La historia de la comunicación social en Panamá no solo se narra desde un micrófono; se construye, fundamentalmente, desde los controles, la producción y la visión estratégica para dar vida al arte de hacer radio, precisamente para la gente. Desde la Universidad de Panamá entrevistamos a Roosevelt De Ycaza, un nombre imprescindible en las cabinas de la AM y la FM panameñas para entender la evolución de la radiodifusión en nuestro país.
Desde sus primeros años en el distrito de La Chorrera hasta convertirse en un pilar de las estaciones radiales emblemáticas que marcaron épocas, De Ycaza ha dedicado más de 50 años a un oficio que se transformó en una cátedra viva. En el siguiente diálogo exploramos la mente de un creador que supo sintonizar como pocos el alma y el sentir del pueblo panameño.
RT: Antes de que existiera Roosevelt De Ycaza Alveo, el locutor y productor de radio, había un niño de La Chorrera con el legado del poeta Hortensio De Ycaza. ¿Qué despertaba tu curiosidad en esos días?
RDY: ¿En La Chorrera “town”? Bueno, La Chorrera siempre tuvo muchos vínculos cercanos con la ciudad de Panamá. Por supuesto, pasando por Arraiján, ya estábamos conectados. La Chorrera tenía mucha influencia del Canal y de los “zonians”. Uno curioseaba, los gringos estaban, había gente hablando “english”, y esa mezcla, esa forma de interactuar entre la Zona del Canal y el West, le daba siempre a La Chorrera un toque muy propio. Estaban la música, el folclor, las tradiciones, la vida en los colegios, la montaña, el chorro… y todo eso forma parte de la historia que cada quien cuenta desde su formación como niño. Pero llegó un momento en que definitivamente todos estábamos conectados, quizás no como con la televisión de hoy. Por cierto, hacíamos cola para ver televisión y captar algunas señales y programas. Pero la conexión era definitiva, especialmente con la radio, el medio que dominaba el momento. Con ella aprendimos, desde muchachos, desde niños, a conocer voces, actores, radionovelas y todo eso. Creo, Rainer, que fue parte de un buen comienzo.
RT: ¿Tú recuerdas, Roosevelt, la primera vez que la radio te sorprendió? Ese momento en que descubriste que aquel aparato, aquella caja, podía emocionar, acompañar y, hasta cambiar el estado de ánimo de las personas.
RDY: Realmente, yo me decía: en la familia hay tanta gente creativa. Estaban la tía Elga, el tío Néstor, el otro, la otra… El que no era locutor, era cantante; era escritor, poeta, productor o dibujante. O sea, la familia tenía ese talento para la comunicación. Y yo me decía: no, yo no quiero seguir eso; yo quiero estudiar. Después de la historia del abuelo, con su poesía y todo ese bagaje que dejó como legado, yo quería estudiar, pero mi hermano Aris se asoció con unos jóvenes que trabajaban en la Presidencia y lograron montar una estación de radio, porque él sí había trabajado en radio. Cuando salió de La Chorrera, mi hermano Aris laboró como locutor en algunas estaciones de radio como Radio Musical y Radio Aeropuerto, que recuerdo – por ahí – si ustedes se acuerdan. Con ello, entonces, tenía ese proyecto en su mente y montaron una estación de radio. Y ¿quién quedó como quien dice, con la candelilla? Ahí estaba yo: el que promocionaba, el que decoraba, el que estaba al tanto del trabajo de los ingenieros y de esos asuntos técnicos. Y de ahí nace, casi como un compromiso familiar, todo lo que fue el inicio de mi carrera dentro de la industria de la radio.
RT: Cuando decidiste dedicarte a la radio, Roosevelt, ¿sentiste que para triunfar había que venir de la ciudad de Panamá o creíste que desde La Chorrera se podía construir un camino?
