Al iniciar el nuevo año 2024 y con este, la época de verano en nuestro país, ya se escuchan, por diversos medios informativos a algunos voceros y especialistas en el tema hídrico, opiniones sobre los posibles momentos críticos como consecuencia del denominado “fenómeno del niño”, que afectará no solo en los principales afluentes hídricos de nuestra extensa geografía, sino en los niveles requeridos para el funcionamiento operativo de Canal y en las principales potabilizadoras que abastecen de agua a la población.

Frente a esa realidad climatológica y descenso evidente en los niveles del vital líquido, tanto para el Canal de Panamá como para los principales afluentes de la ciudad y del interior, las autoridades gubernamentales y demás regentes encargados vienen planteando establecer algunos “mecanismos” de racionalización, a fin de sobrellevar esta situación hasta que regrese la época de lluvias, sin pretender atender, ni resolver planificadamente el problema de fondo.

Desde nuestro punto de vista sobre el tema en mención, plantear “el controlar” y “racionalizar” el uso y consumo de agua, en efecto es un asunto objetivamente a atender, pero creemos que también es un asunto de justicia y/o justeza. Decimos esto, porque siempre hay un enfoque y una campaña sistemática hacia la población de que no desperdicie el agua, a que racionalice, que revise fugas en las tuberías, que evite el riego de plantas, que no instale piscinas, etc., debido a que, la consigna es “cuidar de ese preciado líquido”, pero resulta que, gran parte de esa población a quien le dirigen esa campaña sistemática a nivel nacional durante los 365 días del año, día a día exige lucha y protesta porque no les llega el agua a sus hogares, barriadas y comunidades donde residen.

Lo irónico de este asunto es que, cuando esa población pide y lucha por agua para resolver sus necesidades básicas e inmediatas, hay quienes despectivamente les han llamado “marginales” o los han mandado a “beber agua al río” y sin la menor intención de resolverles la angustia y necesidad imperante de obtener y disfrutar de esa agua clorada y potable (que solo la ven facturada en el recibo), ya que periódicamente como “paliativo” o “sorteos” le llega desde los camiones cisterna. De lo contrario, tienen que reajustar sus presupuestos para comprarla en botella o galones en el supermercado.

Desde un enfoque crítico y a la vez objetivo sobre este tema del agua, reiteramos que esto realmente es un asunto de justicia y/o justeza, ya que mientras los gobernantes y autoridades competentes pretenden limitar, racionalizar y hasta sacrificar a la mayor parte de la población, continúa la deforestación de grandes hectáreas de árboles, continúan los mega proyectos urbanos y residenciales, los dueños de clubes turísticos y de grandes empresas durante estas “épocas de sequias y racionalización”, hacen uso y despilfarro de este vital líquido, en la producción industrial de todo tipo de productos a base de agua (licores, cerveza, gaseosas, cítricos, lácteos, otros).

También, vemos como succionan los ríos y desperdician agua en los procesos de lixiviación de minerales, en los regadíos de grama comercial, en el mantenimiento del verdor en los clubes de golf para abastecer los carros cisterna para los culecos en carnavales, represan y desvían el curso de los ríos en beneficio comercial de los balnearios y, además, continúan produciendo millones de litros de “agua embotellada” para la venta masiva a la población necesitada de agua.

Por otro lado, está la gran demanda de agua que durante estas épocas difíciles requiere el Canal de Panamá para su normal funcionamiento. De hecho, agua que va al mar y que jamás retorna, ya que las “mega tinas” multimillonarias en su costo y construcción como un reservorio ofertado en la “campaña” para la construcción de lo que fue el tercer juego de esclusas, prácticamente han quedado obsoletas, razón por la cual ya se habla de construir nuevos reservorios de agua y nuevas potabilizadoras que son más rentables y agradables a los inversionistas de ese tipo de construcción y por ende a los bancos que los financian.

Sobre este asunto en particular, el Sociólogo y profesor universitario Roberto Pinnock, en su artículo publicado en La Estrella de Panamá el (16-1-2024), señala lo siguiente: El asunto se vuelve más grave, a la hora de las propuestas para superar dicha contradicción. Por el lado del Canal de Panamá, la ACP y los inversionistas de la construcción, proponen crear nuevos “reservorios” (Cuenca del río indio) y en el caso del agua para el consumo humano, la tecnocracia del IDAAN propuso la “brillante” solución de construir grandes plantas potabilizadoras y la multiplicación de entrega de este líquido a través de “camiones cisterna”.

En definitiva, ante los efectos del “Fenómeno del Niño” y según el pronóstico climatológico de los expertos, Panamá se aboca a un periodo de intenso verano sequía que afectará las actividades del Canal, una de las mayores fuentes económicas del país y punto clave del comercio internacional, país en el que miles de panameños como ya lo hemos expresado, no tienen agua potable de manera regular en sus hogares.

En ese sentido, el tema del agua para el 2024, además de ser un asunto de análisis y debates en el plano académico y universitario, debe ser un asunto de prioridad del Estado para atender y resolver administrativamente en beneficio de la población y del desarrollo futuro del país, entendiendo que es un asunto de vida, pero también de justeza, en donde las determinaciones y/o mecanismos a ejecutarse sean realmente equilibrados, a fin de no sacrificar como siempre a la población panameña.

Texto y Foto: Félix E. Villarreal V.

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