Juan Francisco Meléndez tiene discapacidad visual y está realizando su tesis para culminar la carrera de Arte Teatral en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Panamá; Asegura que parte de ese logro ha sido posible gracias al acompañamiento de la Oficina de Equiparación de Oportunidades.  Su historia no solo es la de un estudiante que venció obstáculos, sino también la de una institución que ha trabajado durante 17 años para lograr que más personas con discapacidad cumplan su meta.

“Mi experiencia ha sido compleja”, confesó el estudiante al recordar sus primeros años universitarios marcados por la discapacidad visual. Explicó que, al inicio, todavía conservaba una baja visión que le permitía avanzar en sus materias, pero con el tiempo fue perdiéndola progresivamente mientras cursaba la carrera.

Meléndez relató que enfrentó importantes barreras de accesibilidad dentro del campus Harmodio Arias Madrid, especialmente por la falta de adecuaciones en algunas áreas de circulación peatonal y los obstáculos que dificultaban su desplazamiento con bastón. Sin embargo, afirmó que las mayores dificultades fueron actitudinales y académicas, ya que algunos docentes dudaban de que una persona con discapacidad visual pudiera estudiar Arte Teatral debido a las exigencias escénicas, de iluminación, dirección y desplazamiento en escena.

“Algunos profesores me dijeron que por mi condición yo no podía estudiar esta carrera”, recordó. No obstante, destacó que la Oficina de Equiparación de Oportunidades sirvió como un puente fundamental entre él y sus docentes, promoviendo adecuaciones académicas y estrategias de enseñanza que le permitieran desarrollar sus capacidades y cumplir los objetivos de cada asignatura.

Gracias a ese apoyo, aprendió a memorizar movimientos, contar pasos sobre el escenario, adaptarse a los espacios teatrales y utilizar herramientas técnicas mediante métodos alternativos. “Tuve que ensayar muchísimo para lograrlo”, explicó.

El estudiante también resaltó el acompañamiento psicológico recibido por parte de la oficina durante el proceso de pérdida de la visión. Explicó que atravesó momentos difíciles e incluso pensó en abandonar la carrera, pero recibió orientación emocional que le ayudó a comprender que estaba viviendo un duelo por la pérdida de su capacidad visual.

“Aquí me asesoraron y me apoyaron. Eso fue fundamental para que yo pudiera continuar mis estudios”, manifestó.

Para Meléndez, uno de los momentos más significativos de su formación ocurrió cuando logró actuar sobre el escenario sin bastón y percibir la sorpresa del público al descubrir posteriormente que tenía discapacidad visual. Considera que su experiencia demuestra que las personas con discapacidad pueden desarrollarse plenamente en cualquier disciplina cuando reciben oportunidades, apoyo y ajustes razonables.

El estudiante aseguró que aún existen desafíos importantes en materia de inclusión, especialmente en sensibilización y empatía dentro de la comunidad universitaria. “Somos seres humanos como cualquier otro, tenemos los mismos sueños y queremos vivir plenamente”, expresó.

Finalmente, envió un mensaje de agradecimiento a la Oficina de Equiparación de Oportunidades en su aniversario, destacando su labor en favor del desarrollo integral de los estudiantes con discapacidad, alentando a otros jóvenes a no rendirse y buscar apoyo para alcanzar sus metas académicas y profesionales.

Equiparación de oportunidades

La historia de Juan Francisco es una de las tantas que hay en la Universidad de Panamá, gracias al trabajo de la Oficina de Equiparación de Oportunidades que surge oficialmente en el año 2009, impulsada por el Decreto Ejecutivo No. 56 de 2008, en un momento en que el país comenzaba a estructurar políticas públicas de inclusión. En 2011, el Consejo Administrativo de la universidad formalizó su creación, marcando un punto de inflexión: por primera vez, la inclusión dejaba de ser un ideal para convertirse en una responsabilidad institucional.

Su misión es clara: garantizar que las personas con discapacidad puedan acceder, permanecer y desarrollarse en igualdad de condiciones dentro de la vida universitaria. Consolidar y articular esta oficina no ha sido fácil y ha requerido el trabajo de muchas personas en 17 años de funcionamiento.

Abrir camino desde cero

La doctora Marita Mojica relató que el surgimiento de la Oficina de Equiparación de Oportunidades de la Universidad de Panamá fue el resultado de un largo proceso de sensibilización y construcción de políticas de inclusión para las personas con discapacidad en el país. Explicó que los primeros antecedentes se remontan a los años previos al 2004, cuando la Universidad de Panamá participó en comisiones impulsadas por el Estado para abordar el tema de la discapacidad en el sistema educativo panameño.