RDY: Cada distrito, cada provincia, cada pueblo tiene su noticia, su folclor, su “flow” —como dicen hoy—. Y eso me hacía sentir, con mucho orgullo de La Chorrera, que teníamos suficiente elemento local para cultivar. Porque siempre he pensado, y este es un consejo que les dejo a todos los que hacen radio, que cada país tiene su gente muy especial. Panamá tiene a Rubén Blades; el deporte también tiene a Roberto Durán y a Mariano Rivera. Míralo por donde lo mires: el Canal, nuestra historia… Tenemos tanta data, tanta información, tanta cultura, que llegamos a sentir que no necesitábamos muchas cosas de afuera. Sí, claro, por aquellos días también estaba la música brasileña, que me encantaba mucho por la familia Larrinaga (la de Cutito), que vivía en La Chorrera; estaban los grandes coros como el de Ray Conniff, que no era para mucha gente, porque la gente andaba en su “Askarakatiski” de Mon Rivera. Pero sí había influencias musicales poderosas. Me gustaba Sérgio Mendes y también había influencia de toda esa cultura producida en Estados Unidos. Pero teníamos también algunos elementos de La Chorrera que, a la hora de transmitir radio, en nuestros inicios, ayudaban al éxito de lo nuestro.
RT: ¿Cómo se construyó tu formación académica? Hagamos un breve recorrido desde tu niñez hasta los años de estudios superiores.
RDY: Bueno, Rainer, al principio todo era tirar biombo, ir al Chorro a pescar, tener aventuras y cruzar por esos ríos. De niño, con un poquito de esa historia, me tocó estudiar la educación primaria en la escuela José María Barranco, y allí ya estaba yo muy pegadito a la poesía. Las maestras me pedían ir adelante de los compañeros para que declamara. Te imaginas, andaba yo lleno de pasión, de prosa y versos, por la influencia que había dejado el abuelo. Pero luego ya crecimos, nos fuimos a la secundaria y, como las cosas no andaban muy bien, me fui a estudiar comercio, en esas escuelas donde te enseñaban “shorthand”, a redactar una carta comercial y algunas normas del mundo de los negocios. Eso me sirvió bastante. Finalmente, llegué a estudiar en Panamá, terminé mi bachillerato y de allí me fui a la Universidad Santa María la Antigua. En medio de todas estas vueltas, por supuesto, también participé en los siete niveles de inglés que ofrecía en aquellos tiempos el YMCA, que quedaba en Balboa. Allí, con las prácticas de idiomas y el contacto con la gente, sentía que podía intercambiar ideas y también recursos culturales. Eso fue bastante interesante, viéndolo bien, Rainer. Algo hubo allí de retroalimentación, cultura y contactos. ¡Qué bueno, qué bueno fue eso!
RT: ¿Quiénes consideras que fueron tus primeros maestros en la radio y qué enseñanzas de ellos siguen presentes en tu manera de entender el mundo y la radio?
RDY: Cuando escuchábamos las radionovelas, de muchachos, los actores que usaban las voces, en esos tiempos, como en el cine de aquellos días, tenían que tener una tesitura y un rostro impecable. Entonces, esas voces realmente eran muy particulares para mí. Con el paso del tiempo, viajé y pude estar con algunos locutores internacionales. Siempre me llamaba mucho la atención el porte y el estilo que tenían esas voces de los noticieros. ¿Te acuerdas cuando se iba al cine y transmitían El mundo al instante? Yo escuchaba a esos locutores internacionales transmitiendo noticias, tanto hombres como mujeres. Había un toque allí que siempre me llamaba la atención. Cuando nos mudamos de La Chorrera a la ciudad de Panamá, allá por los años sesenta y algo, tuvimos con mi hermano Aris algunos contactos y viajes con cubanos que tenían buenas experiencias e historias en la radio y en la producción. Pero yo siempre estaba muy pegado a las estaciones de radio, a la parte técnica, siguiendo la escuela de los gringos, escuchando sus estilos, sus voces y sus producciones. Ahí aprendía no solamente de locución, de estilo y de esas voces que predominaban, ese estilo inconfundible de los americanos, sino también de los equipos que hacían posibles esas voces y esos sonidos. Poco a poco aprendimos también la inquietud por tener equipos. Sin equipos no hay fiestas, no hay una transmisión. La hay, sí, pero no tan buena.
