Hay un Panamá que no aparece completo en la documentación oficial, en discursos diplomáticos ni en los manuales de estilo o de protocolo. Se trata de ese Panamá que tanto nos gusta, aunque no quepa necesariamente en la gramática tradicional. Ese Panamá de boca en boca vive intensamente desde siempre en la calle, con “flow y fleiva”, en la radio, en la fonda de la esquina, en el ghetto, dentro y fuera del taxi, en los memes, en la esquina del viejo barrio y hasta en la política nacional. En nuestro país hablamos otro idioma dentro del español: el panameño, mi pana.
Decir “qué xopá, fren”, “buco pocotón”, “juma y goma”, “revulú”, “ñañara”, “tongo”, “lambón” o “desguañingao” no es solamente utilizar jerga popular. Es activar códigos culturales, sociales y emocionales que cuentan quiénes somos, cómo sobrevivimos y hasta cómo entendemos el humor, el poder y la convivencia.
Una de las voces más importantes en el estudio del español panameño, Luisita Aguilera Patiño, sostenía que el habla popular refleja la memoria colectiva y la identidad cultural de los pueblos. Y en casa, donde incorporamos con orgullo el “meto”, “C3” y el “PTY-507” en el lenguaje cotidiano, probablemente más que muchos países de la región, se ha construido una identidad verbal caribeña, afroantillana, gringa-panameña, campesina, indígena, canalera, migrante y urbana al mismo tiempo.
Por eso aquí alguien puede quedar “aculillao” frente a un problema, vivir “en panga” a fin de mes, formar un “zafarrancho” político, ser puro “tilín tilín” o andar de “wachi wachi” en las redes sociales, así como “ni chicha ni limonada”. Y lo más divertido es que todos entendemos perfectamente de qué se habla. Hasta Kafu Banton lo explica en su canción Habla como Pana.
El sociólogo panameño Raúl Leis decía que la cultura popular es un espacio de resistencia y creación colectiva. En nuestro patio limoso eso se nota hasta en el “rofeo”. Muchas nacieron desde sectores históricamente marginados y luego terminaron infiltrándose en la publicidad, en la televisión, en el marketing, en la radio y hasta colonizando campañas políticas. El lenguaje popular panameño democratizó el habla para todos y todas. ¿Te diste cuenta?, tal y como lo decía en buen panameño el maestro de la radio, Roosevelt de Ycaza desde su “esquina curva”.
Hoy un diputado puede decir “bóyala witi… demencia” en TikTok, un locutor hablar de “laopecillos” al aire y un universitario escribir que anda con “buco estrés” en WhatsApp sin sentir contradicción entre lo académico y lo cotidiano. El idioma se flexibilizó y la calle también entró al algoritmo.
Pero también existe cierto clasismo lingüístico. Todavía hay quienes asocian palabras como “chombón”, “runcho”, “chutri” o “mamarracho” con falta de educación, cuando en realidad forman parte de procesos culturales complejos ligados a la historia urbana panameña y al mestizaje lingüístico del país.
El español panameño tiene además una riqueza sonora extraordinaria. Expresiones como “tilín tilín”, “ripirripi”, “rochín tochín” o “baila la vara” poseen musicalidad propia. No es casualidad que muchas hayan sobrevivido gracias a la salsa, al reggae en español, a la bomba y plena, al barrio y al humor popular.
En Panamá no solamente hablamos: reinterpretamos el lenguaje con licencias creativas del barrio. Un “soplamoco” no suena igual que una reprimenda. Un “guabanazo” no es simplemente un golpe cualquiera, ni un “roncabalao”. Un “pelele” político tiene una carga semántica distinta a la de un simple incompetente. Cada palabra lleva ritmo, ironía, contexto y pasión. ¿Nos falta calle? Para nada, mi güial.
Quizás por eso el panameño puede pasar del protocolo diplomático al “¿qué xopá mi fren, todo chilin?” en menos de cinco minutos sin perder autenticidad, porque nuestra identidad lingüística nunca fue completamente formal. Siempre fue híbrida, tropical, variopinta, silvestre, “de a peso”, contradictoria y profundamente humana.
Así, Panamá se narra desde sus barrios. Y entender estas palabras también es entender quiénes somos. ¿Te diste cuenta?
Texto: Rainer Tuñón C. / Ilustración: Generada por IA






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