En el marco de la conmemoración de los 123 años de separación de Panamá de Colombia, el director del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, magíster Néstor A. Luque, tuvo a su cargo el discurso como orador oficial, en el que presentó una reflexión sobre el significado histórico de esta fecha y los desafíos que enfrenta el país para consolidar su soberanía.
Durante su intervención, Luque destacó que Panamá no debe entenderse únicamente como una franja de tierra entre dos océanos, sino como un territorio cuya formación geológica tuvo una trascendencia mundial. Explicó que el surgimiento del istmo permitió la conexión entre América del Norte y América del Sur, modificó las condiciones climáticas del planeta y facilitó el intercambio de especies animales y vegetales entre ambos continentes.
“Panamá no está en el mapa, Panamá hizo el mapa”, expresó el académico, al resaltar la importancia geográfica del territorio nacional y su papel en la historia natural del planeta.
Al abordar los acontecimientos del 3 de noviembre de 1903, el director del Instituto de Geociencias recordó que la separación de Colombia estuvo vinculada a diversos factores históricos, entre ellos las consecuencias de la Guerra de los Mil Días, el rechazo del tratado Herrán-Hay por el Senado colombiano y el interés estratégico de Estados Unidos en la construcción de un canal interoceánico.
También hizo referencia a las condiciones en que nació la República, particularmente a la firma del Tratado Hay-Bunau Varilla, el 18 de noviembre de 1903, que estableció condiciones sobre la Zona del Canal y representó importantes limitaciones para el ejercicio pleno de la soberanía panameña.
En ese contexto, señaló que la independencia política debía complementarse con la capacidad del país para tomar sus propias decisiones y conocer sus recursos naturales. “La independencia de 1903 no fue solo un acto de voluntad panameña, fue también el resultado de un cálculo ajeno sobre nuestro territorio”, manifestó.
La independencia del conocimiento y la prevención sísmica
Uno de los aspectos centrales de su discurso fue la necesidad de que Panamá alcance una verdadera independencia del conocimiento, especialmente en materia científica y geológica.
Luque sostuvo que un país que desconoce lo que existe debajo de su suelo, que no estudia sus fallas geológicas y que no conoce suficientemente sus aguas y costas, continúa dependiendo de información y conocimientos externos para comprender su propio territorio.
Como ejemplo de esta realidad, recordó el sismo de magnitud 7.5 registrado el 9 de octubre, que provocó importantes desplazamientos del terreno en el sistema de fallas del sur del país. Indicó que, durante las semanas posteriores al evento, los especialistas del Instituto de Geociencias documentaron más de 1,150 réplicas sísmicas.
Asimismo, destacó que el reducido número de víctimas mortales no fue producto del azar, sino de una combinación de factores relacionados con la profundidad del movimiento, la distancia, las características de las fallas, las construcciones y el monitoreo sísmico.
El académico también advirtió sobre la circulación de información falsa durante la emergencia, particularmente una lista de supuestas personas fallecidas, y recordó que “también se defiende la patria diciendo la verdad”, al hacer un llamado a la población a compartir información verificada y evitar la desinformación.
En cuanto a las necesidades del país, informó que Panamá cuenta con 65 estaciones sísmicas, aunque no todas operan al 100 % de su capacidad. Señaló que se requiere una inversión estimada entre 1.5 y 3 millones de dólares para establecer un sistema nacional de alerta temprana sísmica, que permita ofrecer segundos valiosos de anticipación a la población ante un evento de esta naturaleza.

Tres propuestas para fortalecer el país
En la parte final de su intervención, el director del Instituto de Geociencias planteó tres acciones fundamentales para avanzar hacia un Panamá más preparado y con mayor capacidad de decisión:
1. Financiar un sistema nacional de alerta temprana sísmica, incorporándolo de manera permanente al presupuesto del Estado y no únicamente como una medida de emergencia después de cada movimiento telúrico.
2. Ordenar el territorio con fundamento científico, utilizando mapas de amenazas geológicas para determinar dónde y cómo deben construirse escuelas, hospitales, viviendas y nuevas comunidades.
3. Formar nuevas generaciones de profesionales en ciencias de la Tierra, promoviendo el interés de los jóvenes por la investigación científica y fortaleciendo las capacidades del Instituto de Geociencias.
Finalmente, Luque manifestó que la soberanía nacional no debe limitarse a los acontecimientos históricos que marcaron la separación de España, la separación de Colombia y la recuperación del Canal de Panamá, sino que debe proyectarse hacia el conocimiento, la investigación y la capacidad de proteger el territorio.
“Nos dejaron un país, no nos dejaron terminado el proyecto”, expresó, al invitar a las nuevas generaciones a asumir la responsabilidad de continuar construyendo una nación más preparada, consciente de sus recursos y comprometida con su futuro.
Concluyó su mensaje con una reflexión sobre el papel de cada ciudadano en la construcción nacional: “La pregunta no es si Panamá se mueve, la pregunta es si nos movemos nosotros”, y cerró con un llamado a seguir trabajando por el país:
¡Que viva Panamá y que viva sobre todo el Panamá que todavía nos falta por construir!
El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá desempeña un papel fundamental en el monitoreo de la actividad sísmica nacional, la investigación de las fallas geológicas y la generación de información científica que contribuye a la prevención de desastres y a la protección de la población.
Por: Alfredo Melendez Moulton. / Foto: Frank Summers






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