
No obstante, aclaró que los algoritmos no asumen la responsabilidad por los resultados que producen: esta recae en los investigadores, quienes deben verificar la información, declarar el uso de estas herramientas cuando corresponda y garantizar la integridad de sus publicaciones.
Como reflexión final, la Dra. Galindo insistió en que el compromiso con la verdad debe prevalecer frente al avance tecnológico. La inteligencia artificial puede facilitar el trabajo científico, pero no reemplaza el criterio, la ética ni la responsabilidad de quien investiga.
Su mensaje para la comunidad académica fue claro: utilizar la IA como una herramienta de apoyo, nunca como sustituto del pensamiento crítico ni de la búsqueda rigurosa de la verdad.
Por: Alfredo Meléndez Moulton / Foto: Yamileht Donalicio.






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