RT: ¿En qué momento dejaste de sentirte simplemente, digamos, como locutor, operador de cabina o productor, y comprendiste que también estabas formando talentos y creando, al mismo tiempo, tendencias culturales?
RDY: Cuando montamos la Cadena Exitosa, por los 60, que esos eran buenos años, por unos cuatro años, rápidamente la ciudad volaba a otro ritmo. Sí, las cosas eran mucho más rápidas. Y con alguna popularidad que uno toma cuando eres DJ, cuando te conviertes en una ficha de la estación por aquellos tiempos, es algo normal, y muchas personas venían a saludarte. Asimismo, la gente joven del mundo empresarial y todo eso, me facilitó conectarme con ellos. Pero en medio de estos tiempos que te digo que fueron buenos, me tuve que ir a Estados Unidos. Allá trabajé radio. Incluso, me querían mandar a hacer trabajos interesantes. Primero fue una oficina de información de Estados Unidos. Ellos hacían una selección anual de profesionales de la radio y fueron muchos panamericanos que estuvieron en Washington, colaborando con la voz de América. De vuelta en Panamá, yo me quedé en la Cadena Exitosa, por aquellos tiempos, luego entonces me casé, volví a Miami, me instalé. Allá tenía algunos contactos, trabajé la radio en Miami, después vino el dueño de una estación que habían montado los cubanos en el sur de la Florida, que había sido periodista, de esos reporteros que se meten en las líneas enemigas cuando hay conflictos bélicos. Un tremendo señor, y me entusiasmaron con mandarme otra vez para Washington, por otro lado. Yo como que no estaba mucho para el “cubaneo” político de esa época, porque yo venía de la escuela del señor Sergio Mendes, de la escuela de Carlos Santana, que era otro asunto. Pero yo estaba casado, con mi mente libre, y con mis amigos, montamos entonces una estación de radio, y en esa etapa comenzó la vuelta, la vuelta de lo que fue verdaderamente mi incursión como radiodifusor, como director de ese proyecto de radio que se convirtió en el fenómeno de la FM 99, la “Cosota”. Ahí empezó toda esa nueva etapa en mi vida como radiodifusor.
RT: En Panamá, muchos de los mejores locutores, DJ y productores de radio se sienten muy complacidos cuando mencionamos a Roosevelt De Ycaza, y ellos mismos señalan que han pasado por tus manos, tu escuela y por tus capacidades filosóficas y técnicas. ¿Qué atributos buscabas en un joven talento, habilidades que no se veían en una hoja de vida tradicional?
RDY: Yo no había estado en una academia de comunicadores sociales, no tenía estudios sobre ese aspecto, más creo que aquí no se daban formalmente clases en universidades esos tiempos. En los años sesenta y setentas no recuerdo que hubiese estudios de radiodifusión en una facultad de comunicaciones de la Universidad de Panamá, pero sí encontraba en cada joven, incluso hombres y mujeres, porque me tocó implementar las primeras mujeres DJ, algo que me llamaba la atención apenas los conocía. Las mujeres, casi todas tienen bonita voz; y los chicos, pues, yo que pensaba que los todos los muchachos necesitan un chance. Yo les hacía algunas pruebas, les veía su pasión, su entusiasmo, cómo conectaban. Así como muchos en aquella época querían ser banqueros, policías, médicos, por cómo avanzaba la sociedad y las profesiones, muchos querían ser locutores, y todos pensaban incluso, que el asunto era tener una buena voz, y el que no tenía voz, la sacaba por el oído, por lo que sea, pero quería tener una voz. Con el tiempo nos dimos cuenta que eso era un tema que no era completamente cierto, porque no se trataba de voz, sino del estilo. Incluso, eso pasó también en el cine. En el cine había que tener rostro, pero con el tiempo se dieron cuenta que no, había que tener talento y estilo.
