Un sismo de magnitud 3.9, registrado a las 5:38 p.m. del miércoles 4 de noviembre de 2026, en las proximidades de la Falla de Pedro Miguel, vuelve a poner en perspectiva la importancia de fortalecer la vigilancia sísmica y establecer un sistema nacional de alerta temprana que permita a la población contar con segundos valiosos para proteger sus vidas.

El movimiento telúrico fue reportado por el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, bajo la dirección del geólogo Néstor Luque. De acuerdo con el informe oficial, el epicentro se localizó a cinco kilómetros al noroeste de Arraiján, provincia de Panamá Oeste, con una profundidad de siete kilómetros.

La ubicación del evento sísmico cobra especial relevancia debido a su proximidad a la Falla de Pedro Miguel, una estructura geológica que atraviesa el área del Canal de Panamá y se encuentra cerca de importantes zonas urbanas del país.

La posibilidad de un terremoto de mayor magnitud en esta zona representa un escenario que requiere atención y planificación, debido a sus potenciales consecuencias sobre infraestructuras estratégicas, como el Canal de Panamá, hospitales, centros educativos, puentes y viviendas, además de poner en riesgo a más de un millón de habitantes de la ciudad capital y Panamá Oeste.

Este acontecimiento recuerda el discurso pronunciado por Néstor Luque el pasado 3 de noviembre de 2026, en la Plaza de la Bandera, durante la conmemoración de los 123 años de separación de Panamá de Colombia.

En aquella intervención, el director del Instituto de Geociencias hizo un llamado a que Panamá alcance una verdadera independencia del conocimiento, particularmente en materia científica y geológica.

Luque sostuvo que un país que desconoce lo que existe debajo de su territorio, que no estudia sus fallas geológicas y que no conoce suficientemente sus aguas y costas, continúa dependiendo de información y conocimientos externos para comprender los riesgos y las características de su propio territorio.

Asimismo, explicó que el reducido número de víctimas mortales en determinados eventos sísmicos no es producto del azar, sino de una combinación de factores, entre ellos la profundidad del movimiento, la distancia del epicentro, las características de las fallas geológicas, la calidad de las construcciones y la capacidad de monitoreo sísmico.

Uno de los aspectos más importantes de su exposición fue la situación de la vigilancia sísmica nacional.

Luque informó que Panamá cuenta con 65 estaciones sísmicas, aunque reconoció que no todas funcionan al 100 % de su capacidad.

Ante esta realidad, señaló que el país necesita una inversión estimada entre 1.5 y 3 millones de dólares para establecer un sistema nacional de alerta temprana sísmica.

Esta herramienta permitiría detectar oportunamente el inicio de un movimiento telúrico y emitir avisos que proporcionen segundos de anticipación a determinadas comunidades antes de la llegada de las ondas sísmicas más fuertes.

Aunque esos segundos puedan parecer insignificantes, pueden marcar una diferencia importante para la vida humana: permitir detener operaciones industriales, activar protocolos de emergencia, proteger a pacientes en hospitales, detener trenes o vehículos y alertar a las personas para que busquen un lugar seguro.

Durante su intervención, el director del Instituto de Geociencias planteó tres acciones fundamentales para avanzar hacia un Panamá con mayor capacidad de prevención y respuesta ante las amenazas geológicas:

Financiar un sistema nacional de alerta temprana sísmica: incorporarlo de manera permanente al presupuesto del Estado y no considerarlo únicamente una medida de emergencia después de cada movimiento telúrico.

Ordenar el territorio con fundamento científico: utilizar mapas de amenazas geológicas para determinar dónde y bajo qué condiciones deben construirse escuelas, hospitales, viviendas y nuevas comunidades.

Formar nuevas generaciones de profesionales en ciencias de la Tierra: despertar el interés de los jóvenes por la investigación científica y fortalecer las capacidades técnicas y humanas del Instituto de Geociencias.

El reciente sismo registrado en Panamá Oeste constituye un recordatorio de que el país necesita continuar fortaleciendo sus capacidades científicas y tecnológicas para conocer mejor su territorio y reducir los riesgos asociados a los fenómenos naturales.

La prevención no consiste en esperar a que ocurra una tragedia para actuar.

Significa invertir con anticipación, preparar a las instituciones, educar a la población y disponer de herramientas tecnológicas que permitan responder oportunamente.

En materia sísmica, cada segundo cuenta. Un sistema de alerta temprana, acompañado de construcciones seguras y una población preparada, puede representar una diferencia fundamental entre una emergencia y una tragedia de grandes proporciones.

Por: Alfredo Meléndez Moulton / Foto: Cortesía.

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