Especialista de la Facultad de Informática, Electrónica y Comunicación explica qué dice la evidencia científica sobre las radiofrecuencias y su impacto en la salud humana.
En una época en la que las tecnologías inalámbricas forman parte de la vida cotidiana, la Universidad de Panamá reafirma su compromiso con la divulgación del conocimiento científico y la educación de la ciudadanía, promoviendo información sustentada en la evidencia para contribuir al combate de la desinformación sobre temas de interés público.
Uno de los asuntos que con mayor frecuencia genera inquietud es si las redes Wi-Fi y las antenas de telefonía móvil 5G representan un riesgo para la salud humana. La comunidad científica internacional ha dedicado décadas de investigación a responder esta interrogante mediante estudios epidemiológicos, experimentales y revisiones sistemáticas.
De acuerdo con el consenso científico actual, no existe evidencia sólida y reproducible que demuestre que la exposición a las radiofrecuencias emitidas por redes Wi-Fi o antenas 5G, cuando operan dentro de los límites establecidos por las autoridades regulatorias, provoque enfermedades en la población.
Sin embargo, los investigadores continúan desarrollando estudios para evaluar los posibles efectos de la exposición acumulativa a largo plazo, como parte del proceso normal de actualización del conocimiento científico.
Las tecnologías Wi-Fi y 5G emplean radiación electromagnética no ionizante, la cual posee un nivel de energía insuficiente para romper enlaces químicos o producir daños directos en el ADN, a diferencia de la radiación ionizante utilizada en procedimientos médicos o presente en materiales radiactivos.
Diversas investigaciones realizadas en comunidades cercanas a estaciones base de telefonía móvil no han encontrado incrementos consistentes en la incidencia de cáncer, enfermedades neurológicas, alteraciones reproductivas o aumentos en la mortalidad asociados a la exposición habitual a estas radiofrecuencias.
Aunque algunas personas manifiestan experimentar dolores de cabeza, insomnio, fatiga, mareos o dificultades de concentración tras la instalación de antenas, los estudios realizados bajo condiciones controladas no han logrado establecer una relación causal entre estos síntomas y la exposición a las señales inalámbricas.
La importancia de las regulaciones técnicas
El decano de la Facultad de Informática, Electrónica y Comunicación de la Universidad de Panamá, Javier Fernández Pájaro, explicó que las preocupaciones sobre la exposición a radiofrecuencias han acompañado el desarrollo de las telecomunicaciones desde hace varias décadas y han motivado la creación de estrictas normas internacionales que regulan la potencia máxima permitida para los sistemas de transmisión.
«Las emisiones de radiofrecuencia están reguladas mediante estándares internacionales y nacionales. El objetivo es garantizar que los niveles de exposición permanezcan dentro de márgenes considerados seguros para la población», señaló.
Fernández recordó que el desarrollo de la telefonía móvil en Europa durante la década de 1990 estuvo acompañado de debates públicos sobre la instalación de antenas, situación que impulsó numerosas investigaciones científicas para evaluar los posibles efectos de estas tecnologías.
«Con el paso de los años, la evidencia científica disponible ha permitido establecer normas técnicas que regulan la potencia de transmisión. Mientras esas regulaciones se cumplan, no existe evidencia concluyente de que estas emisiones representen un riesgo para la salud», explicó.
El académico destacó además que las personas conviven diariamente con múltiples fuentes de campos electromagnéticos provenientes de redes eléctricas, equipos electrónicos, sistemas de comunicación y otros dispositivos tecnológicos.
«Seguimos expuestos a diferentes tipos de campos electromagnéticos en nuestra vida cotidiana. Lo importante es que todos estos sistemas operen dentro de los niveles establecidos por los organismos reguladores, respaldados por investigaciones científicas», agregó.
La investigación continúa
Fernández señaló que la ciencia evoluciona constantemente y que cada nueva generación de tecnologías de telecomunicaciones es objeto de evaluación por parte de investigadores de todo el mundo.
«En ciencia nunca se deja de investigar. Siempre es necesario continuar estudiando los efectos a largo plazo para fortalecer el conocimiento y ofrecer mayor certeza a la sociedad», indicó.
En este sentido, las principales revisiones científicas internacionales coinciden en que:
No existe evidencia confirmada de que las antenas 5G instaladas conforme a los límites regulatorios provoquen enfermedades en la población.
Los efectos observados en algunos estudios experimentales no han podido reproducirse de manera consistente ni establecer una relación directa con daños a la salud humana.
La investigación científica continúa desarrollándose para ampliar el conocimiento sobre la exposición prolongada a las tecnologías inalámbricas.
Universidad comprometida con la divulgación científica
La Universidad de Panamá, a través de sus facultades e institutos de investigación, mantiene su compromiso de acercar el conocimiento científico a la sociedad, fomentando una cultura basada en la evidencia, el pensamiento crítico y la información verificada.
Frente a la rápida evolución de las telecomunicaciones y la circulación de información en plataformas digitales, especialistas universitarios recomiendan consultar fuentes científicas confiables y organismos internacionales reconocidos antes de aceptar o difundir afirmaciones sobre posibles riesgos para la salud.
El fortalecimiento de la alfabetización científica constituye una herramienta esencial para que la ciudadanía pueda comprender los avances tecnológicos, valorar sus beneficios y conocer las medidas regulatorias que garantizan su utilización segura en beneficio del desarrollo social, económico y educativo del país.
Por: Alfredo Meléndez Moulton. Foto: EM / IA






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