Conocer lo que ocurre bajo la superficie del mar es, para el biólogo marino Ángel Javier Vega, una condición indispensable para garantizar que los recursos pesqueros de Panamá puedan ser aprovechados de manera sostenible. Desde el Centro de Capacitación, Investigación y Monitoreo de la Biodiversidad en el Parque Nacional Coiba (CCIMBIO), del Centro Regional Universitario de Veraguas de la Universidad de Panamá, su trayectoria científica se ha concentrado en comprender la biodiversidad marina y dulceacuícola, la dinámica de las especies de interés pesquero y los efectos de las actividades humanas y de los fenómenos oceanográficos sobre los ecosistemas.
Vega es licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de La Habana y posee una Maestría en Ciencias, con especialización en Biología Acuática, de la Universidad de Costa Rica. Ingresó a la Universidad de Panamá en 1987, en el CRU de Veraguas, donde actualmente se desempeña como profesor titular de Biología Marina y Limnología, con dedicación exclusiva a la investigación, aprobada por el Consejo Académico.
Su acercamiento a la investigación marina comenzó durante su formación universitaria. Desde entonces, explica, su interés se orientó hacia la biodiversidad marina y dulceacuícola, así como a la búsqueda de alternativas para el uso sostenible de los recursos.
Una trayectoria construida desde Veraguas
A lo largo de su carrera, Vega ha participado en investigaciones que abarcan especies comerciales, ecosistemas marinos y costeros, pesquerías, conservación y procesos reproductivos de peces. Señala que cuenta con poco más de 50 publicaciones entre artículos científicos arbitrados y libros.
Entre sus trabajos recientes figuran investigaciones sobre la estructura de los manglares del área occidental del Golfo de Montijo, la estructura genética de la piangua (Anadara tuberculosa), las agregaciones reproductivas de peces en el Golfo de Chiriquí, el crecimiento del mero gigante del Pacífico, el estado de tiburones, rayas y quimeras de Panamá y la incidencia de elasmobranquios en la pesca artesanal de los golfos de Chiriquí y Montijo.
Esta diversidad de investigaciones comparte un elemento común: producir información científica que pueda convertirse en una herramienta para comprender, administrar y conservar los recursos naturales.
El descubrimiento que marcó su trayectoria
Entre sus principales contribuciones destaca el estudio de las Agregaciones de Desove de Peces, un fenómeno mediante el cual cientos de individuos se congregan en lugares y momentos determinados para reproducirse.
Vega considera particularmente relevante el descubrimiento y monitoreo de estas agregaciones en el Parque Nacional Coiba, donde se documentaron por primera vez estos eventos para el pargo seda (Lutjanus peru) en el Pacífico Oriental Tropical. Se trata de una especie de importancia pesquera y comercializada principalmente en mercados de exportación.
La importancia de esta investigación trasciende el conocimiento biológico. La información obtenida permitió demostrar científicamente la ocurrencia de estos procesos reproductivos en Coiba y respaldar medidas de manejo. Actualmente, estas agregaciones están protegidas mediante una veda entre enero y abril de cada año, basada en datos científicos sobre el periodo reproductivo de los peces.
Es un ejemplo de cómo una investigación desarrollada desde la academia puede convertirse en una herramienta concreta para la conservación y el manejo de los recursos pesqueros.
De los datos científicos a las decisiones de conservación
Para Vega, la investigación marina adquiere verdadero sentido cuando sus resultados pueden ser utilizados por quienes toman decisiones y por las comunidades que dependen de los recursos naturales.
Desde el CCIMBIO, su equipo ha generado información sobre la biología de especies de interés pesquero, su relación con parámetros oceanográficos y el impacto de la actividad pesquera sobre las especies y los ecosistemas. Parte de estos resultados ha sido incorporada a la toma de decisiones para el manejo de áreas marinas protegidas, entre ellas el Parque Nacional Coiba, la Zona Especial de Protección Marina de Banco Hannibal y Montuosa y el Golfo de Montijo.
La investigación permite establecer indicadores pesqueros y puntos de referencia que sirven para dar seguimiento a las pesquerías y evaluar cómo las actividades humanas afectan a las especies y los ecosistemas asociados. Estos datos ayudan a determinar medidas orientadas a garantizar la sostenibilidad ambiental y socioeconómica de la pesca.
Entre las decisiones que pueden sustentarse con esta evidencia están las tallas mínimas de captura, el cierre de determinadas zonas a actividades extractivas, las vedas y la regulación de actividades y cantidad de visitantes en áreas protegidas.
Una ciencia que llega a las comunidades
El impacto de esta investigación también se refleja en las comunidades costeras. Vega menciona como ejemplos las medidas adoptadas en Coiba y el Golfo de Montijo.
En este último caso, los pescadores han podido observar los efectos de las medidas de manejo y, según el investigador, han solicitado incluso que se sustente científicamente la veda de langosta en el sector sur de Veraguas, al considerar que la medida ha contribuido a mejorar el rendimiento de la actividad pesquera.
