En el corazón del Darién, un proyecto de agricultura orgánica está cambiando la manera en que las comunidades producen y consumen sus alimentos.
Gracias a una alianza estratégica entre la Universidad del Trabajo y la Tercera Edad, el proyecto Darién Sostenible de la ONG Ancón, y el respaldo de instituciones públicas como Mi Ambiente y el MIDA, decenas de familias están adoptando técnicas limpias y sostenibles para cultivar sus propios alimentos.
El proyecto, que ya ha beneficiado a más de 37 huertos familiares en distintas comunidades de la provincia, tiene como objetivo principal empoderar a los habitantes locales mediante la capacitación en prácticas de cultivo libre de agroquímicos, garantizando así una alimentación más saludable y sostenible.
Amado Pineda, de la comunidad de Buenos Aires es uno de los beneficiarios del proyecto, expresó su entusiasmo por la transformación en su manera de cultivar:
“Lo veo muy bien. Se ve el trabajo que hemos hecho y es excelente. Aprendí a hacer productos orgánicos. Aquí tenemos sembrado maíz, frijol de bejuco, haba, habichuela, pepino, nabo, repollo y repollo morado”.
Además, recomienda a sus vecinos adoptar esta técnica:
“Sí, claro que sí. Ya he hablado con algunos para que se animen. Los resultados están a la vista”.
El coordinador de proyectos de la Universidad del Trabajo y la Tercera Edad, Eldin Ramírez explicó que este proceso ha sido un trabajo constante con varias familias durante más de cuatro años:
“Antes trabajaban con agroquímicos, pero ahora están implementando agricultura orgánica. Lo importante es que ya se han apropiado del conocimiento y lo han puesto en práctica. Están viendo resultados en sus huertos con cultivos como guandú, pepino, nabo y habichuelas”.
Este año, la universidad formó una alianza con la ONG Ancón, a través de su proyecto Darién Sostenible, lo que permitió el suministro de plantones, insumos y apoyo técnico especializado.
“A veces como universidad no podemos acceder a ciertos recursos, pero gracias a esta alianza hemos logrado fortalecer el proyecto. También hemos contado con el apoyo de una ingeniera forestal que colabora en el desarrollo de las prácticas”, agregó Ramírez.
Nicolás Bravo, agricultor con más de 39 años de experiencia en agricultura orgánica y promotor del proyecto, destacó la importancia de enseñar y aprender en comunidad:
“Hemos trabajado con más de 4,000 estudiantes de 63 países. Aquí creemos en la producción limpia. Lo que se produce con venenos termina afectando la salud. Por eso promovemos esta forma de cultivar, que es más sana para todos”.
Cristina Caballero, coordinadora del programa de huertos orgánicos del proyecto Darién Sostenible, enfatizó la importancia de la alianza con la Universidad del Trabajo y la Tercera Edad:
“Ha sido muy significativo tanto a nivel personal como profesional. Gracias a esta colaboración hemos podido dar asistencia técnica a 37 huertos en diferentes comunidades. Lo más valioso es que las familias ya se han apropiado de las prácticas y elaboran sus propios abonos orgánicos, garantizando la sostenibilidad del proyecto”.
Educación que transforma realidades
La directora de la Universidad del Trabajo y la Tercera Edad del Centro Regional de Darién, Gloria Zúñiga destacó el impacto social del proyecto:
“Ha sido un reto, pero con el apoyo de la administración central y las comunidades, hemos podido llevar asistencia técnica a quienes más lo necesitan. La situación en Darién es difícil, y tener un huerto en casa no solo garantiza alimentos saludables, sino que mejora el presupuesto familiar y la calidad de vida”.
Como parte de la proyección del programa, se prepara una feria donde se presentarán los huertos desarrollados en distintas comunidades. Se realizará un concurso de huertos orgánicos, con jurados de diferentes instituciones que evaluarán el impacto de estas prácticas.
“Este evento visibiliza el esfuerzo de las familias y los centros educativos que han hecho posible este cambio en la agricultura de Darién”, concluyó Ramírez.
El proyecto de huertos orgánicos en Darién no solo está transformando la forma de producir alimentos, sino también la vida de quienes los cultivan. Con el esfuerzo conjunto de comunidades, instituciones educativas y organizaciones sociales, se está sembrando una semilla de esperanza para una alimentación más saludable, sostenible y soberana.
Por: Alfredo Meléndez Moulton.
Foto: Frank Summers.






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