Cuando empezamos con el fenómeno de la FM 99, que por cierto le dio un giro a la radio como la conocíamos en aquellos días, de dimos ese giro porque programábamos música bossa, música de Estados Unidos, las corrientes pop, rock, country, disco, e inclusive lo nuestro, porque sí creíamos en lo nuestro, como no. Nosotros le dimos la vuelta al ritmo típico popular. Le enseñamos a los muchachos que ese orgullo y esa capacidad de sentir pasión, pero una pasión con conexión, con aquello de conocer verdaderamente eso que se escucha allá afuera y que tenemos a disposición para nuestra gente. O sea, la FM 99 tuvo que ser el reflejo de toda esa suma de corrientes culturales.
En aquellos días, el que tocaba típico no tocaba salsa, pues nosotros sí tocábamos la salsa, típico, el reggae, tocábamos el vallenato, tocábamos música “easy listen”, una balada en inglés y por ahí. Porque era lo que nos rodeaba. Eso no era muy fácil para algunos Dj’s porque cada uno tiene un fuerte de un género, pero con el tiempo, la composición del personal, cada uno en su especialidad, le daba esa potencia, ese blindaje, esa oferta que se constituyó en lo que fue la FM 99. Y el legado queda por ahí en alguna esquina de la cultura.
RT: Siempre se habla de las voces Roosevelt, pero detrás de una gran emisora siempre hay alguien que imagina cómo debe sonar. ¿Cómo nacían estas ideas que luego marcaron a emisoras como la que mencionas? ¿Qué planteamiento creativo había detrás de eso?
RDY: Había mucho material en la calle… Los mismos dichos como ¿Te diste cuenta?, eso lo decía todo el mundo, así como “…el concolón de los pelaos”. De hecho, el concolón existe para nosotros porque los pelaos se reunían para gozar sus culecos de carnaval en nuestra “esquina curva”. Nosotros estábamos en las carreras de autos, nadie se metía en eso, ni los organizadores de grandes carreras de esa época. Sí había que celebrar Halloween, vamos a hacer el mejor Halloween, y las filas de carros se movían desde la Universidad de Panamá hasta Albrook. Había que hacer eventos en las playas. Bueno, si no había luz, llevábamos plantas eléctricas, inventábamos toques de música con Wicho Phillips y Electro Disco en las playas. Así, llegábamos a los gringos y llegábamos a los “panas” en las playas. Veracruz era la playa que era la más frondosa, más forestal que ahora, por cierto. Sí había que hacer una quema de arbolitos. ¿Qué se hacía con los arbolitos después de pasar la navidad y venía el día de reyes magos? Nos íbamos para allá, para la playa. ¿Cómo se llama la playa? Kobe. Incluso, llevábamos a los bomberos y todos los estamentos de seguridad para que vigilaran. O sea, había cosas que hacer. Había eventos, teníamos que llegar a la gente. No era disparar música desde una cabina, era salir a la calle a patrullar. De ahí nació la Cosota, y se unían las discotecas con su “flow”. Había un encuentro cercano con la gente. Ese fue el toque que nadie le ponía la atención, todo lo que estaba desde el micrófono hacia la calle, hacia la avenida, hacia nuestra gente.
RT: Fuiste de los primeros radiodifusores en apostar por ritmos que todavía no sonaban en la radio panameña y muchos productores aquí en Panamá consultados se refieren a ese tema. ¿Tú escuchabas más a los estudios de audiencia tipo “focus groups” o las conversaciones en la calle con la gente?
