María Jiménez nos recibió con una sonrisa tímida en uno de los salones de la Escuela Almirante, donde realiza su práctica docente. Es su último requisito para obtener la Licenciatura en Educación Primaria, en el Centro Regional Universitario de Bocas del Toro (CRUBO), a simple vista, parece una estudiante más cumpliendo su meta profesional, pero detrás de esa sonrisa se esconde una historia de esfuerzo, sacrificio y perseverancia.
Durante cuatro años, María —originaria de la comunidad de Punta Domingo, en el distrito de Almirante— tuvo que cruzar todos los días en una pequeña canoa unos 300 metros de agua para llegar a la comunidad vecina, desde donde tomaba el transporte hacia la universidad. “Muchas veces por la lluvia llegaba tarde o simplemente no podía asistir. Era peligroso pasar cuando el agua crecía”, recuerda.
Su casa, construida sobre manglar, se encuentra en un área donde no hay internet ni agua potable, y las inundaciones son frecuentes cuando sube la marea o llueve fuerte. Allí vive junto a su madre y sus seis hermanos. Su madre, cabeza de hogar, es su mayor inspiración. “Ella siempre ha sido mi fuerza. A pesar de las dificultades, nunca dejó de apoyarme”, dice con emoción.
Desde niña, María soñaba con ser maestra. “Siempre quise enseñar, formar a otros. Hoy puedo decir que estoy a punto de cumplir ese sueño”, cuenta. Durante su práctica docente, ha aprendido lo que significa la paciencia y la vocación. “Ser maestra no es solo enseñar, también es comprender y acompañar”, reflexiona.
A lo largo de su formación, enfrentó múltiples obstáculos. “A veces el camino se inundaba, o los cayucos se usaban para ir a pescar, y tenía que esperar. No fui la mejor estudiante en notas, pero siempre he sido responsable y de buena conducta”, asegura con orgullo.
Confiesa que su madre y su hija son su fortaleza, “todo lo que hago es por ellas”. Aunque su primera opción fue estudiar enfermería, no pudo hacerlo por el puntaje obtenido en el bachillerato. Sin embargo, la vida le mostró otro camino. “Ahora entiendo que ser maestra era mi destino”, dice sonriendo.
María sueña con tener un trabajo estable y poder ayudar a su familia. “Quisiera construirle una casa a mi mamá, para que no tenga que vivir sobre el manglar. También quiero apoyar a mis hermanos para que terminen sus estudios”, expresa con esperanza.
Ella exhorta a los jóvenes que tengan en cuenta que “A pesar de las dificultades y los obstáculos, no se rindan. Si tienen una meta, pueden lograrla; solo deben creer en ustedes mismos”, dice María, con la mirada firme de quien sabe que el sacrificio valió la pena.
La historia de María Jiménez es la de cientos de jóvenes panameños que, con sacrificio, cruzan no solo ríos o caminos difíciles, sino las fronteras del esfuerzo para alcanzar sus sueños. María representa el espíritu de la educación pública panameña: la oportunidad de transformar la vida a través del conocimiento y la perseverancia.
Formar con vocación y compromiso
La profesora Kira Pizarro, coordinadora de la Facultad de Ciencias de la Educación del Centro Regional Universitario de Bocas del Toro, explica que este año 2025 la facultad cuenta con 172 estudiantes en práctica docente, distribuidos entre los programas de Kankintú, kusapín, Chiriquí Grande y la sede de Changuinola, de donde proviene María Jiménez.
“María es el resultado de lo que hemos querido reestructurar en nuestra Facultad de Ciencias de la Educación. A los 172 estudiantes que van a la práctica docente se les da un seguimiento para garantizar que la Universidad de Panamá está ofreciendo a la sociedad educadores bien formados: académicamente sólidos, humanamente sensibles y comprometidos con su entorno”, señala Pizarro.

La profesora destaca que este proceso de práctica docente representa el momento más importante de la carrera universitaria. “Es el cierre de un ciclo de cuatro años y medio de esfuerzo. En el caso de María, ella ha demostrado que, a pesar de las condiciones sociales y geográficas, las metas pueden alcanzarse. Es un ejemplo de superación y constancia”.
Pizarro también subraya el papel social que cumple la Facultad de Ciencias de la Educación, especialmente en contextos rurales y de bajos recursos. “Trabajamos con comunidades apartadas y estudiantes de ingresos limitados. El CRUBO realiza una labor social enorme para que ellos se mantengan en el sistema y logren culminar sus carreras”, explica.
Actualmente, la Facultad de Ciencias de la Educación es la más grande del Centro Regional Universitario de Bocas del Toro, con un total de 1,313 estudiantes. “Hemos hecho un esfuerzo consciente para ajustar los programas y asegurar que los futuros docentes lleven al aula no solo conocimientos, sino también empatía y comprensión hacia las realidades de nuestros niños”, añade la coordinadora.
“Nuestra misión no termina en la formación académica; buscamos que cada estudiante haga una conexión real con su entorno y con las necesidades de su comunidad.” Para Pizarro, el caso de María simboliza lo que la Universidad de Panamá representa en el país: “Ella va a mejorar sus condiciones de vida, las de su familia, y las de su comunidad. Y eso, en esencia, es lo que buscamos: formar docentes que transformen vidas.”
Una maestra orgullosa
En la Escuela Primaria Almirante, donde María realiza su práctica profesional, encontramos a la maestra Elga Chiu, docente con más de 25 años de servicio, quien tiene una conexión muy especial con la joven practicante.
“Tengo la dicha de recibir a una practicante de la Universidad de Panamá, la estudiante María Jiménez. Ella se ha destacado por ser muy colaboradora, entusiasta y proactiva. Se ha integrado en todas las actividades con devoción, y dentro del salón de clases domina muy bien al grupo, con ese carisma y serenidad que la caracterizan”, expresa con orgullo.
La emoción en su voz se hace evidente cuando recuerda que, años atrás, María fue su alumna en la misma escuela.
“Me siento muy contenta y orgullosa porque María fue estudiante mía aquí, en la sección primaria de la Escuela Almirante, y hoy se está convirtiendo en mi colega. Ha trascendido muchas barreras, y verla aquí, al lado mío, es motivo de profunda satisfacción”, dice visiblemente conmovida.
Para la profesora Chiu, la historia de María es más que un logro personal: “Ella es inspiración para muchas jóvenes de la comunidad de Punta Domingo y un ejemplo para todo el distrito de Almirante. Es un baluarte. Felicidades, María, y éxitos. Estas palabras me salen del corazón”.
María Jiménez es más que una estudiante: es símbolo de esfuerzo, amor familiar y superación. Su historia representa lo que la Universidad de Panamá construye día a día: educadores con vocación, capaces de transformar sus comunidades y sembrar esperanza en las nuevas generaciones.
Por: Irina Chan Castillo / Foto: Frank Perea.






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