En ese contexto, las profesoras Consuelo Barrios y Yolanda García fueron designadas por la universidad para integrar una comisión nacional que trabajó en la recopilación de experiencias institucionales y en la aplicación de la Ley 34 de Educación en materia de estudiantes con discapacidad y necesidades educativas especiales.

Mojica señaló que un momento clave ocurrió en 2007 con la creación de la Secretaría Nacional de Discapacidad (SENADIS), mediante la Ley 23, entidad encargada de liderar la política de inclusión social y promover principios como la equiparación de oportunidades, la no discriminación y los derechos humanos. Posteriormente, en julio de 2008, el Decreto Ejecutivo No. 56 ordenó la creación de oficinas de equiparación de oportunidades en todas las instituciones gubernamentales autónomas y semiautónomas, incluyendo la Universidad de Panamá.

Fue entonces cuando el rector de la época, Gustavo García de Paredes, solicitó a la decana de la Facultad de Psicología, Marielena Santayana, recomendar a una persona para coordinar la nueva oficina. En septiembre de 2008, Marita Mojica recibió la designación como primera directora.

La Oficina de Equiparación de Oportunidades ha dedicado años de trabajo a la orientación, acompañamiento y apoyo de estudiantes, docentes y administrativos con discapacidad, promoviendo una universidad más inclusiva y accesible para todos.

La doctora recordó que los inicios fueron sumamente difíciles, pues la oficina no contaba con espacio físico, presupuesto ni personal. “La oficina era yo con unos cartapacios recibiendo correspondencias”, expresó. Durante meses, su automóvil funcionó como archivo móvil mientras asistía a reuniones y coordinaciones con SENADIS y otras instituciones.

El respaldo inicial llegó desde la Facultad de Psicología, que facilitó un pequeño espacio y materiales básicos para operar. Más adelante, la SENADIS aportó el mobiliario, impresoras, computadoras y otros equipos que permitieron consolidar la oficina. También se asignó una secretaria financiada por la propia SENADIS y la psicóloga Yorvalinda Velasco como apoyo técnico.

La apertura de la Oficina de Equiparación de Oportunidades se realizó el 21 de septiembre de 2009, casi un año después de iniciadas las gestiones. Entre las primeras acciones desarrolladas estuvo la creación de la Red Intrainstitucional para la Equiparación de Oportunidades, integrada por enlaces en cada facultad y centro regional universitario, con el objetivo de promover políticas de inclusión y accesibilidad dentro de la institución.

Otro de los primeros logros fue el lanzamiento del diplomado “Afrontamiento y manejo de la discapacidad: una alternativa para la familia”, desarrollado entre 2009 y 2010, que benefició a 100 familias becadas.

Mojica destacó que las principales barreras que enfrentaban los estudiantes con discapacidad eran las limitaciones arquitectónicas y de accesibilidad, además de las barreras actitudinales dentro de la comunidad universitaria. Señaló que existían prejuicios sobre la capacidad de las personas con discapacidad para cursar estudios superiores, por lo que fue necesario impulsar procesos permanentes de sensibilización y capacitación.

Asimismo, indicó que uno de los mayores retos fue la falta de presupuesto y personal especializado. La oficina inició sin abogados, trabajadores sociales ni suficientes técnicos, pese a que las normativas nacionales exigían un equipo multidisciplinario.

Finalmente, la exdirectora expresó satisfacción al ver que la oficina logró consolidarse con respaldo institucional y continuidad administrativa, aunque considera que aún queda pendiente fortalecer el cambio actitudinal y la sensibilización permanente dentro de la comunidad universitaria. “No se trata de un enfoque asistencialista, sino de inclusión y de garantizar igualdad de oportunidades para todos”, concluyó.

Legalizando la OEO

Cuando Yorbalinda Velasco asumió el reto de dirigir, la oficina existía, pero no legalmente. “No podíamos girar ni una carta, no existíamos”, recuerda.

Su gestión se centró en algo menos visible, pero fundamental: darle “partida de nacimiento” a la inclusión dentro de la universidad. En 2011, mediante la Resolución N° 15-11SGP del 11 de mayo del Consejo Administrativo, la Oficina de Equiparación de Oportunidades adquiere reconocimiento formal, lo que permitió articular acciones en docencia, investigación y extensión.