RDY: Siempre detrás de una salsa había un merengue, detrás de un merengue había un haitiano, detrás de un haitiano había un reggae en español, o un vallenato, una bachata. Siempre estábamos al día con las tendencias musicales. Bueno, creo que todas las estaciones estaban esperando qué sonaba por nuestra cabina. Si era Seals & Croft, Earth, Wind & Fire o Kool & The Gang, hablo de esta música que era parte de nosotros, así como la de la película de Shaft, pero también estábamos observando que había música rock que venía de México, España o de Argentina. Sí, había música que se oía bien y que podía calar en el gusto nuestro, porque no había que forzar a la gente. En otros países existía la “payola” y la gente invertía mucho dinero en agarrar un disco que no se pegaba, pero como una buena mentirita repetida se pega, porque está financiada, se le estaba promoviendo en ese sistema, y como resultado se da, se da y se pegan los temas. En nuestro caso, nos dejábamos llevar sencillamente por ese olfato musical y lo que sentimos que a la gente le gustaba y eso pagaba fuerte en la radio, y como había tanta variedad de música, Rainer, tanta variedad de música, que la gente incluso nos seguía, la competencia nos seguía a ver cuál era el próximo evento o cuál era el próximo tema que pegábamos. Quizás a veces íbamos tan rápido que creo que el error pudo estar en que soltábamos muy rápido los hits que pegábamos. Y un hit se pega ahora, pero está re-pegado en 90 días o cuatro meses. A veces, no se pega fuerte así y se queda ahí, pero va creciendo y tiene un pico donde explota y muchas veces no se quedaban detrás para coger. Pero en forma general, los géneros musicales había tantos que llegaban y nosotros picábamos por delante con la salsa, el merengue, eran los tiempos de la Fania. Nosotros estuvimos allí, con Rubén Blades, con todos, en la esquina curva, y también teníamos ese contacto con ellos y también Nueva York que nos mandaban mucha música, tanta música buena y novedosa que llegaba por acá como un mes antes o más, así como posters e informaciones sobre películas.
Recuerdo el tema del filme Thanks God it’s Friday de 1978, que el director o gerente de operaciones de la compañía peliculera que estaba ahí como a tres cuadras de la Vía España, me dijo: oye, ¿ese poster de dónde lo sacaste? Digo, eso me lo trajo un amigo, desde Nueva York. Me respondió luego que esa película la traíamos a Panamá en 90 días. El poster ya estaba puesto en la puerta principal, en la esquina curva. ¿Te diste cuenta?
RT: Te diste cuenta. La Cosota. Nadie, la famosa “Esquina curva” de la 99, las promociones, las transmisiones en las avenidas. Todo eso forma parte del imaginario cultural en Panamá. ¿Cómo sientes que aportaste a construir esa identidad que la gente termina sintiendo como propia? Porque llegó un momento en que todos decíamos, ¿te diste cuenta?
RDY: Precisamente por eso, porque estás explotando algo tuyo, algo local, algo de tu pueblo, de tu gente. No era algo de afuera. La Cosota nace porque mi mamá de pequeño me decía “cosota”. Sí. Y yo le dije a mi gente: la cosota es una cosa grande. El pregón se pegó. También, había mucho mercadeo también de parte nuestra. Un ejemplo que recuerdo: las tarjetas de Navidad que eran de casi de 24 pulgadas. Imagínate, mandábamos una tarjeta de Navidad a las agencias de publicidad, a clientes gigantes, con un arte afuera que decía “la cosota” y un auto vans rumbo a la playa. Había mucha creatividad en nosotros.
Teníamos un equipo con grandes productores y diseñadores de caricaturas, artes y logos que se hacían de una vez. No había diseño digital en esa época, Entonces, toda esa creatividad de marca, eran muchas cosas desde el Mercadeo. Eran muchos pregones, que es un asunto que me quedó, Rainer, que muchas emisoras a lo largo de estos años y años no han pegado en un slogan, no han pegado en un pregón, así como lo hicimos nosotros.
