Íncel o célibe involuntario es un término utilizado en la subcultura de algunas comunidades virtuales para identificar a individuos que manifiestan no ser capaces de sostener nexos románticos o sexuales con mujeres -como desearían- ni logran establecer vínculos sociales con las mujeres que les atraen.

Para poner en contexto lo anterior, el autor Michael Kimmel (2013) en su obra Hombres blancos furiosos: La masculinidad estadounidense al final de una era, se refiere a un “mercado sexual manipulado”, en el cual los íncels se consideran excluidos y despojados de poder frente a mujeres que “tienen todo el control”.

Dentro de esta subcultura, integrada en lo que se conoce como la manosfera, descrita como el conjunto de comunidades en línea que comparten discursos, ideologías y prácticas centradas en temas de género desde una perspectiva masculina, antifeminista y reaccionaria, se manifiesta una visión profundamente hostil hacia las mujeres y su entorno, construida desde una narrativa que rechaza y cuestiona abiertamente al feminismo.

Debbie Ging, por ejemplo, en su artículo Alphas, Betas, and Incels: Theorizing the Manosphere”, publicado en la revista Men and Masculinities, explica que “la manosfera promueve una cultura de resentimiento masculino que alimenta el odio de género y legitima la violencia simbólica y real contra las mujeres”.

En este ecosistema digital del discurso del íncel existe una marcada misoginia, misantropía y una inquietante apología de la violencia emocional y sexual contra las mujeres. Además, estos grupos no solo desprecian a las mujeres, sino que también atacan a otros hombres que logran relaciones afectivas o sexuales, a quienes consideran traidores a su causa. En conjunto, este fenómeno configura una peligrosa forma de supremacía masculina que se reproduce y fortalece en comunidades virtuales cada vez más radicalizadas.

Tal vez estos términos y análisis teóricos no estarían tan presentes en la conversación social si no fuera por el impacto causado por la miniserie Adolescencia (Netflix), que se ha convertido en tema de discusión cultural gracias a la representación de este problema a través de su personaje principal, Jamie, un chico de trece años acusado de asesinar a una compañera de clases. En esta narrativa, se evidencian comportamientos entre grupos de jóvenes varones que manifiestan rechazo afectivo y sexual, mientras consumen redes sociales donde se refuerzan códigos de conducta y un tóxico sistema de valores basado en la sexualización.

Lo peligroso de estas nuevas formas de conductas es que se ponen de manifiesto desde la pubertad y el uso de las redes sociales, poniendo en jaque las formas tradicionales de educar, acompañar y entender a nuestros hijos.

Estos acercamientos teóricos pueden parecer lejanos a nuestros entornos cercanos hasta que vemos cómo se representan en la narrativa de la miniserie Adolescencia, que muestra formas de comportamiento entre grupos de jóvenes varones que manifiestan rechazo afectivo y sexual, mientras consumen la oferta de las redes sociales en donde se refuerzan los códigos de conducta y el tóxico sistema de valores basados en la sexualización.

Más allá de su impecable factura técnica, su poderoso elenco y el uso del recurso de una sola toma visto en cada episodio, esta producción nos presenta cómo estos discursos van afectando la salud mental de los muchachos que llegan a replicar conductas agresivas. De la misma manera, se retratan las consecuencias de actos que impactan en la vida de las familias y los círculos sociales en donde se dan estos acontecimientos cuando se ponen en evidencia la radicalización, los conflictos dentro de casa, en la escuela y en los barrios en donde nuestros hijos se conducen, con lo cual debemos estar alertas ante el impacto de la construcción de esta incorrecta forma de cultivar la identidad masculina.

En fin, comprender los peligrosos alcances de la subcultura íncel no es justificarla, sino un primer paso para prevenirla, confrontarla y desactivarla.

Texto: Rainer Tuñón C. / Foto: Netflix

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