Los universitarios a nivel nacional, identificados en sus tres estamentos (profesores, administrativos y estudiantes), se preparan para escoger el próximo 1 de julio del 2026, a los nuevos Decanos (as), Directores (as) de Centros Regionales y a quien asumirá la rectoría de la Universidad más grande en su extensión territorial, la Universidad de Panamá, institución de prestigio, rectora, referente y reconocida nacional e internacionalmente por su excelencia académica y cultural, y por sus altos estándares de calidad que la ubican de número uno en los principales rankings a nivel mundial.

Sí, nos referimos a la universidad de Octavio Méndez Pereira que pese a las múltiples obstáculos,  adversidades políticas o económicas vividas en el tiempo, como defensora del pensamiento crítico, ha logrado avanzar gracias a su capacidad resiliente, y que durante 90 años ha formado, graduado y entregado más de trescientos cincuenta mil profesionales altamente capacitados en sus especialidades (académico-intelectuales); aportando con ello positivamente al avance y desarrollo del país y en la conformación estructural, política, económica, social y cultural del Estado.

Dicho esto, el actual periodo de campaña electoral permite a todos los candidatos(as) que aspiran a la rectoría y otros cargos; a que puedan desarrollar sus planteamientos, presentar sus planes, propuestas y proyectos a los profesores, administrativos y estudiantes que son los votantes en este proceso ponderado y electoral, periodo donde reiteramos debe prevalecer la armonía, la tolerancia y el respeto, en medio de ese espacio de debate y de ideas; donde la crítica ha de ser constructiva y no destructiva, donde la controversia o discrepancia en las opiniones deben encaminarse en buscar soluciones y no en lacerar a la institución y su importante valor que ha logrado construir y consolidar en el tiempo.

Esto lo expresamos ya que en medio de este periodo folclórico y académico de proselitismo universitario. En paralelo a ello, surgen acontecimientos que creo debemos observar y escuchar con detenimiento, inteligencia y mesura; ya que se trata de otras universidades públicas del país, donde han surgido denuncias, malestares y señalamientos (válidos estos o no), pero que, mediáticamente generan y crean un panorama negativo hacia la esencia institucional de estos claustros de enseñanza superior; ya que las narrativas que se plantean o desarrollan en el marco dichas (denuncias o señalamientos), no sólo condenan o procesan al individuo o individuos implicados; sino que además a su paso afectan el prestigio y la esencia de la educación superior.

Este tipo de denuncias o señalamientos a lo interno de estas universidades desde luego que deben ser atendidas (en primera instancia), en el marco de los procedimientos propios de sus órganos de gobierno, leyes internas y el Estatuto; y en caso tal que trasciendan hacia otras instancias donde se deban atender, investigar o proceder; que esto bajo ningún criterio, pretexto o intención afecte o irrumpa con la Autonomía de estas instancias académicas (ya que de ocurrir), le abre puertas a quienes han manifestado crear instancias “superiores” y de control por encima de las universidades, como también le abre puertas a aquellos que abanican y plantean las tesis de privatizar la educación pública superior, a fin de deslindarle la responsabilidad del Estado, de dotar el presupuesto anual a cada una de estas instituciones académicas.

Como universitarios, tengan presente que este fenómeno se viene observando desde hace ya varios años hacia distintas universidades públicas, con pensamiento crítico y defensoras de su Autonomía. Para el año 2024 el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), en un evento realizado en la Habana Cuba, puso este tema en el escenario del debate, donde el análisis y la preocupación puso en primera línea la defensa de la educación superior y particularmente la de las universidades públicas entendidas como “lugares estratégicos y protagónicos para el desarrollo profesional y científico de los países”.

Al respecto, la socióloga Uruguaya Karina Batthyány yDirectora General de CLACSO, en el 2024 expresó: “Estamos en un momento muy complejo para América Latina y el Caribe, no solamente en Argentina, sino también en otros países de la región”, donde “las universidades públicas están siendo asediadas en dimensiones que son preocupantes”.  

Una de estas es “la asfixia presupuestaria a la que se somete a la educación superior pública, que atenta directamente contra el derecho a la educación superior en términos generales para todos y todas y a lo largo de toda la vida”.  Y esto a su vez, se suma a una tendencia regional y mundial de mercantilización y privatización de la Educación Superior, que en muchos casos se ha convertido en un negocio. Hay actores económicos muy fuertes tratando de apoderarse de la educación terciaria”, puntualizó Karina Batthyány en aquella ocasión.

En ese sentido, se debe tener claro que están latentes los intereses malintencionados de sectores conservadores, libertarios, empresarial y hasta serviles del poder sistémico que desde afuera busca intervenir, acaparar, controlar, asfixiar y de atentar contra la autonomía de la Universidad de Panamá.  A razón de lo anterior, es oportuno señalar que, en el desarrollo de este periodo de proselitismo electoral, los candidatos deben elevar el nivel académico en su campaña, planteamientos y propuestas; razón por la que, (candidatos y simpatizantes), no pueden darse el “lujo” de caer en diatribas, rivalidades, descalificaciones, discrepancias o valoraciones “apasionadas o especulativas”alejadas de ese nivel superior que nos define como universitarios; ya que esto es precisamente lo que esos denominado “enemigos” de la Universidad de Panamá y de la educación superior esperan que ocurra para arremeter contra esta noble institución de educación pública y superior que durante 90 años ha estado abierta y al servicio del pueblo panameño.

Texto y Foto: Félix E. Villarreal V.

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