Por: Aracelly De León/ Directora del Instituto de la Mujer de la Universidad de Panamá
Deseo señalar que bajo este título tenemos que mencionar a todas las mujeres que han contribuido en la construcción del Panamá de hoy. Y me refiero a todas las mujeres que creamos bienestar en nuestros hogares y que sostenemos el mundo público desde los inicios de la humanidad.
Debido al androcentrismo de las ciencias hasta hace poco no era objeto de estudio lo que ocurría a lo interno de los hogares. Solo se estudiaba el mundo público, donde las mujeres estaban ausentes.
A través de la división sexual del trabajo se les asignó a las mujeres las tareas de reproducción en el ámbito doméstico y los hombres las productivas fuera del hogar. De tal manera que durante siglos estuvimos ausentes de la historia, la política, la economía, la ciencia, las artes y la cultura en general.
Afortunadamente con la lucha por los derechos civiles surge el feminismo que plantea nuevas interrogantes a los paradigmas establecidos en todos los ámbitos de la sociedad.
La perspectiva de género cuestiona el lenguaje, las categorías, los métodos y los supuestos que, por definición, hacen invisibles a las mujeres y a otras personas feminizadas por los imaginarios sociales y, de esta forma, borran voces, acciones, espacios y cosmovisiones de la mitad de la especie humana.
De esta manera las mujeres empezamos a ser visibles para las ciencias sociales, primero y luego para las restantes. Debo señalar entonces que nuestra sociedad ha sido construida por millones de mujeres amas de casa, miles de maestras que fue la primera profesión a la que tuvieron opción nuestras abuelas, miles de enfermeras que son las que sostienen el sistema de salud pública, y así poco a poco se fueron incorporando las mujeres al llamado mundo público.
Las más conocidas, tal vez debido a las investigaciones realizadas, son las mujeres que lucharon por el derecho al voto, entre ellas Clara González junto a las que la apoyaron y Esther Neira de Calvo y su grupo que tenían diferentes posiciones políticas al respecto.
Para concretar las nuevas políticas de Estado orientadas a disminuir el analfabetismo, se fundan en el año de 1904 la Escuela Normal de Señoritas y la Escuela Normal de Varones. Estas instituciones marcan el inicio de un periodo fecundo y sistematizado en la formación del docente panameño. La Escuela Normal de Varones es posteriormente incorporada como Sección Normal Instituto Nacional creada en 1904, mientras que la Escuela Normal de Señoritas cambia su nombre por el de Escuela Normal de Institutoras. La formación docente en Panamá tiene su momento cumbre en la inauguración de la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena, fundada en la ciudad de Santiago (Veraguas) en el año de 1938, bajo la administración presidencial del Doctor Juan Demóstenes Arosemena (1936-1939).
Estas escuelas contribuyeron decididamente en la formación de muchas mujeres que parafraseando el libro de Yolanda Marco y Angela Alvarado, “Cambiaron Nuestra Historia”.






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