Y nosotros teníamos así, la nota más alta, Rainer, pregones como: “Ningún chapistero repara una herida”, Nadie”. Había tantas cosas y había constancia. Éramos unas máquinas de hacer pregones. Y me imagino que eso lo teníamos inyectado en nuestra gente. Recuerdo que algunas empresas, a la hora de hacer sus planes y proyectos, y habló de empresas grandes, decían: “esto va a ser como una cosota”.
RT: Muchos hacían radio desde el estudio, desde la cabina de radio. Tú llevaste la radio a la calle, a las aceras, a los barrios. ¿Qué aprendiste de Panamá escuchando directamente a la gente?
RDY: Yo creo que para eso tendríamos que traer como ejemplo a Pedrito Altamiranda. Sí, el enorme Pedrito. Pedrito se trepaba en los buses para escuchar a la gente. Bueno, era un filólogo bien estudiado y muy curioso, con un apego por la gente, por cómo es la gente, qué piensa la gente. Cosas que no hacen muchos políticos. Y de ahí, él levantaba sus temas. ¿Por qué se identificaba? Como aquí nos ponen novelas, nos identificamos con el bueno, no como el malo, como las películas. Así que cuando sales a la calle, descubres un mundo de situaciones cotidianas, y esto lo utilizaban también las empresas, las empresas de la época, también para medir sus cuotas de mercado. O sea, ellos me pedían opinión, qué se podía hacer con la gente para venderle productos o servicios.
Recuerdo que, en una vuelta de esas, una empresa multinacional, primero me llamó un productor, o más bien el creativo de una agencia de publicidad por aquellos tiempos, y me preguntó: ¿qué era salsa? Entonces le expliqué qué era salsa. Él no sabía qué era salsa. Y desde esa empresa multinacional nos preguntaban, en una reunión sobre planes para hacer eventos y seguir nuestro alcance o nuestra actividad en las calles, desde los barrios populares, con la marca de la FM 99, me preguntaban siempre qué se me ocurría hacer porque ellos tenían planeado un recorrido en Estados Unidos con el género jazz. Pero al traerla para acá, para el caso de Panamá, qué se podía hacer. Y era muy fácil, Rainer. Había que poner el rock jazz, la salsa jazz, y todo esto hacia el Cool Jazz. Y por ahí nos fuimos.
Otro detalle que con el tiempo ellos mismos me contaron es que las autoridades, en esa época los militares en Panamá, estaban muy satisfechos, muy contentos con todo ese trabajo que hacíamos en las calles, porque entretenía. Entretenía en tiempos difíciles. Nosotros sumábamos entretenimiento a las carreras de carro, a los carnavales, a las calles, las fiestas de Halloween, toda esa serie de eventos que nosotros implementamos para aquel tiempo. O sea, que había una relación directa con la parte social de la gente.
Incluso, recuerdo que en alguna ocasión se me ocurrió hacer el club de socios. La palabra socio la usa mucha gente, pero uno de mis amigos judíos siempre andaba con eso de, oye socio, socio, socio. Y entonces hice un club de socios de la FM 99. Creo que pagaban como dos dólares por el carnet. Y yo, ahí siempre estábamos regalando cosas, regalábamos cosas bastante. Busco de regalos, temporada. Imagínense que regalamos una muca de ropa y electrodomésticos que nos daban las empresas, y eso del socio me trajo como más de 7.000 socios que pagaron su membresía. Ellos venían, se llevaban su carnet, le ponían su foto y participaban de manera exclusiva en nuestra tanda de regalos. Esa gente iba para todos lados. Los llevamos al río de Pacora. Para allá se iban los socios. Era algo muy consolidado aquí. Pero qué fácil, club de socios, claro. ¡Wow!