Velasco también impulsó uno de los cambios más profundos: mover la discusión de la discapacidad del modelo asistencialista a un enfoque de derechos. “Era más fácil reconstruir la universidad que cambiar la mentalidad”, admite.

Evolución: de la infraestructura a la conciencia

La Oficina de Equiparación de Oportunidades amplió su enfoque, ya no se trataba solo de accesibilidad física, sino de transformar la cultura universitaria.

Se impulsaron diagnósticos institucionales, programas de sensibilización y redes de colaboración con otras universidades de la región. Se capacitó a docentes, estudiantes y administrativos. Se comenzó a hablar de ajustes razonables, de derechos, de participación.

“Lo más difícil fue cambiar la forma de pensar”, insiste Velasco. La inclusión, entendieron, no depende solo de leyes, sino de actitudes.

Avances con retos persistentes

La actual directora de la Oficina de Equiparación de Oportunidades, Yomaris González, sostiene que la inclusión en la Universidad de Panamá es un proceso en construcción constante, pero con avances significativos. Explica que, desde hace años, la institución ha desarrollado un engranaje articulado entre la Dirección de Admisión, la OEO y las distintas unidades académicas, lo que permite identificar desde el inicio a aspirantes con discapacidad y activar mecanismos de apoyo. “Desde el momento en que se detecta un caso, se evalúa la condición del estudiante y se gestionan los ajustes razonables necesarios, como intérpretes o apoyos en pruebas escritas, para garantizar que el acceso no esté limitado por barreras”, señala.

González enfatiza que este enfoque permite hablar de una universidad abierta al proceso inclusivo, donde el objetivo no es facilitar el ingreso, sino asegurar igualdad de condiciones. “El aspirante debe enfrentar el proceso de admisión como cualquier otro, pero con los apoyos que requiere. No se trata de aprobar o no, sino de que tenga la oportunidad real de demostrar sus capacidades”, añade.

En cuanto a los servicios que ofrece la Oficina de Equiparación, la directora subraya que el acompañamiento a la población con discapacidad es el eje central del trabajo. Este apoyo se adapta a cada caso y abarca a los tres estamentos universitarios —estudiantes, docentes y administrativos—, aunque la mayor demanda proviene del sector estudiantil. Una vez que el aspirante ingresa a la universidad, el proceso continúa en coordinación con las facultades, donde se elaboran recomendaciones específicas para facilitar el acceso a espacios, recursos e información.

Las directoras de la Oficina de Equiparación de Oportunidades han contribuido, desde sus distintas gestiones, al fortalecimiento de una instancia comprometida con la atención inclusiva, accesible y empática de la población con discapacidad de la UP.

Un elemento clave en este proceso es la declaración voluntaria de la discapacidad. González explica que, aunque es un derecho del estudiante decidir si comparte o no su diagnóstico, hacerlo permite a la institución implementar ajustes pertinentes sin alterar el contenido académico. “Las adecuaciones no modifican el currículo, sino que garantizan el acceso. El estudiante debe cumplir con las mismas competencias que el resto, pero en condiciones equitativas”, puntualiza.

Entre los principales retos, la directora identifica uno que ha persistido desde la creación de la oficina: el desconocimiento. A su juicio, la falta de información genera barreras actitudinales que limitan la inclusión. “Muchas veces los ajustes son simples, pero el temor o la falta de orientación impiden que se apliquen. Por eso hemos apostado históricamente por la sensibilización, tanto de estudiantes como de docentes”, afirma, recordando que desde 2009 se desarrollan jornadas educativas y conversatorios para fomentar una cultura inclusiva.

La articulación con otras instituciones también ha sido clave para fortalecer el trabajo de la oficina. González destaca la participación en espacios como el Consejo Nacional Consultivo de Discapacidad y la colaboración con entidades públicas y privadas, lo que ha permitido intercambiar experiencias, desarrollar capacitaciones y ampliar el alcance de las acciones. Asimismo, resalta la coordinación con otras universidades, como la Universidad Tecnológica de Panamá, para dar continuidad al proceso formativo de estudiantes con discapacidad.

En términos estadísticos, la oficina ha logrado consolidar un sistema de registro más preciso a lo largo de los años. Para 2025, se identificaron formalmente 172 estudiantes con discapacidad en la Universidad de Panamá, siendo Panamá Oeste el centro regional con mayor número de casos. Las categorías más frecuentes corresponden a discapacidades intelectuales y mentales, lo que, según González, refuerza la necesidad de estrategias diferenciadas y de un acompañamiento más cercano.

