La historia patria nos recuerda, como universitarios y como panameños, en especial a la juventud estudiosa de hoy, que hace sesenta y ocho años la juventud estudiantil de ese entonces, desde diversos colegios secundarios del país, consciente y preocupada porque su año escolar iniciaba con un “caos educativo” y con niveles de decadencia presupuestaria, ya que la prioridad al parecer eran los organismos represivos de seguridad, decidió organizarse y movilizarse bajo la consigna de “más escuelas y menos cuarteles”, enarbolando las banderas de lucha, exigiendo mejores escuelas, el derecho a la organización estudiantil y el respeto a sus opiniones e ideas; denunciando además la politiquería existente a lo interno del aparato educativo y la profunda injerencia de la política norteamericana en la confección curricular de los planes de estudio.

Frente a aquella realidad política y coyuntural, la dirigencia estudiantil de la Universidad de Panamá, bajo las banderas de la otrora Federación de Estudiantes de Panamá (F.E.P.), que articulaba de hecho la Unión de Estudiantes Universitarios (U.E.U.) y también la Unión de Estudiantes Secundarios (U.E.S.), representada en aquel entonces por el Instituto Nacional, Colegio Artes y Oficios, Esc. Profesional Isabel Herrera de Obaldía, Instituto Fermín Naudeau, Instituto Istmeño, Liceo de Señoritas, Instituto Justo Arosemena, Instituto Nacional de Agricultura, Esc. Normal Juan Demóstenes Arosemena, Colegio Félix Olivares, Colegio Abel Bravo y el Instituto Moderno; en conjunto decidieron y asumieron la tarea política de actuar en función de las justas demandas, reivindicaciones y soluciones a los problemas existentes en la educación y en el país.

Frente a la negativa e incapacidad del gobierno de turno en actuar responsablemente a favor de los intereses del pueblo panameño, los estudiantes se organizaron para convocar diversas movilizaciones estudiantiles a nivel nacional, mismas a las que se unieron las organizaciones estudiantiles de la Universidad de Panamá articuladas en la U.E.U., la juventud del Partido del Pueblo y, por supuesto, el pueblo panameño que espontáneamente se solidarizó con las justas demandas de los estudiantes secundaristas aglutinados en la (U.E.S.).

Esas movilizaciones y acciones pacíficas y legítimas de los estudiantes lograron arribar hasta la Plaza Catedral, para exigir ser escuchados por el Presidente de la República; sin embargo, fueron violenta y brutalmente reprimidas por la Guardia Nacional de la época, hecho que dio como resultado las primeras diez bajas de personas asesinadas y centenares de manifestantes gravemente heridos. Acto criminal que fue denunciado nacional e internacionalmente por la dirigencia universitaria de la FEP y por todo el pueblo panameño.

Aquel 19 de mayo, la represión desatada contra la juventud estudiosa provocó que una bomba lacrimógena sin explotar, disparada por la policía, impactara en el pecho y a la altura del corazón del estudiante artesano José Manuel Arauz, siendo este el primer mártir en caer en las inmediaciones de la Plaza Catedral. Posteriormente, Rolando Jiménez, Belermina De León, Miguel Batista, Eduardo Oscar Girón, Luciano Paz, Héctor Gómez Díaz, Oswald Campbell, Manuel De Gracia y Luisa Barnett serían los demás jóvenes abatidos durante aquella gesta de mayo de 1958.

La historia registra que el mando presidencial estaba a cargo de Ernesto De La Guardia, quien por medio de su edecán Raúl Arias Espinoza ordenó aquella cruel y violenta represión, cuando el movimiento estudiantil panameño actuó decididamente en las calles para demandar mejores condiciones de estudio y exigir al gobierno de turno una mejor educación, democrática, popular y científica.

Aquella juventud estudiosa y el pueblo panameño, en medio del luto y dolor, asumieron con dignidad y valentía realizar los funerales, honrar a sus mártires caídos y, frente a sus tumbas, hicieron el juramento de continuar la lucha los días 21 y 22 de mayo, con acciones que fueron igualmente reprimidas de forma violenta, por órdenes directas del entonces comandante de la Guardia Nacional, Bolívar Vallarino, quien además ordenó sitiar el Nido de Águilas y a sus francotiradores disparar contra los estudiantes que desde allí resistían.

