Admiro profundamente a tres grandes figuras de la intelectualidad panameña: Ricaurte Soler, Juan Antonio Tack y Alfredo Castillero Calvo. Los tres, desde ámbitos distintos, contribuyeron a pensar el país, su historia y su lugar en el mundo. En 1958 Soler organizó un curso de verano sobre Historia de las Ideas en América, en el mismo presentaron sendas reflexiones Tack y Castillero Calvo, las cuales a su vez salieron publicadas ese mismo año en la revista Lotería. A partir de la lectura de estas reflexiones puedo esbozar algunas consideraciones. Desde 1958 comenzaran a marcar un derrotero intelectual. Eran jóvenes que participaban activamente en una generación preocupada por estudiar nuestra realidad. Conocer quiénes fueron, permite dimensionar mejor nuestras trayectorias intelectuales.

Soler fue uno de los principales teóricos y pensadores del siglo XX. Filósofo e historiador de las ideas, convirtió el problema de la nación en una preocupación intelectual permanente. Miguel Montiel Guevara recuerda una escena particularmente interesante, en el verano de 1960 Soler llegó al Instituto Nacional para reemplazar a Juan Antonio Tack como profesor de Filosofía, pues este último ingresaba al servicio diplomático. Nadie podía imaginar entonces los caminos que tomarían ambos. Tack terminaría convertido en el “canciller de la dignidad”, mientras Soler, llegaría a ser uno de los principales intérpretes de la formación nacional panameña (Montiel Guevara, 2013, p. 15). Aquella sustitución en las aulas del nido de águilas parece hoy una imagen simbólica de nuestra historia intelectual.

Juan Antonio Tack siguió comprometido con Panamá por la vía diplomática. Nacido en 1934, se graduó en 1958 como profesor de Filosofía e Historia en la Universidad de Panamá. Fue profesor universitario y del Instituto Nacional antes de incorporarse a la Cancillería en 1960. Su trayectoria diplomática alcanzaría su momento más significativo durante las negociaciones sobre el Canal. Su nombre quedó especialmente vinculado al Acuerdo Tack-Kissinger de 1974, antecedente fundamental del proceso que conduciría posteriormente a los Tratados Torrijos-Carter. Por eso, como señaló Gilberto Marulanda (2023), pasó a nuestra historia como el “canciller de la dignidad”. Tack representó esa extraordinaria posibilidad de intervenir directamente en los grandes problemas nacionales.

Alfredo Castillero Calvo representa, por su parte, la erudición histórica. Su extensa obra sobre el Panamá colonial permitió comprender dimensiones fundamentales de nuestra formación social, económica y cultural. Guillermo Castro (2018) utiliza una expresión que me parece particularmente acertada, contar con la obra y la labor de Castillero constituye un “privilegio”. Lo es porque su investigación nos permite mirar el pasado no como simple acumulación de acontecimientos, sino como una herramienta para comprender el presente. Castro destacó, además, su contribución a la defensa de las Humanidades y su capacidad para explicar la función histórica de Panamá dentro de procesos mundiales mucho más amplios.

Soler, Tack y Castillero recorrieron caminos distintos, la filosofía y la Historia de las Ideas, la diplomacia y la historia. Sin embargo, los tres confluyen en una misma preocupación, comprender nuestro pasado. Mirados desde nuestro presente, constituyen una generación intelectual que entendió la importancia de nuestro pasado.

En Tack, el pensamiento hispanoamericano puede entenderse como el conjunto de ideas, doctrinas y manifestaciones intelectuales producidas históricamente en la América de colonización española. Pero Tack introduce una distinción importante, que exista pensamiento en Hispanoamérica no significa necesariamente que exista, desde el comienzo, una filosofía hispanoamericana original. Su pregunta central es precisamente si en el Nuevo Mundo se dificultó una “originalidad o autenticidad estrictamente filosófica”. Para la época colonial, su respuesta es negativa, sostiene que durante esos tres siglos “no hubo ni podía haber” un pensamiento filosófico propiamente original, debido a las circunstancias históricas de la Colonia. El pensamiento colonial estuvo condicionado por una estructura política, económica, social, religiosa y cultural. España trasladó a América sus instituciones y, particularmente, su organización religiosa. La Iglesia asumió una función central en la educación y en la cultura, controlando universidades y buena parte de la circulación intelectual.