RT: Roosevelt, pasemos ahora a los fenómenos actuales y al mundo digital. Esta pregunta tiene mucho que ver con los estudiantes de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá, que se apoyan en la inteligencia artificial y en las métricas de las redes sociales. Tú construiste esta carrera precisamente con el día a día de las calles y de la gente, caminando. Lo digital era ciencia ficción. ¿Qué recomiendas a esta generación que navega con otras herramientas?
RDY: Escuchen a la gente, asóciense, busquen unirla. ¿Qué nunca debería perder un comunicador, por más tecnología que tenga a su alcance? La pasión. No importa que el medio esté digitalizado: el medio seguirá siendo un medio y se debe a su audiencia. Está el mercado, están los productos, están los políticos; vivimos en un mundo digitalizado. Nosotros comunicamos. Definitivamente, si tienes esa pasión, tendrás esa conexión con el mercado y podrás facilitar claramente el mensaje, los códigos y las herramientas para alcanzar objetivos, porque, a la hora de la hora, todo esto es un negocio. Puedes tener cálculos del comportamiento del mercado, el target, las edades, los niveles socioeconómicos; todo está escrito y se estudia. Nosotros nos asesorábamos bien para no estar tirando a lo loco. Era saber con cuál mercado te identificabas mayormente, cuál era tu fuerte, y de ahí dependían las compras y las pautas. Eso es importantísimo, incluso ahora.
Cualquier estudiante, cualquiera que esté aspirando a trabajar en medios de comunicación o en sus propios medios, con el tiempo sabrá qué buscan los seguidores, y te hablo desde sus propios nichos. Pero es importante manejar los pregones. De mí, generaciones de extraordinarios locutores y presentadores, se quedaron con estos pregones y aprendieron para ser cada vez mejores profesionales. Rainer, cualquiera toma nuestros pregones y los hace suyos. “Hola, ¿qué tal? Es un gustazo”. Eso les gusta y ellos mismos siguen heredando el flow de nosotros, que somos los abuelitos de la radio.
RT: En estos días de la comunicación digital, ¿harías algo distinto para construir en el futuro de la producción radial con tu experiencia y sabiduría desde la radio tradicional?
RDY: Todas esas herramientas digitales son definitivamente una gran fortaleza. ¿Qué se puede decir? No hay límites para trabajar en la actualidad. Imagínate: nosotros editando una cinta, cortando un pedazo de cinta para empatarlo con un tape, editando con las capacidades que tienen hoy día todas estas plataformas que te ofrecen valiosos auxilios o elementos, o como llaman ustedes, aplicaciones para modificar voces y sacar efectos. ¡Wow! Estoy hablando de audio, y una radio que ya también está en video, con cabinas que transmiten audiovisuales en vivo. Incluso, los diarios locales también tienen sus transmisiones en streaming y tal. Pero te imaginas, con toda esa cantidad de elementos, poder manejar una producción con esa caja de herramientas que tenemos los que hemos recorrido cancha durante décadas.
Yo siempre estuve pegado a eso, a la tecnología, Rainer, midiendo y aprovechando cada elemento tecnológico avanzado para producir. Si nos vamos al concepto mismo de producción… No sé, los creativos de hoy día, porque los veo —tengo ya sobrinos destacados en el mundo de la publicidad—, por donde siguen, pero, como dices, al tener una data y una experiencia mucho más amplia, podemos hacer más sobre lo que está pasando. En el fondo, de pronto la moda vuelve, los ritmos vuelven. Creo que hay íconos que dejaron huellas en la música, en el rock, en la música soul, grandes personajes, tantos géneros musicales que hemos visto y experimentado. Pero ¿puedes combinar todo eso, mezclarlo? Claro que sí. Se ha fusionado la salsa, el merengue, el vallenato, la bachata. Y ahora los mismos artistas ya no se presentan solos, no jalan público solos; se meten dos o tres para hacer un gran espectáculo, porque allí, combinados, cada uno muestra su fortaleza para el público. Me quedo corto al expresarte la facilidad que brinda la tecnología hoy día. Y no es que no haya imaginación o creatividad para decir: “¿Qué tal si damos un poco de retro a esto para crear una campaña publicitaria que pegue con nuevas tendencias?”. Creo que aún hay cosas por ahí que no se están aprovechando. Yo creo que ahí damos en el clavo y ahí está la clave.