Frente a lo ocurrido, la reacción de la dirigencia estudiantil de la Universidad de Panamá fue inmediata y la de los pobladores de los barrios como Santa Ana, Calidonia y El Marañón fue de solidaridad en defensa de los estudiantes institutores, con la finalidad de rescatarlos para llevarlos hacia la Universidad de Panamá. A razón de lo ocurrido, múltiples acciones de protesta del pueblo panameño fueron expresadas en las calles y reprimidas, dejando a su paso decenas de heridos; muchos de estos socorridos de inmediato y llevados al Hospital Santo Tomás y otros a la Caja de Seguro Social.

Ricardo Arturo Ríos Torres (Q.E.P.D.), en su libro La Épica de la Soberanía, al respecto describe lo siguiente: “El país indignado por lo ocurrido se paraliza con una gran huelga nacional. El gobierno suspende las garantías constitucionales, censura a los medios de comunicación y militariza las ciudades de Panamá y Colón”, y no suficiente con esto, “La Guardia Nacional sitia a dos mil estudiantes instalados en la Universidad de Panamá, hay centenares de detenidos y heridos, el país llora a más de 30 panameños asesinados por la masacre iniciada desde el 19 hasta el 22 de mayo”.

En medio de aquel trágico escenario, la dirigencia estudiantil universitaria desde la otrora FEP impulsó una importante acción política conjuntamente con las autoridades universitarias, encabezadas por el entonces rector Dr. Jaime De La Guardia (tío del entonces presidente de la República), gremios docentes, sindicales y profesionales del país, donde lograron conversaciones directas con el gobierno en la búsqueda de un acuerdo de tregua ante la ola continua de represiones y el conflicto nacional existente hasta ese momento.

Esa importante acción política de la dirigencia estudiantil de la Universidad de Panamá, en compañía de sus autoridades, permitió que días después se lograse el conocido Pacto de la Colina, firmado precisamente en la Universidad de Panamá el 29 de mayo de 1958. Pacto en el que los estudiantes plantearon claramente sus demandas que, en resumen, exigían:

· Resolver como prioridad la crisis de la educación panameña en ese entonces.

· Destinar mayor presupuesto a favor de la educación panameña.

· Indemnización para los heridos y para los familiares de los mártires.

· Renuncia de los comandantes de la Policía Nacional que liderizaron la represión y los asesinatos.

· Renuncia y castigo ejemplar al edecán presidencial Raúl Arias Espinoza.

· Renuncia del Ministro de Educación, Víctor Juliao, por incompetente.

· La construcción de nuevos planteles a nivel nacional, entre otras demandas y reivindicaciones legítimas.

En este pacto, el presidente Ernesto De La Guardia y su gabinete ejecutivo, según el profesor Ricardo A. Ríos T. (Q.E.P.D.), “se comprometían a darle prioridad a las demandas estudiantiles para solucionar el caos educativo que se resumía en un asunto de urgencia notoria en respuesta a la democratización real de la educación nacional, indemnizar a los familiares de los caídos, liberar a los detenidos, adecentar a la Guardia Nacional y eliminar su participación en los negociados denunciados por la opinión pública”.

En esa misma línea, el Dr. Carlos Calzadilla G. (Q.E.P.D.), en su obra Historia sincera de la República, señaló que: “El Pacto de la Colina significó en el fondo, el reconocimiento del Panamá político, en su incapacidad para gobernar, y quedó en blanco y negro la censura y corruptelas de aquel instituto armado de la Guardia Nacional dirigida por el comandante Bolívar Vallarino”.

Han pasado 68 años de aquella inolvidable gesta, imposible de olvidar, de la que aún hay tareas pendientes, por lo que corresponde a la juventud estudiosa panameña de hoy reivindicar ese valioso legado, retomar la organización del movimiento estudiantil a nivel secundario en función del bienestar educativo y nacional; igualmente, ha de corresponder lo propio a los estudiantes a nivel universitario en aras de fortalecer los niveles de organización y resaltar la esencia histórica de lo que fue mayo de 1958.

Y en ese contexto de reflexión y recordación, creemos que el momento actual convoca a analizar la situación actual del país; convoca igualmente a plantear acciones alternativas y propuestas desde el debate de las ideas, desde la academia y desde la cultura política, en defensa de la neutralidad y soberanía panameña; convoca a construir unidad en la diversidad, a exigir respuestas y soluciones frente a los diversos problemas hoy existentes en el país. Mismos que deben ser prioridad en la agenda del gobierno actual como administrador del Estado, en la dirección de solucionarlos, de garantizarle mejor presupuesto a la educación pública, mejor calidad y tecnología avanzada en todos los niveles en beneficio de las actuales y futuras generaciones.

Texto: Félix E. Villarreal V.

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