El envejecimiento de la población plantea nuevos desafíos para Panamá y, particularmente, para las mujeres. Este fue uno de los temas centrales de la IX Conferencia Anual sobre Derechos Humanos de las Mujeres Mayores Panamá 2026, organizado por el Instituto de la Mujer de la Universidad de Panamá (IMUP), espacio que cada año propicia el análisis y debate sobre los derechos, necesidades y oportunidades de las mujeres en la etapa adulta mayor.

Durante la jornada se desarrolló un panel dedicado a la situación de las mujeres adultas mayores en Panamá, con la participación de organizaciones como el Comité de Latinoamérica y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer, CLADEM y otras entidades nacionales e internacionales.

Para la directora del Instituto de la Mujer, Aracellys De León, abordar esta realidad resulta cada vez más urgente ante el acelerado envejecimiento de la población. Explicó que las personas viven cada vez más años y que las mujeres, en promedio, tienen una expectativa de vida superior a la de los hombres.

De León advirtió que Panamá debe prepararse para una transformación demográfica que tendrá importantes repercusiones sociales. Entre las proyecciones planteadas durante el foro destaca que para 2030 el país podría contar con una población adulta mayor superior a la de niños y niñas.

“Cada vez la tendencia es que habrá más población mayor que niñas y niños”, señaló, al tiempo que destacó que este escenario obliga a repensar las políticas públicas relacionadas con el envejecimiento, los cuidados y la calidad de vida.

El cuidado, una responsabilidad que debe ser compartida

Uno de los planteamientos centrales de la directora del IMUP es la necesidad de transformar la forma en que la sociedad distribuye las responsabilidades de crianza y cuidado.   La académica sostuvo que, aunque los avances de la ciencia, la tecnología, las vacunas y otros factores han permitido prolongar la esperanza de vida, persiste una desigual distribución de las tareas de cuidado que afecta principalmente a las mujeres.

Desde su perspectiva, las mujeres continúan asumiendo gran parte de las responsabilidades relacionadas con la crianza, educación, salud y atención de los hijos y otros integrantes de la familia, aun cuando participan activamente en el mercado laboral y desarrollan carreras profesionales.

Ante esta realidad, consideró necesario avanzar hacia un modelo de corresponsabilidad, en el que participen el Estado, la academia, el sector privado, los gobiernos locales y las propias comunidades.

El debate sobre los cuidados también se relaciona con las transformaciones demográficas. De León señaló que cada vez más mujeres jóvenes deciden postergar o renunciar a la maternidad, entre otras razones, por las dificultades que implica conciliar la vida profesional, personal y familiar.

“Mientras no se libere a las mujeres de la responsabilidad de la crianza, del cuidado de la primera infancia, las mujeres ahora cargan con la responsabilidad total”, planteó.

Participación política: la edad también importa

Otro de los ejes de la conferencia fue la participación política de las mujeres desde una perspectiva intergeneracional, tema desarrollado por Roxana Muñoz, quien propuso mirar más allá de las cifras de representación femenina.

Muñoz señaló que, cuando se habla de participación política, generalmente se pregunta cuántas mujeres ocupan cargos públicos o forman parte de los espacios de decisión. Sin embargo, consideró necesario incorporar una pregunta adicional: ¿a qué edad llegan las mujeres a esas posiciones y qué tuvo que ocurrir para que pudieran llegar?

Esta mirada permite identificar obstáculos que muchas veces permanecen invisibles, como las responsabilidades de cuidado, las barreras económicas, el sexismo y el edadismo.

Durante su exposición destacó que, pese a que las mujeres representan 50.3 % del padrón electoral, su presencia en determinados espacios de representación política continúa siendo baja.

Muñoz explicó que la trayectoria política de muchas mujeres comienza mucho antes de ocupar un cargo de elección popular. El activismo comunitario, la participación en organizaciones, iglesias y movimientos sociales constituyen también formas de participación política que contribuyen a construir liderazgo y redes.

Ni relevo ni sustitución: participación entre generaciones

Uno de los conceptos destacados durante la exposición fue la necesidad de comprender la participación intergeneracional no como un proceso de sustitución, en el que las mujeres jóvenes deben desplazar a las mayores, sino como una oportunidad para compartir experiencias, conocimientos y liderazgo.

“Los avances no pertenecen a una sola generación, sino que se van acumulando”, sostuvo Muñoz.

Desde esta perspectiva, la experiencia de las mujeres mayores constituye un patrimonio social y político que debe ser preservado y transmitido a las nuevas generaciones. Al mismo tiempo, las jóvenes aportan nuevas preguntas, metodologías y formas de participación que pueden enriquecer los procesos existentes.

La expositora también llamó la atención sobre la necesidad de construir una memoria política de las mujeres, que permita conocer las luchas, conquistas y procesos que hicieron posible los derechos alcanzados.

Cuidados, recursos y edadismo: barreras que persisten

Muñoz identificó entre los principales obstáculos para la participación política femenina la falta de tiempo, la sobrecarga doméstica y familiar, las responsabilidades de cuidado y las limitaciones económicas.

“Para llegar a la política se necesita dinero”, afirmó, al señalar que las mujeres enfrentan mayores dificultades para acceder a recursos y financiamiento político.

A estas barreras se suma el edadismo, que puede provocar que la experiencia y madurez sean valoradas de manera diferente según se trate de hombres o mujeres.

La conferencista también destacó la importancia del autocuidado para las mujeres que participan en procesos sociales y políticos, pues la sobrecarga de responsabilidades puede afectar su bienestar y limitar la continuidad de sus liderazgos.

Construir una sociedad que valore todas las edades

La IX Conferencia Anual puso sobre la mesa la necesidad de abordar el envejecimiento femenino desde una perspectiva de derechos humanos, participación y equidad.

Más que considerar a las mujeres mayores únicamente como una población que requiere atención, las exposiciones destacaron su papel como portadoras de experiencia, conocimiento, memoria y liderazgo.

Entre los desafíos planteados se encuentra mejorar los datos sobre participación política incorporando variables como sexo y edad; reconocer el activismo comunitario como experiencia política; redistribuir las tareas de cuidado; crear espacios de mentoría entre generaciones y combatir el sexismo y el edadismo en partidos políticos, instituciones y organizaciones.

La conferencia reafirmó así la importancia de construir espacios donde mujeres jóvenes, adultas y mayores puedan compartir decisiones y liderazgo, entendiendo que la democracia se fortalece cuando la experiencia no se pierde y las nuevas generaciones no tienen que esperar para participar.

El encuentro del Instituto de la Mujer de la Universidad de Panamá se convirtió, de esta manera, en un espacio para mirar el envejecimiento femenino no solo como un desafío demográfico, sino como una oportunidad para replantear las relaciones de género, los sistemas de cuidado y la participación de las mujeres en la vida pública del país.

Por: Irina Chan Castillo .

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