Gracias por cargarme en tu vientre,

Gracias por darme la oportunidad de nacer,

Gracias por darme la oportunidad de vivir,

Gracias por darme tu amor incondicional,

Gracias por permitirme existir,

Gracias por ayudarme a crecer.

Gracias por ser mi guardián permanente,

Mi maestra,

Mi enfermera,

Mi Amiga,

Mi Confidente,

Mi Consejera.

Y aunque nuestras vidas en este mundo sean pasajeras,

Llevaré siempre en mi corazón,

Todo aquello que contigo aprendí.

En tus brazos y a tu lado,

Los caminos para mí, no han de tener final;

Pues tus besos, tus caricias, tus consejos y tus abrazos,

Serán el refugio, el templo y mi fortaleza protectora,

De toda envidia, codicia o intento de hacerme un mal,

En ese trillado camino que el destino me ha otorgado.

Gracias Madre querida,

Gracias Madre adorada,

Que en mi crecer y aprender,

Siempre serás mí preferida,

Siempre serás la mujer que me dio fuerzas,

Desde aquel hermoso momento que me diste la vida.

Toda tú alegría,

Toda tú entrega sin condición,

Toda tú lucha incansable por mí,

Toda tú paciencia incalculable,

Toda tú ternura infinita,

Es y será por siempre mi mejor tesoro.

Gracias Madre querida,

Porque todo aquello que me has entregado en vida,

Traspasará por siempre,

Las fronteras del infinito;

Y en mis recuerdos permanentes,

Estarás siempre tú,

Madre amiga,

Madre mía.

Por. Félix E. Villarreal V.