Para Soler, la cuestión fundamental no consiste simplemente en preguntarnos si América produjo filósofos tan originales como Europa. Esa manera de formular el problema proviene de lo que denomina una historia “intelectualista” o “inmanente” de las ideas. Desde ese criterio, las ideas se comparan exclusivamente con otras ideas y los sistemas con otros sistemas. El resultado inevitable es medir América con el patrón europeo y concluir que el pensamiento hispanoamericano sería apenas “un ‘reflejo’, una copia caricaturesca del pensamiento europeo”.

Soler intenta superar ese criterio. Lo importante no es buscar obsesivamente una originalidad filosófica absoluta, sino descubrir la relación entre las ideas y las condiciones históricas que las producen. Por eso recuerda la “íntima relación” existente entre los fenómenos socioeconómicos y políticos y las formulaciones filosóficas, sociológicas y literarias.

Aquí encontramos una clave fundamental para responder la pregunta. El pensamiento americano no es americano simplemente porque haya sido escrito geográficamente en América. Lo es porque adquiere sentido y significación dentro de las modalidades históricas particulares de las sociedades americanas.

Por eso Soler termina considerando “ociosa” la pregunta por la autenticidad de nuestra cultura. La autenticidad no debe buscarse en un supuesto espíritu abstracto, sino “en las modalidades particulares de una realidad que condiciona y determina pensamientos y filosofemas”.

Castillero Calvo lleva este problema general a la circunstancia panameña. Su punto de partida resulta muy interesante porque advierte que no está escribiendo exclusivamente una historia de filósofos en sentido estricto, sino también de “pensadores”. Además, reconoce que en Panamá el pensamiento se encuentra “sumamente diluido en innúmeras obras”. Por eso propone reconstruir las tendencias intelectuales sin separarlas de la “dinámica histórica y social” dentro de la cual surgen las ideas. Aquí Castillero coincide claramente con el criterio historiográfico planteado por Soler. Pero introduce algo específicamente panameño, la circunstancia. Leopoldo Zea, señala que los americanos tenemos problemas que surgen de nuestra propia circunstancia y que debemos resolver nosotros mismos. Inmediatamente lleva esa afirmación al Istmo: “la circunstancia panameña es harto peculiar”.

¿Cuál es esa peculiaridad? Panamá ha sido históricamente un “país de tránsito”. Su geografía y su apertura permanente a influencias externas han condicionado la formación de su conciencia nacional. Sin embargo, frente a esa condición transitista aparece una tendencia intelectual que Castillero denomina “teorización de la patria”: el esfuerzo por comprender nuestra esencia como pueblo y por “desentrañar la intimidad del carácter social panameño”. Para Castillero, allí se encuentra justamente “el problema clave de nuestro pensamiento”.

Estos tres jóvenes intelectuales que participaron en aquel curso de 1958 parecen converger en una cuestión decisiva, pensar desde nuestra circunstancia. No se trata simplemente de demostrar que tenemos filosofía o de buscar desesperadamente una originalidad desligada de la historia. Se trata de comprender cómo nuestras ideas expresan problemas nacidos de nuestra propia formación histórica. En última instancia, pensar Panamá desde Panamá, pero sin aislarlo del contexto regional, ni de los grandes procesos históricos que han configurado el mundo.

Referencias

Castro H., G. (2018). El privilegio Castillero. En A. Castillero Calvo, Antología histórica: Artículos, ensayos, conferencias. Editora Novo Art.

Marulanda, G. (2023). Juan Antonio Tack Rodríguez: El canciller de la dignidad. Revista Contacto, 3(2), 156–166.

Montiel Guevara, M. (2013). Ricaurte Soler: La cuestión de identidad nacional y Latinoamérica. Editorial Universitaria Carlos Manuel Gasteazoro, Universidad de Panamá.

Castillero Calvo, A. (1958). Breves apuntes para una historia del pensamiento panameño. Lotería, (37), 81–92.

Soler, R. (1958). Criterio historiográfico para una historia del pensamiento americano. Lotería, (29), 29–34.

Tack, J. A. (1958). El pensamiento hispanoamericano durante la época colonial. Lotería, (30), 68–80.

 Texto: Abdiel Rodríguez Reyes / Foto: Ilustrativa

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