Un cuarto de siglo después de los atentados que estremecieron al mundo, la memoria del 11 de septiembre permanece también en Panamá, donde aquel acontecimiento abrió nuevas preguntas sobre seguridad, relaciones internacionales y los cambios que marcaron al siglo XXI.
Hay fechas que no necesitan ser anunciadas para ser recordadas. Permanecen en la memoria colectiva porque marcaron un antes y un después. El 11 de septiembre de 2001 es una de ellas.
Hace 25 años, el mundo observó, con asombro e incredulidad, cómo una mañana aparentemente ordinaria se transformaba en una de las jornadas más trágicas de la historia contemporánea.
En Nueva York, dos aviones impactaron las Torres Gemelas del World Trade Center; otro alcanzó el Pentágono y un cuarto cayó en Pensilvania después de que pasajeros y tripulantes intentaran recuperar el control de la aeronave. Los ataques dejaron 2,977 víctimas mortales, procedentes de más de 90 países.
La tragedia ocurría a miles de kilómetros, pero sus imágenes y sus interrogantes llegaron rápidamente a Panamá y se incorporaron a la conversación pública de un país que, por su posición geográfica y estratégica, conocía de cerca el peso de los acontecimientos internacionales.
El 11 de septiembre abrió un nuevo escenario mundial y planteó preguntas que también alcanzaron a nuestra sociedad.
En ese contexto, la Universidad de Panamá, como principal institución pública de educación superior del país y espacio de formación, investigación y análisis de la realidad nacional e internacional, tampoco podía permanecer ajena a las transformaciones que siguieron a los atentados.
El acontecimiento pasó a formar parte de las discusiones académicas sobre seguridad, relaciones internacionales, política exterior y el nuevo orden mundial que comenzaba a configurarse.
El impacto del 11 de septiembre trascendió las fronteras de Estados Unidos. Las políticas de seguridad se endurecieron, las relaciones entre los Estados adquirieron nuevas dimensiones y el terrorismo pasó a ocupar un lugar central en la agenda internacional.
Panamá también tuvo que interpretar ese nuevo escenario desde su propia realidad y desde la importancia estratégica del Canal, en un mundo que comenzaba a redefinir sus prioridades de seguridad.
La producción académica de la Universidad de Panamá refleja parte de ese interés por comprender las repercusiones del acontecimiento y sus efectos sobre el escenario internacional y la posición de Panamá.
Desde la investigación y el análisis, la universidad contribuyó —y continúa contribuyendo— a la comprensión de procesos que trascienden las fronteras y terminan incidiendo en las sociedades.
Por eso, recordar el 11 de septiembre desde la Universidad de Panamá adquiere un significado que va más allá de una efeméride. Recordar también es analizar, cuestionar y comprender. Es preservar la memoria de quienes perdieron la vida y, al mismo tiempo, reconocer las profundas transformaciones que aquel día desencadenó.
Para quienes vivieron aquel momento, el 11 de septiembre permanece asociado a imágenes, voces y sensaciones difíciles de borrar. Para las nuevas generaciones, en cambio, comienza a pertenecer al territorio de la historia: una historia que conocen a través de fotografías, documentales, libros y relatos de quienes fueron testigos.
Ahí reside una de las razones para mantener viva la memoria.
Porque recordar no significa permanecer anclados en el pasado. Significa comprenderlo para interpretar mejor el presente y asumir con mayor conciencia los desafíos del futuro.
Veinticinco años después, las Torres Gemelas ya no están. Pero permanecen los nombres de quienes murieron, las historias de quienes sobrevivieron y las preguntas que aquel día dejó abiertas.
Preguntas que siguen interpelando al mundo, a Panamá y también a sus universidades.
Por: Liza Douglas / Foto: Cortesia IA






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