Al transitar por la vía Transístmica, antes de llegar al campus Octavio Méndez Pereira, un letrero indica el camino hacia la Universidad Nacional. Para quien no conozca la historia, podría parecer que se trata de otra institución distinta a la Universidad de Panamá. Sin embargo, ese letrero conserva, aunque probablemente sin proponérselo, una memoria histórica importante: la institución que hoy conocemos como Universidad de Panamá nació oficialmente con el nombre de Universidad Nacional de Panamá.
El Decreto N.° 29 del 29 de mayo de 1935, publicado en la Gaceta Oficial N.° 7066 del 30 de mayo de 1935, creó la Universidad Nacional de Panamá, nombre con el que abrió sus puertas meses después. Resulta interesante regresar a ese documento para descubrir algunas curiosidades. Es hasta 1946, con la Ley 48, publicada en la Gaceta Oficial N.° 10112, bajo el título «De Autonomía Universitaria», que se cambia al nombre que tiene la Universidad hoy. El artículo 1 señala: «La Universidad oficial, que se denominará Universidad de Panamá…».
Volviendo a la Universidad Nacional de Panamá, una de las primeras curiosidades es la oferta académica. La Universidad no nació con las numerosas facultades que conocemos hoy, sino organizada alrededor de un Colegio Central de Artes y Ciencias. Entre las carreras figuraban Filosofía y Letras, Ciencias Políticas y Economía, Leyes, Comercio y Farmacia. También existían cursos preparatorios para Medicina e Ingeniería, un programa para formar agrimensores geodestas y otro destinado al perfeccionamiento de maestros de educación primaria. Desde el principio se buscó formar profesionales para responder a las principales necesidades del país.
Sin embargo, quizá una de las mayores curiosidades del decreto es que en él conviven dos concepciones de la formación universitaria. La primera aparece en el literal a) del artículo primero, donde se define la licenciatura en Filosofía y Letras como un curso de cuatro años «de carácter eminentemente cultural». La Universidad fue concebida, por tanto, como un espacio para la formación cultural e intelectual de los ciudadanos, donde las humanidades ocupaban un lugar privilegiado. La segunda concepción aparece en el literal b), al señalar que el curso de Ciencias Políticas y Economía era «conveniente para los que aspiran a las altas funciones administrativas del Estado». Aquí la educación superior adquiere una finalidad práctica, preparar a quienes dirigirían las instituciones públicas y contribuirían al fortalecimiento del Estado panameño. Ambas ideas coexistían desde el nacimiento de la Universidad y definían una doble misión, cultivar el pensamiento y formar profesionales al servicio de la nación.
Otra curiosidad son los requisitos de ingreso. Los aspirantes debían demostrar conocimientos de Castellano, Inglés, Álgebra, Geometría, Trigonometría, Física, Química, Historia General, Botánica, Zoología, Biología y Cívica, además de Francés o Latín. La lista revela el ideal educativo de la época, una formación amplia, rigurosa e integral antes de ingresar a los estudios universitarios.
También resulta interesante conocer cómo se elegían los decanos. El decreto establecía que las facultades estarían integradas por los profesores de cada curso y que cada una sería presidida por un decano elegido mediante votación de los propios profesores. Junto a los decanos funcionaba un Consejo Universitario Consultivo, integrado por el Secretario de Instrucción Pública, el Rector y los decanos. Su tarea consistía en proponer reformas, impulsar el desarrollo de la Universidad y recomendar la contratación de profesores. Aunque era una estructura mucho más sencilla que la actual, evidencia que desde 1935 se comprendía la necesidad de una dirección colegiada para orientar el crecimiento institucional. Otra curiosidad tiene que ver con el costo de estudiar. La matrícula era de cinco balboas por semestre, suma destinada exclusivamente al mantenimiento de la biblioteca y de los laboratorios.
Todos los cursos debían impartirse en horario diurno y el decreto señalaba que no serían admitidos estudiantes cuyas ocupaciones les impidieran seguir regularmente las clases. Hoy, cuando miles de universitarios trabajan y estudian simultáneamente, esto sería inaplicable, como en otrora lo fue.
El decreto establecía que el Rector del Instituto Nacional sería también Rector de la Universidad Nacional. La medida respondía a una realidad práctica, pues ambas instituciones compartían recursos e instalaciones mientras el nuevo proyecto universitario daba sus primeros pasos. El decreto dispuso que la Universidad iniciaría labores el 30 de septiembre de 1935. En apenas cuatro meses debía organizarse el profesorado, establecerse la administración y preparar las condiciones para recibir a los primeros estudiantes. Aquel modesto comienzo dio origen a la institución pública de educación superior más importante del país, la cual hoy tiene el desafío de estar a la altura de los tiempos históricos.
El viejo letrero con el error de la vía Transístmica tiene un valor que va mucho más allá de una simple señal de tránsito. Nos recuerda el nombre original de la Universidad y nos invita a mirar su historia con mayor atención.
Texto: Abdiel Rodríguez Reyes (Doctor en Filosofía)
Foto: Ilustrativa generada con IA






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