Para Vega, la sostenibilidad pesquera requiere precisamente ese vínculo entre ciencia, autoridades y comunidades: conocer el comportamiento de las especies, establecer indicadores y utilizar esa información para tomar decisiones antes de que los recursos sean afectados.
Ciencia frente al cambio climático
La investigación desarrollada por Vega también se relaciona con uno de los grandes desafíos científicos actuales: el cambio climático y los fenómenos oceanográficos.
El investigador explica que eventos como El Niño pueden producir efectos en cascada sobre los ecosistemas marinos y terrestres. Por ello, su grupo ha generado información para analizar cómo estos fenómenos modifican la distribución y abundancia de especies comerciales y cómo pueden afectar procesos fundamentales como las agregaciones reproductivas de peces.
Actualmente, el equipo mantiene el monitoreo de las agregaciones reproductivas, estudia la conectividad entre ecosistemas y el uso de estos ambientes por especies que forman agregaciones de desove. También realiza seguimiento de arrecifes de coral para cuantificar los daños y procesos de recuperación durante periodos asociados a fenómenos como El Niño.
El reto de conocer un océano que todavía tiene muchas preguntas
A pesar de los avances, Vega advierte que Panamá todavía tiene importantes vacíos de conocimiento sobre sus ecosistemas marinos. Considera necesario fortalecer la investigación tanto en el Caribe como en el Pacífico, incluyendo ambientes someros y profundos.
También plantea como una prioridad desarrollar estudios poblacionales de las principales especies comerciales y establecer puntos de referencia para las pesquerías nacionales. A su juicio, los intereses económicos no pueden colocarse por encima de la conservación y el uso racional de los recursos.
Además de los ecosistemas emblemáticos —como manglares, arrecifes, comunidades coralinas y pastos marinos— señala la necesidad de investigar ambientes menos estudiados, entre ellos arrecifes rocosos, montañas y montículos submarinos y planicies fango-arenosas.
Fortalecer el CCIMBIO, una apuesta por la ciencia desde el interior
Uno de los principales proyectos en los que participa actualmente Vega es el fortalecimiento del CCIMBIO. La meta es mejorar las capacidades humanas, las instalaciones y el equipamiento, además de ampliar la vinculación nacional e internacional para convertir al centro en una institución de excelencia con reconocimiento nacional e internacional.
Esta apuesta tiene también una dimensión estratégica: demostrar que la investigación científica de alto impacto puede desarrollarse desde las provincias y contribuir a resolver problemas nacionales.
Vega reconoce que existen diferencias entre investigar desde la capital y hacerlo desde el interior del país. Mientras en la ciudad existe mayor visibilidad y acceso a oportunidades, desde las provincias muchas veces es necesario alzar la voz para ser escuchados. Por ello considera fundamentales las redes de colaboración científica, que permiten compartir conocimientos, optimizar recursos y facilitar la publicación internacional de los resultados.
La colaboración internacional como motor científico
Para el investigador, las alianzas internacionales son una herramienta fundamental para elevar las capacidades científicas del país. Permiten optimizar recursos, reducir costos, intercambiar talento y facilitar la transferencia tecnológica.
También posibilitan que científicos panameños participen en proyectos de vanguardia sin tener que abandonar el país, contribuyendo a reducir la fuga de cerebros y fortaleciendo la calidad de la investigación nacional. Al mismo tiempo, estas colaboraciones permiten abordar problemas globales, como el cambio climático, que requieren respuestas que trasciendan las fronteras.
Investigar como una forma de vida
Después de décadas dedicadas a la ciencia, Vega define la investigación como un estilo de vida. Su trayectoria comenzó apoyando a estudiantes de tesis y trabajando desde los laboratorios de docencia, hasta avanzar hacia la investigación individual, la conformación de un grupo científico y el desarrollo de un centro de investigación.
Para sostener ese camino, afirma, no basta la voluntad: se necesitan fondos para equipamiento, giras y proyectos, además de construir una trayectoria y establecer objetivos claros.
También considera que la formación científica debe comenzar desde las aulas universitarias, con docentes capaces de inspirar y motivar a las nuevas generaciones. Curiosidad, capacidad analítica, disciplina, rigor, ética, responsabilidad y habilidad para comunicar los resultados son, en su opinión, algunas de las características fundamentales de quienes desean dedicarse a la investigación.
Su mensaje para los jóvenes investigadores resume su propia visión de la ciencia: no esperar a ser un científico consagrado para comenzar a transformar la realidad. Cuestionar, investigar, salir al campo, entrar al laboratorio y generar conocimiento son acciones que, para Vega, pueden comenzar desde las primeras etapas de la formación científica.
Así, desde el CCIMBIO y desde el CRU de Veraguas, la trayectoria de Ángel Vega representa una apuesta por una investigación marina que no se limita a describir especies y ecosistemas, sino que busca convertir el conocimiento en decisiones, políticas y prácticas que permitan a Panamá conservar sus recursos naturales mientras asegura su aprovechamiento sostenible.
Por: Irina Chan Castillo / Foto: Generada con IA






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