Finalmente, la directora reconoce que los cambios estructurales siguen siendo un desafío, especialmente en una institución cuya infraestructura fue concebida en épocas donde la inclusión no era una prioridad. No obstante, destaca avances como la incorporación de elevadores, rampas y accesos adecuados en diversas facultades, en línea con el principio de diseño universal.

De cara al futuro, González adelanta que uno de los proyectos más importantes es la elaboración de un reglamento interno que formalice los procesos de identificación, atención y seguimiento de estudiantes con discapacidad. “Hemos trabajado durante años con base en buenas prácticas, pero es necesario normar estos procedimientos para garantizar su sostenibilidad y aplicación en toda la universidad”, explica.

En el marco del aniversario de la oficina, el mensaje es claro: la inclusión es un camino que se construye día a día. “Son 17 años de trabajo que han significado crecimiento profesional, pero también una profunda satisfacción personal. Nuestro propósito es servir, acompañar y abrir espacios para que todas las personas puedan ejercer plenamente su derecho a la educación superior”, concluye.

Articulación institucional: el trabajo invisible

Desde la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Panamá, el profesor Orestes Peñafield asume un rol clave como enlace de la Oficina de Equiparación de Oportunidades, articulando esfuerzos entre esta instancia, el cuerpo docente y los servicios de apoyo institucional.

Peñafield explicó que una de las principales fortalezas de la Oficina de Equiparación de Oportunidades ha sido la creación de una red de enlaces en las distintas facultades y centros regionales universitarios, lo que permite dar seguimiento directo a las necesidades de los estudiantes con discapacidad dentro de cada unidad académica.

Desde la Facultad de Arquitectura y Diseño, su labor como enlace consiste en mantener una coordinación permanente con la Oficina de Equiparación de Oportunidades y con especialistas de apoyo, como el área de psicología, para acompañar a estudiantes, docentes y administrativos en temas relacionados con inclusión y accesibilidad.

“El trabajo más importante es mantener la empatía”, afirmó el docente, quien destacó que aún persisten barreras actitudinales dentro de la comunidad universitaria. Relató que, en ocasiones, personas con discapacidades no visibles son cuestionadas por utilizar espacios accesibles, como los ascensores, debido al desconocimiento y la falta de sensibilización.

Ante estas situaciones, explicó que el enlace funciona también como un mediador y canal de comunicación con la Oficina de Equiparación, promoviendo procesos de orientación y concienciación entre docentes, administrativos y estudiantes.

Peñafield indicó que uno de los avances más importantes alcanzados en la Facultad de Arquitectura y Diseño ha sido la identificación y registro de estudiantes con discapacidad, permitiendo conocer cuántos estudiantes requieren apoyo, en qué carreras estudian y cuáles son sus principales necesidades de accesibilidad.

Actualmente, la facultad mantiene identificada una población aproximada de entre 30 y 38 estudiantes con diferentes tipos de discapacidad, información que se actualiza constantemente en coordinación con la Oficina de Equiparación de Oportunidades.

El profesor destacó además que esta articulación ha permitido impulsar adecuaciones físicas y académicas dentro de la facultad, incluyendo mejoras en accesibilidad, señalización y diseño universal. Explicó que incluso los estudiantes de Arquitectura, Diseño Gráfico y Diseño Industrial participan en proyectos de servicio social orientados a crear propuestas inclusivas y adecuaciones que faciliten el acceso y uso seguro de las instalaciones para todas las personas.

“El diseño debe ser para todos, no solamente para personas con discapacidad”, expresó Peñafield, al señalar que la inclusión debe contemplar también a personas con discapacidad visual, auditiva o movilidad reducida temporal o permanente.

El docente consideró que uno de los principales retos para las universidades del país es superar la visión limitada de la accesibilidad reducida únicamente a rampas o estacionamientos especiales. A su juicio, las instituciones de educación superior deben avanzar hacia entornos verdaderamente inclusivos, pensados desde el concepto de diseño universal.

Finalmente, el profesor felicitó a la Oficina de Equiparación de Oportunidades por su aniversario y destacó la coordinación permanente que mantiene con los enlaces facultativos para atender situaciones especiales, actualizar estadísticas y fortalecer las acciones de inclusión dentro de la Universidad de Panamá.

Desde su creación, la Oficina de Equiparación de Oportunidades de la Universidad de Panamá ha buscado cerrar brechas históricas en el acceso y permanencia de estudiantes con discapacidad, marcando un antes y un después en la política universitaria de inclusión.

Por: Irina Chan Castillo / Foto: Frank Summer

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