Una investigación científica publicada en el American Journal of Enology and Viticulture (AJEV) determinó que el momento en que se aplica el riego durante la etapa final de maduración de la vid puede influir significativamente en la muerte celular de las bayas de uva y contribuir a reducir su deshidratación, un fenómeno que afecta el rendimiento y la calidad de la producción vitivinícola.

El estudio, titulado Irrigation Timing Affects Grape Berry Cell Death and Late-Season Dehydration, fue desarrollado por un equipo internacional de investigadores de instituciones de Estados Unidos, España, Panamá y Canadá, entre ellos el investigador de la Universidad de Panamá Darío Cantu, junto con Megan K. Bartlett, de la Universidad de California, Davis, quien figura como autora correspondiente.

La investigación analizó el comportamiento de plantas de Cabernet Sauvignon cultivadas en Davis, California, durante una temporada de crecimiento calurosa en 2022 y otra de condiciones más frescas en 2023. Los científicos compararon el riego convencional con tratamientos que incorporaron pulsos de riego adicionales aplicados en momentos estratégicos, antes o después del inicio esperado de la muerte celular de las bayas.

Los resultados mostraron que un pulso tardío de riego redujo significativamente la tasa de muerte celular y la magnitud de la contracción de las bayas al momento de la cosecha, aunque estos efectos fueron observados principalmente durante la temporada de mayor temperatura. En contraste, el tratamiento de riego temprano no modificó de manera significativa la velocidad o el momento en que comenzó la muerte celular ni la contracción de las bayas.

De acuerdo con los autores, estos hallazgos indican que el inicio de la muerte celular en las bayas de uva responde de manera consistente al riego, mientras que una aplicación suplementaria de agua poco después de iniciado este proceso puede disminuir su velocidad y contribuir a mitigar la deshidratación de las uvas al final de la temporada, particularmente bajo condiciones de altas temperaturas.

La investigación adquiere relevancia ante los escenarios de cambio climático que proyectan temporadas agrícolas más cálidas y secas en importantes regiones vitivinícolas. La deshidratación tardía de las bayas puede reducir entre un 10 % y un 30 % el rendimiento y los ingresos por hectárea y, en casos severos, afectar también la calidad de la uva y del vino. La publicación constituye un aporte al conocimiento científico sobre la fisiología de la vid y ofrece nuevas perspectivas para el manejo eficiente del agua en la agricultura, al demostrar que no solo la cantidad de riego, sino también el momento de su aplicación, puede ser determinante para proteger los cultivos frente al estrés térmico y la deshidratación.

Texto: Redacción / Foto: Ilustrativa (Generada por IA)

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