RT: Roosevelt, el asunto radica en las capacidades e ideas que aportan desde otras generaciones con más millas recorridas y entender que el pasado funciona perfectamente para ayudar a construir mejor futuro desde la creatividad.
RDY: El mundo está dando vueltas, siempre lo hará. Él va y vuelve, la ola vuelve. Los carnavales vuelven; nada más hay que ver cómo hacemos para que valgan y se valoren. Creatividad y mucha pasión.
RT: Si desde la Universidad de Panamá te invitáramos a resumir en una sola lección todo lo que aprendiste y compartiste durante estas décadas haciendo radio, ¿cuál sería ese mensaje para las nuevas generaciones de comunicadores?
RDY: Yo creo que la lección de vida viene con la pasión, esa palabra que suena así, como trillada. Pero ¿qué es pasión? La pasión es conexión, es conectar. Si tú sientes pasión, tú conectas. Ahora, hay un asunto de lo que hablábamos en esta entrevista sobre la capacidad de producir desde cualquier empresa que tenga que ver con medios de comunicación o no. Allí debe sobrar la creatividad, no debe escasear. Miren los programas que se repiten: no funcionan a lo largo del tiempo. Hay producciones nuevas y eso cuesta, pero el asunto es ¿quiénes son las mentes que están creando cosas? Miren que, en esto de la pasión, que es conexión, es sencillo. Tú sientes, tú conectas. Hay algo importante: ¿por qué a veces no logras crear cosas buenas o nuevas? Puedes crear cosas porque puedes tener pasión, pero a veces no puedes conectar. Y es que para crear algo, Rainer, un concepto, un pregón, una campaña, necesitas pasión por lo que haces. ¿Te imaginas que tú tuvieras una pasión enorme por los motores de automóviles, pero que no conectaras porque no tienes suficiente conocimiento de lo que son los inyectores o los sistemas híbridos? No podrías alcanzar ese tope de hacer algo creativo, innovador, nuevo, porque no hay data. En otras palabras, si me hablas de periodismo, que usted es una persona muy conocida en el medio, hay una gran cantidad de periodistas que, como usted sabe, tienen que estar pegados al conocimiento, al “knowledge”, porque si no tienes conocimiento, no tienes cultura. Pero ¿cómo vas a desarrollar una gran pieza periodística sin pasión? Ahí está el detalle, ¿te diste cuenta?
RT: La Universidad de Panamá entrega títulos a quienes culminan una carrera, pero también reconoce el valor de quienes convierten su oficio en una verdadera escuela de vida y dejan huellas que trascienden generaciones. Roosevelt De Ycaza, tu trayectoria ha dejado una profunda marca en las voces que formaste en las emisoras, en las ideas que ayudaste a convertir en proyectos y en los miles de oyentes que, a lo largo de las décadas, han vivido y sentido la radio a través de tu talento como productor, muchas veces sin conocer tu nombre, pero disfrutando del resultado de tu trabajo. Gracias por compartir con la comunidad universitaria tu experiencia, tu pasión y ese espíritu de constante emprendimiento radial. Gracias también por recordarnos que el conocimiento no solo se transmite desde las aulas: también se construye y se comparte desde la pasión, la creatividad, el oficio y el compromiso con la gente.
RDY: Rainer. Gracias a ti por invitarme. Es un gustazo… ¿Te diste cuenta?
Texto: Rainer Tuñón C. / Foto: Ilustrativa (generada por IA)






Deja un comentario