El primer número de la revista Universidad de Panamá salió en abril del 1936. Es como oro en polvo. Es importante estudiar la historia de nuestras revistas, la cual nació como órgano oficial de la Universidad Nacional de Panamá. Según su rector, Octavio Méndez Pereira, este órgano informativo buscaba recoger la actividad universitaria, fomentar el intercambio intelectual, especialmente con instituciones americanas y servir de tribuna al pensamiento panameño. Su vocación era también continental, desde Panamá, ubicado en el “Centro del Continente, donde Bolívar vislumbró un día la capital del mundo” (véase número 1 de la revista Universidad de Panamá), la revista aspiraba a convertirse en un centro de recepción y difusión de las ideas y corrientes intelectuales de América.

Las autoridades y el cuerpo docente registrados según los créditos en la revista permiten apreciar el carácter internacional con que inició la Universidad. Octavio Méndez Pereira figuraba como rector, vinculado por sus estudios a la Universidad de Chile, mientras que José Dolores Moscote aparecía como decano de la Facultad de Leyes. Entre los profesores se encontraban Paul Honigsheim, de la Universidad de Heidelberg, encargado de Civilización y Filosofía; Richard Behrendt, de la Universidad de Basilea, profesor de Economía Política y Sociología; Hans Julius Wolff, de la Universidad de Berlín, profesor de Derecho Civil y Romano, además de docentes procedentes o vinculados a universidades como la de París, California, Yale y Columbia, así como al Instituto Tecnológico de Massachusetts. Esta composición muestra que, desde sus primeros años, la Universidad buscó conformar un cuerpo académico cosmopolita con una marcada formación y proyección internacional.

Sobre la concepción de la Universidad, los textos del presidente honorario de la Universidad de Harvard y del presidente de la Universidad de Chicago, reproducidos en el primer número de la revista (de abril de 1935), ayudan a comprender la concepción de Universidad que circulaba en el momento de la fundación de la Universidad Nacional de Panamá. El primero coloca en el centro la libertad académica, el conocimiento solo puede avanzar mediante una investigación sin trabas, con profesores libres para enseñar, publicar y expresar los resultados de sus investigaciones. El segundo profundiza esta perspectiva al definir la Universidad como una “comunidad de eruditos” que no debe convertirse en partido político, escuela correccional, ni agencia de propaganda. Su misión consiste en buscar y comunicar la “verdad”, para lo cual resultan indispensables la libertad de investigación, la libertad de discusión y la libertad de enseñanza. La publicación de ambos textos no parece fortuita, expresa el interés de la naciente Universidad panameña por discutir qué debía ser una institución universitaria moderna y cuál debía ser el lugar del conocimiento, la investigación y la libertad intelectual en ella. Esta influencia del debate universitario estadounidense debe entenderse, sin embargo, dentro de la concepción panamericanista de su primer rector, Octavio Méndez Pereira. Como señalaba en el editorial de la revista, Panamá ocupaba el “Centro del Continente” y la Universidad debía recibir y difundir las distintas corrientes intelectuales americanas.

Uno de los grandes aportes registrados en esta primera revista fue la propuesta de creación del extinto Centro de Investigaciones Sociales, Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de Panamá, formulada por los profesores Richard Behrendt, Werner Bohnstedt y Paul Honigsheim (véase número 3 de la revista Universidad de Panamá). El Centro fue concebido para organizar la investigación científica y ponerla al servicio de los problemas concretos del país, entre ellos el servicio civil y el desarrollo de la agricultura. También debía formar estudiantes mediante investigaciones y seminarios prácticos, reunir publicaciones y datos sobre las condiciones sociales y económicas de Panamá y establecer vínculos con instituciones extranjeras, particularmente americanas. Resulta significativo que desde los primeros años de la Universidad se planteara un centro dedicado “única y exclusivamente a los intereses de la pura investigación”, mostrando que la investigación fue concebida desde el inicio como una de las funciones fundamentales de la institución.

Este centro se siguió desarrollando, en el número 7 de la revista, publicado en 1937, se prosigue con la explicación de las funciones del Centro, lo que permite observar que aquella propuesta inicial había adquirido una organización y un programa de trabajo definidos. El Centro se ocupaba principalmente de realizar investigaciones científicas relacionadas con los problemas prácticos de Panamá y de otros países latinoamericanos, así como de fortalecer la enseñanza de las ciencias sociales y económicas en la Universidad Nacional. Entre sus tareas estaba reunir, elaborar y publicar datos sobre las condiciones sociales y económicas del Istmo y de los países vecinos, apoyar con información a instituciones y autoridades, fomentar la formación investigativa de los estudiantes mediante seminarios y trabajos dirigidos, facilitar investigaciones en lenguas extranjeras, realizar traducciones y publicaciones y, ofrecer oportunidades de especialización a graduados de otras universidades. También se proponía estudiar asuntos concretos como la producción agrícola, las formas sociales y el “standard” de vida rural, el aprovechamiento de estadísticas agrícolas, las relaciones económicas entre Panamá y otros países latinoamericanos y la vida y el desarrollo social de los indígenas panameños. Su programa incluía, además, investigaciones históricas sobre la estructura social, las formas de la vida económica, las relaciones con otros pueblos americanos y el desarrollo político e institucional del Istmo. De particular importancia era su propósito de estrechar la cooperación con instituciones semejantes del continente mediante el intercambio de información, resultados y estudiantes. El documento señala incluso que el Centro funcionaba, a la vez, como Centro Panameño del Instituto Americano Interuniversitario de Investigaciones, establecido el 24 de mayo de 1936.

Otro aspecto importante de la proyección internacional de la naciente Universidad fue su vinculación con la Sociedad Internacional “Philosophia” (véase el número 3 de la revista Universidad de Panamá, pp. 48-52), iniciativa encabezada por el filósofo alemán Arturo Liebert, antiguo profesor de la Universidad de Berlín y entonces radicado en Belgrado. La sociedad buscaba establecer una comunidad filosófica internacional dedicada al intercambio de ideas, investigaciones y publicaciones mediante su revista, conferencias y vínculos entre grupos nacionales y centros culturales. Su composición muestra la amplitud de esta red intelectual, con representantes de Alemania, Austria, Bélgica, Bolivia, Bulgaria, Checoslovaquia, Dinamarca, Egipto, España, Estados Unidos, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, India, Inglaterra, Japón, Yugoslavia, Letonia, Lituania, Noruega, Polonia, Rumania, Suecia, Suiza, Turquía, Panamá y Palestina, con representación de profesores de la Universidad de Jerusalén, como Hugo Bergmann, Julius Guttmann y Jakob Klatzkin, entre otros. En sus listas aparecen importantes figuras del pensamiento internacional, entre ellas Moritz Schlick, Paul Tillich y Hans Reichenbach. Panamá tenía una presencia destacada dentro de esta red intelectual, sus representantes eran Octavio Méndez Pereira, rector de la Universidad Nacional y Paul Honigsheim, profesor de Filosofía de la institución. Este dato permite dimensionar la temprana inserción de la Universidad Nacional de Panamá en redes internacionales.

Texto: Abdiel Rodríguez Reyes / Foto: Ilustrativa (generada por IA)

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